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sobre Zagra
Pueblo colgado sobre el embalse de Iznájar; ofrece vistas espectaculares y tranquilidad en el Poniente granadino
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A última hora de la tarde, cuando el sol baja por detrás de los olivares, Zagra se queda casi en silencio. El aire trae olor a tierra seca y a hojas machacadas. Algún coche pasa despacio por la carretera que cruza el pueblo y, enseguida, vuelve la calma. Así empieza muchas veces el turismo en Zagra: con la sensación de haber llegado a un sitio que sigue funcionando a su propio ritmo.
Las casas blancas suben por la ladera sin mucho orden. Algunas fachadas tienen desconchones, otras macetas alineadas junto a la puerta. No es un pueblo grande —ronda los ochocientos habitantes— y eso se nota enseguida. En pocos minutos ya reconoces las calles principales y la plaza donde se concentra la vida diaria.
La plaza y la iglesia
La plaza es pequeña y abierta. Por la mañana suele oírse el golpe seco de las persianas al levantarse y conversaciones que bajan de los balcones. Desde aquí se ve bien la iglesia de San Pedro Apóstol, con un campanario sencillo que aparece entre los tejados.
No hay grandes monumentos ni falta que hace. Lo interesante está en cómo se usa el espacio. A media tarde se juntan vecinos en los bancos, y los niños cruzan la plaza en bicicleta mientras alguien riega las plantas del portal.
Un pueblo rodeado de olivos
Al salir de las últimas casas empieza el verdadero paisaje de Zagra: lomas suaves cubiertas de olivar. Filas y filas de árboles que cambian de color según la hora del día. Al amanecer se ven plateados; al caer la tarde tiran a verde oscuro.
Desde algunas calles altas se abre el valle del Genil. No hay miradores señalizados. Simplemente aparece la vista entre dos casas o al final de una cuesta. Si te gusta caminar, basta con seguir los caminos agrícolas que salen del pueblo. Muchos llevan a cortijos dispersos y a parcelas donde el trabajo del campo sigue marcando el calendario.
Conviene evitar las horas centrales del verano. La sombra escasea entre los olivos y el calor cae con fuerza sobre los caminos de tierra.
La fuente y los caminos cercanos
A poca distancia del casco urbano está la fuente de los Caños. El agua corre incluso en los días más secos del año, y el lugar suele tener algo de movimiento cuando aprieta el calor. Durante generaciones ha sido punto de parada para quien volvía del campo.
Alrededor salen varios senderos sencillos. No todos están señalizados y algunos cambian con las labores agrícolas. Lo más práctico es preguntar en el propio pueblo antes de salir a caminar. La gente suele indicar qué caminos están abiertos o cuáles tienen paso complicado.
Lo que se come aquí
En las cocinas de Zagra manda el aceite de oliva de la zona. Se nota en casi todo. En invierno aparecen platos contundentes como las gachas o las migas, a veces acompañadas con uvas cuando es temporada. En verano, el gazpacho entra fácil después de una mañana calurosa.
Quien pasa por el pueblo a menudo vuelve con garrafas de aceite. En esta parte de la comarca la producción de oliva es una parte importante de la vida diaria, y la campaña marca el ambiente de los meses fríos.
Días señalados en el calendario
Las fiestas locales suelen concentrarse alrededor del patrón, San Pedro. En esos días el pueblo cambia de ritmo. Regresan familiares que viven fuera y las calles se llenan más de lo habitual.
También en verano se organizan actividades en la plaza o en espacios abiertos del pueblo. No hace falta un programa complicado: música, reuniones al aire libre y conversaciones largas cuando baja el calor.
Cuándo acercarse a Zagra
Primavera y otoño son los momentos más tranquilos para recorrer el entorno. La luz es más suave y los caminos se caminan mejor. En pleno agosto el calor aprieta y las horas centrales del día se hacen largas en la calle.
Zagra no busca llamar la atención. Es un pueblo pequeño en la comarca de Loja, rodeado de olivar y con una vida que sigue bastante pegada al terreno. Si llegas sin prisa y te quedas un rato en silencio, empiezan a aparecer los detalles: el ruido de las chicharras, el olor del polvo caliente en los caminos, la sombra corta de los olivos al final de la tarde. Son cosas pequeñas, pero explican bastante bien el lugar.