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sobre Illas
Cuna del queso La Peral
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Hay sitios que visitas con un plan claro —ver esto, comer allí, sacar cuatro fotos— y otros a los que llegas casi por accidente. Illas, a diez minutos de Avilés, entra más en ese segundo grupo. Sales de la ciudad pensando que vas a dar una vuelta corta y, de repente, estás entre prados, casas dispersas y carreteras donde lo raro es cruzarte con más de dos coches seguidos.
Este concejo es un poco como ese barrio tranquilo donde vive un amigo al que vas de vez en cuando: aparentemente no pasa gran cosa, pero cuando paseas con calma empiezas a fijarte en detalles. Un hórreo bien conservado, una casa de piedra con el tejado ya vencido por los años, un camino que se mete entre fincas. Aquí el interés no está en acumular visitas rápidas, sino en ir mirando alrededor.
Qué ver en Illas
El punto más lógico para orientarse es San Félix, la capital del concejo. La iglesia es pequeña y sencilla; tiene origen románico, aunque con reformas posteriores que se notan enseguida. No es uno de esos templos que te obligan a sacar el móvil nada más llegar, pero funciona como centro del pueblo y punto de referencia para empezar a moverte por la zona.
A unos kilómetros está La Pedrera, otro de los núcleos del concejo. Allí hay una iglesia que suele fecharse en el siglo XVI, aunque ha pasado por varias reconstrucciones. El entorno es muy abierto: prados, cuadras y caminos que se cruzan entre sí. Si te gusta caminar sin demasiada planificación, es una zona agradecida.
En realidad, lo más interesante de Illas suele aparecer entre medias: casas rurales, hórreos y paneras repartidos por aldeas pequeñas. Muchos siguen en uso, algo que siempre me parece más interesante que verlos restaurados como pieza de museo. Con un paseo por carreteras vecinales ya te encuentras unos cuantos.
Qué hacer en Illas
Aquí la actividad principal es bastante simple: caminar o conducir despacio por carreteras secundarias. Las distancias son cortas, pero las curvas y los desniveles hacen que todo vaya a otro ritmo.
No hay grandes cumbres ni miradores espectaculares. Lo que hay son lomas suaves desde las que se ven prados, bosquetes y caserías dispersas. Ese paisaje típico del centro de Asturias que parece repetirse… hasta que empiezas a notar que cada valle tiene su propio carácter.
Mucha gente llega desde Avilés para dar una vuelta tranquila y estirar las piernas un rato. Tiene sentido: en pocos minutos pasas del tráfico de la ciudad a caminos donde lo más probable es que te cruces con un tractor o con alguien caminando hacia su huerta.
Lo que pocas veces cuentan
Illas no es un concejo de grandes visitas. Si vienes pensando en llenar el día con monumentos o museos, probablemente te sobrará tiempo.
Aquí lo interesante es más cotidiano: cómo están organizadas las aldeas, cómo se reparten las fincas o cómo siguen en pie muchas construcciones agrícolas. A mí me parece mucho más revelador dar vueltas por los pueblos que intentar localizar “los puntos clave” en un mapa.
Otra cosa que sorprende a algunos visitantes: las distancias engañan. En el mapa todo parece cerca, pero entre curvas, cruces y carreteras estrechas se tarda un poco más de lo que parece en enlazar con otros lugares de la zona.
Y sí, también verás plantaciones de eucalipto, sobre todo en algunas laderas. No forman parte de la postal clásica asturiana, pero son parte del paisaje actual del concejo.
Si solo tienes un par de horas
Un plan sencillo: empieza en San Félix, da una vuelta corta por el entorno de la iglesia y luego coge alguna de las carreteras pequeñas que salen hacia las aldeas cercanas. No hace falta mucho más que ir despacio y parar donde te apetezca.
Si sigues hacia La Pedrera, el recorrido ya te enseña bastante bien cómo es el concejo: prados abiertos, hórreos junto al camino y establos que mezclan madera antigua con chapas más modernas. Ese contraste cuenta bastante sobre cómo se sigue viviendo aquí.
En realidad, Illas se entiende mejor así: sin ruta cerrada, simplemente recorriendo el concejo y mirando alrededor.
Mejor época para visitar Illas
La primavera suele ser el momento más agradecido. Los prados están intensamente verdes y todo parece recién lavado por la lluvia.
El otoño también tiene su punto, sobre todo en las zonas con castaños y robles, donde el paisaje cambia bastante durante unas semanas.
En invierno el concejo sigue teniendo su encanto, pero conviene venir preparado para barro y lluvia. Algunos caminos se ponen blandos después de varios días seguidos de agua.
Cómo llegar
Desde Avilés se llega en muy poco tiempo por carreteras locales que se van metiendo hacia el interior. También es posible venir desde Oviedo, aunque el trayecto es algo más largo.
Las vías son estrechas en varios tramos, con curvas y cambios de rasante, así que conviene conducir con calma. En el fondo, es la mejor manera de recorrer Illas: sin prisa y dejando que el paisaje vaya apareciendo poco a poco.