Artículo completo
sobre Valle del Zalabí
Formado por Alcudia
Ocultar artículo Leer artículo completo
El coche sube por la A‑92 y de pronto aparecen los montes color ocre, surcados de huecos negros. No son minas: son casas. En Valle del Zalabí viven algo más de dos mil personas y una parte importante lo hace en cuevas. La primera vez que ves el municipio piensas que se han equivocado de siglo.
Aparca arriba y baja
Llegas por la GR‑610. Verás primero los desvíos a Exfiliana y a Alcudia de Guadix. En la práctica es el mismo núcleo partido por la carretera y con dos barrios bien definidos.
Lo práctico es dejar el coche en alguna de las explanadas junto a la entrada y seguir a pie. Las calles se estrechan rápido. Si te metes con el vehículo acabarás maniobrando delante de las casas mientras los vecinos esperan a que termines.
Vivir bajo tierra
Las cuevas aquí no son una rareza. Son casas. Mucha gente duerme en ellas, cocina en ellas y ve la tele en ellas.
Hay dos tipos: las antiguas, excavadas hace generaciones, y otras que se han reformado con materiales modernos. Si pasas una noche en una notarás lo mismo que comenta todo el mundo: la temperatura apenas cambia durante el año. Eso sí, la cobertura del móvil suele fallar y el wifi no siempre va fino. Llévate algo que no dependa de la pantalla.
En el barranco de Exfiliana hay un pequeño recorrido que explica cómo se excavaban estas viviendas y cómo ventilaban las estancias. Es un paseo corto. Sirve para entender el sistema y poco más. En el pueblo también recuerdan a Torcuato Ruiz del Peral, escultor del siglo XVIII nacido aquí que terminó trabajando en Granada.
Senderos alrededor de la vega
La Vega del Zalabí tiene varios caminos que rodean huertos en terrazas. Una vuelta completa ronda las dos horas andando tranquilo. No hay demasiados servicios en medio, así que lleva agua.
También se puede subir hacia la ermita del Zalabí. La subida es corta pero gana algo de altura y desde arriba se ve bien la vega y el tamaño real del pueblo.
Entre Exfiliana y Alcudia pasa un tramo que sigue el trazado de la antigua Vía Augusta. Está señalizado como sendero local. Sirve más para estirar las piernas que para buscar grandes panorámicas, pero al menos se camina sin demasiada gente.
Comer lo que se ha comido siempre
En la calle principal hay un par de bares sencillos. No hay misterio: entra donde veas gente del pueblo.
Si hace frío suele aparecer en la carta las gachas de matanza, con trigo partido, panceta y pimentón. Plato contundente. También es habitual la olla de tagarninas con garbanzos cuando hay temporada de esa planta silvestre.
Por la zona presumen de las peras de Exfiliana, una variedad antigua que ya se menciona en textos andalusíes. Son dulces, aunque tampoco esperes nada extravagante.
Fiestas de pueblo, tal cual
A comienzos de mayo suele hacerse la romería de la Virgen de la Cabeza hasta la ermita. La gente sube andando, pasa el día en el campo y vuelve al atardecer.
En verano llegan las verbenas de San Juan y San Pablo, y Alcudia organiza su feria a mediados de agosto con caseta municipal, música y atracciones para críos.
Hacia finales de septiembre celebran la Fiesta de la Pera, donde se reparte fruta de la zona. Ambiente de pueblo, sin escenario gigante ni entradas.
Cuándo venir
La altitud ronda los 1.000 metros. En verano el calor aprieta de día, pero por la noche suele refrescar.
En invierno a veces nieva y las carreteras pueden complicarse. La primavera suele ser el momento más agradecido: almendros en flor y temperaturas suaves para caminar.
Compensa si…
Vienes recorriendo los pueblos de cuevas de la comarca de Guadix y quieres ver uno donde la vida sigue dentro de ellas, no solo en museos.
También si te interesa la historia andalusí: aquí nació el sufí al‑Shustarí.
Si buscas tiendas de recuerdos o un casco histórico muy preparado para visitantes, no es el sitio. Valle del Zalabí funciona más como un pueblo normal que como un decorado. Y eso, según cómo viajes, puede ser justo lo que buscas.