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sobre Montefrío
Reconocido por National Geographic por sus vistas panorámicas; conjunto monumental con iglesia sobre la roca y fortaleza árabe
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La silueta de Montefrío se recorta contra el cielo desde kilómetros antes de llegar: un pueblo blanco apretado entre dos cerros rocosos que emergen de un mar de olivares. Su posición, a 838 metros, respondió a una lógica militar durante el periodo nazarí, cuando funcionó como punto de vigilancia en la frontera noroeste del reino de Granada. La geografía dictó la estrategia, y con los siglos, esa estrategia dio forma al pueblo. Las casas trepan por las laderas y las calles se resuelven con escaleras para salvar el desnivel.
Una fortaleza reconvertida
La atalaya natural más elevada la ocupa la Iglesia de la Villa. Se levantó a finales del siglo XV, justo después de la conquista cristiana, aprovechando los cimientos de la antigua fortaleza musulmana. Esta práctica de reutilizar estructuras defensivas fue común en toda la frontera granadina. El edificio es sobrio, de líneas rectas, pero su valor está en el lugar que ocupa. Desde su atrio se domina visualmente una extensión considerable de territorio, desde las tierras de labor hasta las vías de acceso desde la Vega. La función militar original del cerro se comprende al instante.
En los últimos años, una vista concreta de este conjunto —la iglesia recortada sobre la roca— ganó notoriedad al ser incluida en una recopilación internacional. Esa imagen, sin embargo, es solo una parte de la historia.
La iglesia redonda
El segundo cerro, conocido como del Calvario, está coronado por la Iglesia de la Encarnación. Su construcción se prolongó entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Su planta circular es una rareza en la arquitectura religiosa andaluza y a menudo se la relaciona con modelos clásicos como el Panteón de Roma. La comparación resulta engañosa: el interior es más austero de lo que sugiere su volumetría exterior, con una luz que entra lateralmente por ventanas altas. El cerro actúa como una grada natural, haciendo que el caserío blanco que desciende por sus laderas parezca el graderío de un anfiteatro.
Un territorio con memoria antigua
La ocupación humana en estas tierras es muy anterior al pueblo actual. A unos seis kilómetros del núcleo urbano se extiende el paraje de las Peñas de los Gitanos, un paisaje kárstico de rocas calizas donde se documentan varios dólmenes neolíticos. El camino que lo atraviesa, entre encinas y matorral mediterráneo, pasa junto a estos sepulcros megalíticos y a los restos de asentamientos posteriores, evidenciando un corredor natural usado desde la prehistoria.
Más cerca, siguiendo el cauce del Arroyo de los Molinos, se encuentran las ruinas de varios molinos hidráulicos. Conservan parte de sus muros, canales y presas, mostrando el sistema que se usó para moler el cereal hasta hace pocas décadas.
Cocina de despensa y olivar
La gastronomía local refleja una economía tradicional de interior. Platos como el remojón —que combina bacalao, naranja, cebolla y huevo— están ligados a los ciclos de los cítricos. El choto al ajillo o el lomo en orza hablan de formas de conservación necesarias antes de la refrigeración. La cría de ovino y caprino ha mantenido viva en la comarca una producción quesera artesanal que aún puede encontrarse.
Vida entre olivos
Montefrío fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1982. Pese a la protección y al creciente interés turístico, el ritmo del pueblo sigue marcado por la agricultura, principalmente por el cultivo del olivar que define su paisaje. Las fiestas del calendario, tanto religiosas como locales, mantienen vivas tradiciones como el encendido nocturno de velas en calles y fachadas, una costumbre vecinal que ha trascendido lo local.
Cómo moverse por el pueblo
El núcleo antiguo se recorre bien a pie en un par de horas, aunque las cuestas son reales. Lo más práctico es aparcar en la zona baja y subir caminando hacia los dos cerros. Si se presta atención a la arquitectura doméstica, se distinguen en el entramado antiguo portadas de piedra, patios interiores y algunos corrales.
Desde Granada, el acceso por carretera lleva aproximadamente una hora pasando por Loja. Existe servicio de autobús con la capital, pero los horarios son limitados; conviene consultarlos con antelación.