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sobre Polícar
Pequeño pueblo en la falda de Sierra Nevada; conocido por sus vinos y vistas panorámicas de la Hoya de Guadix
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A primera hora, cuando el sol empieza a tocar las laderas que rodean el pueblo, Polícar todavía está medio en silencio. El aire suele bajar fresco desde las cumbres de Sierra Nevada y huele a tierra seca y a leña vieja. Desde la carretera que sube entre curvas, el pueblo aparece de golpe: casas encaladas, tejados rojizos y el terreno ondulado de la sierra extendiéndose alrededor. Polícar, en la comarca de Guadix, apenas supera los doscientos habitantes y tiene ese ritmo lento de los lugares donde el día se mide más por la luz que por el reloj.
El alma del pueblo: calles y formas sencillas
El núcleo se recoge alrededor de la iglesia de San Sebastián. No es un edificio grande, pero marca el centro del pueblo, con su piedra algo oscurecida y una plaza pequeña donde a veces se oye conversación a media tarde.
Las calles suben y bajan con pendiente, estrechas, pensadas más para el paso de personas que de coches. Caminar por ellas obliga a ir despacio, mirando dónde pisas y también lo que hay alrededor: puertas de madera gastadas, balcones de hierro sencillo, macetas que rompen el blanco de las fachadas. En días claros la luz rebota con fuerza en las paredes encaladas y hace que todo parezca más brillante de lo que uno espera en un pueblo tan pequeño.
Apenas hay elementos pensados para el visitante. Lo que hay son caminos de tierra que salen hacia el campo y algunas vistas abiertas hacia el valle de Guadix, donde el terreno se vuelve más amplio y seco.
Caminos y panorámicas: más allá del pueblo
En cuanto sales del casco urbano empiezan los senderos y pistas que suben por las lomas cercanas. La vegetación es la de estas sierras: encinas dispersas, algunos pinos y mucho matorral bajo que en primavera suelta un olor intenso cuando le da el sol.
Las mejores horas suelen ser las primeras de la mañana o el final de la tarde. La luz baja resalta los tonos rojizos del suelo y dibuja con claridad la línea blanca de Sierra Nevada al fondo cuando el día está despejado. No hay miradores señalizados ni barandillas: basta con apartarse un poco del camino y mirar alrededor.
Conviene llevar agua si se sale a caminar. Fuera del pueblo apenas hay sombra y en los meses de calor el terreno se vuelve duro y muy seco.
Sabores que nacen en la huerta
La cocina de la zona es directa y de las que llenan. Migas hechas con pan asentado, gachas espesas cuando aprieta el frío, guisos donde el cordero o las legumbres mandan en la olla. El aceite de oliva y el pimentón aparecen en muchos platos, y en temporada las huertas cercanas aportan tomates, pimientos o calabacines que acaban en ensaladas sencillas.
Son recetas de casa, más que de carta escrita.
Festividades y costumbres
San Sebastián, a finales de enero, sigue siendo uno de los momentos en que el pueblo se reúne. Aunque muchos vecinos viven fuera durante el año, esas fechas suelen traer de vuelta a familias que mantienen aquí sus raíces.
En verano, sobre todo en agosto, también hay días de más movimiento. Las casas que pasan meses cerradas vuelven a abrirse y el ambiente cambia: más conversación en la calle, niños corriendo cuesta abajo y luces encendidas hasta tarde.
En dos horas: lo esencial
Polícar se recorre rápido. En un par de horas da tiempo a caminar por el casco urbano, acercarse a la iglesia y salir por alguno de los caminos que suben hacia las lomas cercanas.
Desde algunos puntos altos, sin señalización ni carteles, se abre la vista hacia Guadix y hacia las cumbres de Sierra Nevada. Con eso basta para entender dónde está el pueblo y cómo se relaciona con el paisaje que lo rodea.
Lo que quizá no te cuenten
Polícar no es un lugar con mucho movimiento ni con servicios pensados para pasar todo el día. Es más bien una parada breve o un desvío tranquilo si estás recorriendo la zona.
La carretera que llega hasta aquí tiene bastantes curvas y algunos tramos estrechos. Si conduces al anochecer o después de lluvia, conviene tomárselo con calma.
Mejor momento para visitar
La primavera suele ser el momento más agradecido: temperaturas suaves y el campo algo más verde de lo habitual en esta sierra. En otoño el aire es claro y las vistas hacia Sierra Nevada suelen verse con mucha nitidez.
En invierno el frío se nota, sobre todo por la altitud, y en verano el calor aprieta a mediodía. Si vienes en esos meses, mejor caminar temprano o cuando el sol empieza a bajar.
Datos prácticos
Desde Granada lo habitual es acercarse primero hacia Guadix y, desde allí, tomar las carreteras comarcales que suben hacia la sierra. El último tramo tiene bastantes curvas y cambios de pendiente.
Si piensas pasear por los alrededores, trae calzado con buena suela. Los caminos son de tierra y piedra suelta en algunos puntos, y cuando cae la tarde la temperatura puede bajar rápido incluso en días calurosos.
Polícar es de esos pueblos donde basta un rato tranquilo para hacerse una idea del lugar: silencio, montaña cercana y la sensación de estar en un borde de la sierra donde la vida sigue a un ritmo distinto.