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sobre Orce
Lugar clave para la prehistoria europea por sus yacimientos; posee un castillo árabe y museos de gran interés
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El turismo en Orce empieza bajo tierra. En este municipio de la comarca de Huéscar, al norte de Granada, el pasado no se ve tanto en las fachadas como en los sedimentos que rodean el pueblo. Aquí aparecieron algunos de los restos fósiles humanos más antiguos documentados en Europa. Ese hecho colocó a Orce en el mapa de la investigación paleontológica. El pueblo actual convive con ese pasado remoto de forma bastante natural.
El paisaje ayuda a entenderlo. El entorno está formado por badlands, ramblas y barrancos muy erosionados. A ratos recuerda más a ciertas zonas áridas del norte de África que a la imagen habitual de la provincia de Granada. Las cárcavas dejan al descubierto capas de terreno muy antiguas. En ellas aparecen fósiles y huellas que permiten reconstruir ecosistemas de hace más de un millón de años.
El casco urbano es pequeño y se recorre sin dificultad. Calles estrechas, casas encaladas y un ritmo bastante tranquilo marcan el día a día. La iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación ocupa una posición dominante dentro del pueblo. Se levantó en el siglo XVI y tuvo reformas posteriores. La torre del campanario sigue siendo la referencia visual del casco antiguo. En el interior se conservan retablos barrocos y esculturas religiosas que todavía forman parte de las celebraciones locales.
Cerca aparece el Palacio de los Segura, también del siglo XVI. Es uno de los edificios civiles más claros del pasado señorial de la zona. Indica que Orce no fue solo un núcleo agrícola. Durante siglos tuvo cierto peso administrativo en el territorio. En algunos puntos del casco aún se reconocen tramos de muralla medieval. Muchos quedaron integrados en casas construidas después.
Los yacimientos de Venta Micena, Fuente Nueva y Barranco León concentran buena parte del interés científico del municipio. Están protegidos y normalmente se conocen mediante visitas guiadas. No son parques temáticos ni recreaciones históricas. El valor del lugar está en el propio terreno. Allí se explica cómo trabajan los equipos de investigación y cómo se interpretan los restos que aparecen en cada capa.
Caminar por los badlands cambia la imagen que muchos tienen del norte de Granada. El relieve está lleno de cárcavas, lomas desnudas y barrancos secos. Los tonos del suelo pasan del ocre al rojizo según la luz del día. Es un paisaje abierto, con pocos árboles y horizontes largos.
También es territorio de aves esteparias. Algunas especies como avutardas o sisones aparecen en determinadas zonas. Verlas no es automático. Hace falta tiempo, silencio y unos prismáticos.
La cocina local sigue la lógica de una comarca ganadera y de inviernos fríos. El cordero segureño aparece con frecuencia en las mesas. También las migas y el gazpacho manchego, platos que llenan y acompañan bien el clima de la zona. En muchas casas todavía se preparan embutidos y guisos de caza menor cuando llega la temporada. Entre los dulces, los roscos y las tortas de aceite siguen presentes en meriendas y celebraciones.
Las fiestas mantienen un calendario bastante ligado a la tradición local. La celebración de Nuestra Señora de la Anunciación, en marzo, reúne actos religiosos y actividades en el pueblo. En verano suelen organizarse festejos populares que llenan las plazas por la noche. En los últimos años también se celebra una semana dedicada a la prehistoria. Durante esos días se programan charlas, talleres y actividades relacionadas con la investigación arqueológica.
Orce no se entiende solo caminando por sus calles. Gran parte de su historia está en el paisaje que lo rodea y en los sedimentos que aún se estudian. El pueblo funciona como puerta de entrada a ese territorio. Con una mañana o una tarde se puede recorrer el casco y acercarse a los miradores del entorno. Para comprender los yacimientos, conviene informarse antes en los espacios locales dedicados a la interpretación de la prehistoria.