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sobre Coscurita
Nudo ferroviario histórico y pueblo agrícola en la llanura
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A media mañana, cuando el sol ya cae de lleno sobre las fachadas, Coscurita queda casi en silencio. La luz rebota en los muros de piedra y adobe y se mete por las calles estrechas en ángulo recto. En la plaza, el reloj de la iglesia marca las horas con un sonido seco que se oye más de lo que cabría esperar en un pueblo tan pequeño. Al fondo, más allá de las últimas casas, empiezan los campos abiertos.
Coscurita, en la comarca de Almazán, es uno de esos núcleos diminutos del sur de Soria donde el paisaje manda más que el propio pueblo. Apenas unas calles, corrales, alguna nave agrícola y la iglesia marcando el centro. Aquí la vida sigue ligada al calendario del campo: si vienes en época de cosecha verás tractores entrando y saliendo a lo largo del día; en invierno, en cambio, las calles pueden quedar completamente vacías durante horas.
El pequeño núcleo alrededor de la iglesia
El trazado es sencillo y se entiende en pocos minutos. Varias calles cortas desembocan en el entorno de la iglesia de San Martín, que levanta su espadaña sobre las casas más bajas del pueblo. La piedra clara y el adobe dominan las fachadas, muchas con portones grandes que recuerdan su uso agrícola.
Al caminar despacio se notan los detalles: una pared con cal que ya empieza a cuartearse, un banco de madera pegado al sol en invierno, alguna parra que en verano proyecta una sombra irregular sobre la acera.
No esperes monumentos ni edificios restaurados. El interés está más bien en esa sensación de continuidad: casas que se han ido arreglando poco a poco, sin cambiar demasiado su forma.
Los campos alrededor de Coscurita
El paisaje empieza prácticamente en la última esquina del pueblo. Desde allí se abren llanuras de cereal muy amplias, con caminos agrícolas que cortan el terreno en líneas largas y rectas.
En primavera el verde es casi continuo y el viento mueve el cereal como una superficie de agua. En verano llegan los tonos tostados y el polvo fino que levantan los tractores al pasar. En invierno todo se vuelve más sobrio: tierra oscura, rastrojos y un cielo muy ancho.
Si te gusta caminar, basta con seguir cualquiera de esos caminos. No están señalizados ni hay paneles, así que conviene llevar el recorrido claro o usar un mapa. A cambio, el silencio es casi total: pasos sobre tierra seca, algún coche muy lejano y, de vez en cuando, el vuelo de aves grandes que cruzan el cielo abierto.
Mirar el paisaje con calma
Este tipo de terreno parece sencillo, pero cambia mucho según la hora del día. Al amanecer, la luz baja deja sombras largas de los árboles aislados y de las pequeñas lomas que apenas se perciben al mediodía. Por la tarde, cuando el sol cae hacia el oeste, el color del campo se vuelve más dorado y las líneas del paisaje se marcan mejor.
Quien vaya con cámara suele encontrar aquí lo más interesante: horizontes muy limpios, árboles solitarios y cielos que ocupan más de la mitad de la escena.
Comida de campo soriano
En un pueblo de este tamaño no hay infraestructura turística como tal. Lo habitual es que quien pase por aquí venga ya comido de otros pueblos de la zona o esté alojado en alguna localidad cercana de la comarca.
La cocina que se reconoce en las casas sigue siendo la castellana de siempre: cordero asado cuando hay ocasión, sopas hechas con pan asentado, ajo y pimentón, guisos de legumbres que se agradecen especialmente cuando aprieta el frío. Son platos ligados a despensas sencillas y a inviernos largos.
Cuándo acercarse
Coscurita cambia bastante según la época. En verano puede haber más movimiento por el regreso temporal de familias que mantienen casa en el pueblo. En invierno, en cambio, la sensación de quietud es mucho mayor y algunas jornadas pasan con muy poca actividad en la calle.
Si decides acercarte, lo más práctico es hacerlo como una parada breve dentro de una ruta por la comarca de Almazán. Aparcas sin dificultad en cualquiera de las calles anchas del borde del pueblo y en pocos minutos ya estás caminando hacia el campo abierto. Aquí lo importante no es “ver cosas”, sino quedarse un rato mirando cómo se mueve el paisaje.