Artículo completo
sobre Soto del Barco
Capital de la angula
Ocultar artículo Leer artículo completo
Te voy a contar un secreto: Soto del Barco es como ese vecino que vive en la planta baja y nunca te enteras de que está ahí hasta que un día le pides sal y resulta que es el tío más interesante del edificio. Está justo en medio de todo, a unos minutos del aeropuerto de Asturias, pero parece que casi nadie se baja aquí. La gente tira para Oviedo, Gijón o Cudillero… y Soto del Barco se queda tranquilo, a su ritmo.
El barco que se quedó en tierra firme
El nombre viene de una historia bastante simple. Antes de que existiera el puente sobre el Nalón, el cruce del río se hacía en un barco sujeto por una cuerda. Un barquero pasaba a la gente de una orilla a otra, como un taxi fluvial bastante rudimentario. Sin épica ni leyenda medieval: trabajo puro y duro.
Hoy el río sigue ahí, ancho y serio, pero el puente hace tiempo que jubiló al barquero. El nombre del pueblo, en cambio, se quedó. Como esas pegatinas del portátil que ya forman parte del paisaje y ni te planteas quitar.
San Juan de la Arena: un puerto que sigue funcionando
La parte con más movimiento del municipio es San Juan de la Arena. Es un pueblo pesquero que todavía gira alrededor del puerto. Aquí la lonja sigue trabajando y los barcos entran con captura, no es un decorado para fotos.
Por la mañana, cuando llegan las lanchas, todavía se ve trajín de cajas y redes. Y sí, muchas de esas capturas acabarán ese mismo día en mercados o restaurantes de media Asturias.
En invierno el ambiente cambia, pero no desaparece. Tradicionalmente por estas fechas se habla mucho de la angula del Nalón, un producto que durante años ha tenido fama en toda la costa cantábrica. A veces se organizan jornadas o celebraciones alrededor de ella. Los vecinos te dirán que la de aquí es especial. Yo no voy a entrar en ese debate —cada ría defiende la suya— pero cuando pruebas unas angulas salteadas con ajo entiendes por qué han dado tanto que hablar.
El castillo que pasa bastante desapercibido
Arriba, en lo alto de un monte que desde abajo parece más empinado de lo que luego es, está el Castillo de San Martín. El origen suele situarse en la Alta Edad Media, en tiempos de la monarquía asturiana, aunque lo que se ve hoy es resultado de varias reconstrucciones.
No esperes un castillo de película. Es una torre sencilla, más funcional que espectacular. Algo así como el dibujo de castillo que haría un crío: compacto, piedra y poco adorno.
Lo curioso es que el lugar ya estaba ocupado mucho antes. En la zona se han encontrado restos de asentamientos de la Edad del Hierro relacionados con los antiguos pésicos, uno de los pueblos que vivían en esta parte de Asturias antes de la llegada romana.
Hoy el ambiente es bastante tranquilo. Los domingos por la mañana suele haber más gente paseando con el perro que turistas con cámara.
La playa de Los Quebrantos
La playa grande del municipio es Los Quebrantos, justo al lado de San Juan de la Arena. Es larga, abierta y bastante cómoda para caminar sin cruzarte cada veinte metros con una sombrilla.
Algunos veranos suele lucir bandera azul, aunque lo que realmente define la playa es otra cosa: espacio. Incluso en agosto encuentras tramos bastante despejados si te alejas un poco del acceso principal.
Los surfistas la tienen fichada porque cuando el mar entra con ganas suele formar olas decentes. Y lo bueno de los surfistas es que pasan más tiempo en el agua que en la arena, así que no ocupan medio arenal con toallas.
El Camino de Santiago que pasa de puntillas
El Camino del Norte atraviesa el municipio camino de Muros de Nalón y Pravia. Muchos peregrinos pasan casi sin darse cuenta. Van pendientes de la siguiente etapa y del albergue donde dormir.
Es una pena, porque esta zona se presta más a bajar el ritmo que a hacer kilómetros. El Nalón llega aquí ya tranquilo, ancho, casi como si supiera que el mar está a la vuelta de la esquina. Sentarte un rato cerca del río o dar una vuelta por San Juan de la Arena cuando regresan los barcos es de esas cosas que no salen en la guía del peregrino… pero se recuerdan.
Mi consejo de amigo
No te molestes en venir solo a Soto del Barco si estás recorriendo Asturias con poco tiempo. Funciona mucho mejor como parada en ruta. Si vas hacia el aeropuerto o te mueves entre Avilés, Pravia o Cudillero, merece la pena desviarse un rato.
Un paseo por San Juan de la Arena, acercarte a la playa de Los Quebrantos y, si te apetece estirar las piernas, subir hasta el castillo para ver el Nalón desembocando en el Cantábrico.
No es el pueblo más llamativo de la costa asturiana. No tiene la postal vertical de Cudillero ni los acantilados de otros tramos del litoral. Pero tiene algo que cada vez se valora más: vida normal. Barcos que salen a faenar, gente paseando por el puerto y un río enorme que se toma su tiempo antes de mezclarse con el mar. De esos sitios que no hacen ruido, pero cuando los conoces entiendes por qué siguen ahí, tranquilos, año tras año.