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sobre Moclín
Histórica villa defensiva con un imponente castillo; famosa por la romería del Cristo del Paño y la ruta del Gollizno
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Si vienes a Moclín, aparca en la primera zona amplia que veas al entrar en el núcleo del castillo. Las calles son estrechas y muchas acaban en cuesta. Desde abajo hasta la fortaleza hay unos quince minutos de subida por empedrado. Con sandalias se hace, pero no es buena idea: la bajada castiga más que la subida.
Lo que hay (y lo que no)
Moclín es un municipio de algo más de 3.500 habitantes, aunque el pueblo que rodea el castillo es bastante pequeño. Casas blancas pegadas a la ladera, calles cortas y poco movimiento entre semana. La plaza cumple su función y poco más.
El castillo manda en el paisaje. Parte está consolidado y parte sigue en ruina. No esperes un centro de interpretación ni demasiada explicación: suele haber algún panel sencillo sobre la historia del lugar y las campañas finales del reino nazarí por esta zona a finales del siglo XV. Lo mejor son las vistas. Hacia un lado se abre la vega de Granada; hacia el otro empiezan las sierras que miran ya a la provincia de Jaén. Todo lo demás es olivar.
Dentro del municipio hay varios núcleos. Puerto Lope es el que tiene más vida diaria: supermercado, farmacia y algunos bares donde se junta la gente del pueblo. Tózar y Tiena son más pequeños. Cerca de Tiena quedan restos de un asentamiento íbero. Está protegido y señalizado, pero hablamos de muros bajos y poco más. Si pillas febrero con los almendros en flor, el paseo merece más la pena que las piedras.
Senderos sin gloria (y con ella)
La ruta del Gollizno es la más conocida. Unos 8 kilómetros que bajan a un desfiladero donde el terreno se estrecha y el camino sigue el curso del agua. No hay muchas fuentes en el recorrido y en verano el calor se queda atrapado entre las paredes del cañón. A mitad de ruta hay un abrigo con pinturas rupestres protegido por una reja. Son trazos simples en rojo. Interesan más por el contexto que por lo que se ve.
La ruta de las Atalayas conecta varias torres de vigilancia medieval que controlaban el paso entre la vega y las sierras. El camino atraviesa mucho olivar y algún cortijo abandonado. Hay cancelas de finca que hay que abrir y cerrar. Sombra, poca. La foto más clara del conjunto suele salir desde la atalaya de la Solana: el pantano de los Bermejales al fondo y el pueblo encaramado a la roca.
Fiestas que siguen siendo de pueblo
A mediados de agosto suelen subir al Cristo del Paño desde la iglesia hasta el cerro cercano. Es la romería más conocida del municipio. Participa sobre todo la gente de aquí y familias que vuelven esos días. Nada masivo.
Ese mismo fin de semana Puerto Lope celebra su feria. Música en la plaza, casetas sencillas y fuegos artificiales cortos. Ambiente de pueblo pequeño: vecinos que se conocen y niños corriendo hasta tarde.
En Tózar, hacia finales de abril, se celebra San Marcos. Misa, merienda compartida y dulces caseros que preparan los vecinos. No suele haber un programa muy formal; te enteras preguntando o viendo movimiento en la plaza.
Lo que se come (y lo que te ahorras)
Las migas aparecen mucho los fines de semana. Pan asentado, chorizo, tocino y pimientos. Se sirven calientes y hay que comerlas rápido.
También es habitual el conejo guisado con tomate, vino blanco y bastante ajo. El choto al ajillo aparece en algunas cartas de la zona; conviene preguntar qué carne están usando exactamente.
Las gachas dulces —leche, harina, azúcar y canela— siguen saliendo en desayunos y fiestas. Son densas y llenan bastante.
Consejo claro
Ve en primavera o a principios de otoño. En enero hiela con facilidad y en verano el calor aprieta fuerte.
Aparca abajo y sube andando al castillo. Intentar meter el coche por las calles estrechas no compensa. Y calcula la visita con luz: al anochecer suelen cerrar el acceso a la fortaleza. Moclín no es un parque temático ni un pueblo museo. Es un pueblo rural normal que vive sobre todo del campo. Si te vale con eso, el paseo merece la parada.