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sobre Borjabad
Pequeño núcleo entre encinas y campos de labor con iglesia destacada
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Borjabad aparece en los mapas de la comarca de Almazán como uno de esos núcleos muy pequeños que todavía mantienen población estable. Hoy apenas ronda la treintena de vecinos, pero el asentamiento es bastante anterior. Como muchos pueblos del sur de Soria, su origen suele situarse en el proceso de repoblación medieval ligado a la villa de Almazán, cuando estas tierras se organizaron en aldeas agrícolas que abastecían a la cabecera comarcal.
Situado en las laderas de la Sierra de Toranzo, a algo más de mil metros de altitud, el caserío se adapta a un terreno abierto de campos de cereal y manchas dispersas de encina y sabina. La economía local ha girado durante siglos alrededor del secano y del ganado. Esa actividad explica la forma del pueblo: casas robustas, muros gruesos y portones anchos que daban paso a corrales y pajares.
Muchas de las viviendas combinan piedra y adobe, materiales habituales en la arquitectura popular soriana. No responden a una estética buscada. Son construcciones prácticas, pensadas para resistir inviernos largos y viento constante en una zona bastante expuesta de la meseta.
La iglesia y la organización del pueblo
En la parte más alta se levanta la iglesia de la Asunción. El edificio tiene origen medieval, aunque lo que se ve hoy responde en buena medida a reformas posteriores, algo frecuente en templos rurales que se ampliaban o reparaban según las necesidades del pueblo.
Más allá de su valor artístico, la iglesia explica cómo se organizaba la vida local. Durante siglos fue el punto de reunión y también una referencia visual en el paisaje. Desde su entorno se domina el caserío y buena parte de los campos que lo rodean. En aldeas pequeñas como esta, la torre cumplía una función práctica: marcar horas, avisar de reuniones o de cualquier incidencia.
Un paisaje agrícola muy antiguo
El territorio alrededor de Borjabad conserva el aspecto clásico del campo soriano: parcelas amplias de cereal que cambian de color según la estación y pequeños montes de encina o sabina que rompen la llanura. Este paisaje no es reciente. Se ha ido modelando durante generaciones de cultivo de secano.
En algunos caminos todavía aparecen lindes de piedra y antiguos corrales aislados. Son restos de una organización agraria que se consolidó entre la Edad Media y la Edad Moderna, cuando estas aldeas dependían administrativamente de Almazán y trabajaban tierras comunales y parcelas familiares.
La despoblación del siglo XX redujo mucho la población de la zona. Aun así, el trazado del pueblo apenas ha cambiado. El núcleo sigue concentrado en torno a unas pocas calles cortas que se recorren sin prisa.
Caminos y monte cercano
Los caminos agrícolas que salen del pueblo permiten recorrer el entorno sin dificultad. Son pistas usadas todavía para el trabajo del campo, pero también sirven para caminar entre encinas, sabinas y parcelas de cereal.
En los montes cercanos no es raro ver rapaces planeando sobre los campos abiertos. En otoño, cuando llegan las primeras lluvias, algunas zonas de pinar de la comarca atraen a aficionados a las setas, siempre con las regulaciones que suelen aplicarse en la provincia de Soria.
La altitud y la escasa iluminación hacen que el cielo nocturno sea muy limpio en noches despejadas. Basta alejarse unos metros del núcleo para notarlo.
Cómo situar la visita
Borjabad se encuentra dentro de la comarca de Almazán, una zona con bastantes iglesias románicas y restos de arquitectura medieval dispersos por pueblos cercanos. Muchos de estos lugares formaban parte del mismo sistema de aldeas agrícolas que abastecía a la villa principal.
El pueblo es muy pequeño y se recorre en poco tiempo. La visita tiene más sentido como parada tranquila dentro de una ruta por la zona, prestando atención al paisaje agrícola y a la arquitectura popular que todavía se conserva. Aquí lo interesante no es un monumento concreto, sino entender cómo han funcionado durante siglos estos pueblos de la meseta soriana.