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sobre Castril
Espectacular pueblo serrano con una famosa pasarela sobre el río; puerta al Parque Natural Sierra de Castril con paisajes de roca y agua
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Castril se levanta sobre una peña a unos 890 metros, en el extremo norte de la provincia de Granada. Esa roca, visible desde cualquier acceso, condiciona todo: la forma del casco urbano, las cuestas y la manera en que el pueblo mira al valle del río que lleva su nombre. La geografía aquí es abrupta, con laderas secas y pequeñas vegas junto al río, antes de que el terreno se cierre hacia el norte con los pinares del parque natural. Las montañas han puesto siempre límites claros a la expansión, dando como resultado un municipio que mantiene una relación directa con su entorno.
Un casco histórico que trepa hacia la peña
Recorrer Castril implica subir. Las calles parten del valle y trepan hacia la roca donde se asentó la antigua fortaleza. Ese ascenso explica el trazado irregular: callejones estrechos, pendientes continuas y miradores improvisados entre las casas encaladas.
La iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles ocupa una posición central. El edificio actual es del siglo XVI, con reformas posteriores. Más allá de su arquitectura, interesa su papel urbano; la plaza que la rodea sigue funcionando como punto de encuentro cotidiano.
Por encima del caserío quedan los restos del castillo, de origen islámico. No se conserva mucho, pero el emplazamiento es claro: la peña domina el valle y controla el paso natural hacia las sierras. Subir hasta arriba lleva poco tiempo, aunque la pendiente se nota, sobre todo en verano.
Entre las casas aparece también la llamada Casa de los Capitanes Viejos, uno de los pocos ejemplos de arquitectura señorial que recuerdan la relevancia administrativa que tuvo Castril en la comarca durante siglos.
El nacimiento del río Castril
A poca distancia del pueblo, dentro del parque natural, se encuentra el Nacimiento del río Castril. El agua surge directamente de la roca caliza y forma un sistema de cascadas y pozas rodeadas de vegetación de ribera.
Es un paraje conocido. En días tranquilos mantiene bastante silencio, aunque en festivos y fines de semana suele concentrar más gente de lo que cabría esperar en un entorno de montaña.
Senderos y calares en la Sierra de Castril
La sierra que rodea el pueblo fue declarada parque natural por su valor ecológico y el buen estado de sus bosques. El relieve está formado por calares, barrancos y zonas de pinar que cambian según la altitud.
Cerca del nacimiento del río hay senderos señalizados que permiten recorrer el valle. En las partes altas existen rutas más largas y con mayor desnivel, donde el paisaje se vuelve más abierto y pedregoso. Conviene informarse antes de salir; algunas zonas tienen acceso regulado.
Las paredes calizas cercanas al río han atraído a aficionados a la escalada desde hace años. La roca compacta y los cortados verticales crean un terreno apreciado para esta actividad.
Una cocina de clima y ganadería
La cocina local responde al clima y a la tradición ganadera de la zona. Platos como las migas, las gachas pimentonás o el cordero segureño aparecen con frecuencia, sobre todo en los meses fríos. El aceite de oliva de la comarca acompaña preparaciones sencillas que dependen más del producto que de la elaboración.
Fiestas y ritmo local
Las fiestas en honor a Nuestra Señora de los Ángeles, que suelen celebrarse en agosto, marcan uno de los momentos de mayor actividad del año. Procesiones y actos populares llenan durante unos días las calles del casco antiguo.
Fuera de esas fechas, Castril mantiene un ritmo tranquilo. El pueblo vive entre el río y la sierra, dos elementos que explican casi todo lo que se ve al recorrerlo.