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sobre Morón de Almazán
Destaca por su Plaza Mayor renacentista una de las más bellas de la provincia
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En las parameras altas de la provincia de Soria, donde el horizonte se extiende sin límites y el silencio se convierte en compañero de viaje, se encuentra Morón de Almazán. Esta pequeña aldea de menos de 200 habitantes se alza a más de mil metros de altitud, y es un buen ejemplo de lo que es hoy la Castilla más despoblada y serena. Aquí el tiempo discurre a otro ritmo, marcado por el ciclo de las estaciones y el viento entre los campos de cereal.
El paisaje que rodea Morón de Almazán es el típico de estas tierras sorianas: llanuras onduladas, encinares dispersos y un cielo que en las noches despejadas se presta muy bien para la observación astronómica. Es territorio para quienes buscan desconexión real, pueblos pequeños y la oportunidad de sentir la Castilla profunda sin artificios… y sin demasiada “animación”.
La comarca de Almazán, a la que pertenece este municipio, ha sido históricamente zona de frontera y paso, lo que ha dejado su huella en forma de arquitectura popular robusta, adaptada al duro clima continental de inviernos largos y veranos cortos pero intensos.
¿Qué ver en Morón de Almazán?
El patrimonio de Morón de Almazán es el propio de los pueblos castellanos que han resistido el paso del tiempo sin perder su identidad. Su iglesia parroquial es el principal elemento arquitectónico de interés, con construcción en mampostería y el aire sobrio de las iglesias rurales sorianas. No es un gran monumento, pero sí una pieza coherente con el entorno y su historia.
Pasear por sus calles es descubrir la arquitectura tradicional soriana: casas de piedra con portones de madera, corredores y balcones que hablan de un modo de vida forjado durante siglos. Las construcciones auxiliares, como antiguos palomares y pajares, salpican el paisaje circundante, testigos silenciosos de una economía agraria que sigue muy presente.
El entorno natural merece mención. Desde el pueblo se contemplan vistas panorámicas amplias de la paramera soriana, un paisaje sobrio que inspiró a poetas como Antonio Machado. En primavera y principios de verano, los campos de cereal crean un mar verde que se vuelve dorado según avanza la temporada, con el cielo castellano siempre mandando. Si te cuadran las horas, los atardeceres son de los que hacen parar el coche en la cuneta.
A pocos kilómetros se puede visitar Almazán, cabecera de comarca, con su conjunto medieval, murallas y puerta califal, uno de los ejemplos más potentes de arquitectura defensiva de la provincia. Lo habitual es combinar Morón en una ruta por la zona, y no venir solo hasta aquí expresamente.
Qué hacer
Morón de Almazán es punto de partida razonable para rutas de senderismo por la paramera soriana. Los caminos rurales que conectan con pueblos vecinos permiten caminatas tranquilas entre campos cultivados y dehesas, buenas para observar aves como aguiluchos, milanos y, con algo de suerte, alguna avutarda. No esperes senderos señalizados al estilo de parques naturales: aquí son pistas y caminos agrícolas de toda la vida, así que conviene llevar mapa, GPS o al menos tener claro por dónde quieres ir.
El cicloturismo encaja bien en este paisaje. Las carreteras secundarias, con escaso tráfico y perfiles suaves, invitan a recorrer en bicicleta esta Castilla interior, enlazando pequeños núcleos rurales. Eso sí, el viento puede hacer el recorrido más duro de lo que marca el perfil. Si sopla de cara, se nota.
Para los aficionados a la astronomía, la escasa contaminación lumínica permite noches muy interesantes. La altitud y la transparencia del aire facilitan la observación de estrellas, planetas y la Vía Láctea con una nitidez que se agradece si vienes de ciudad. Conviene traer prismáticos o telescopio propio: aquí no hay infraestructuras astronómicas ni miradores preparados, es cuestión de buscar un alto cerca del pueblo y apagar las luces del coche.
La micología en otoño atrae a buscadores de setas, especialmente en las zonas donde pinos y encinas se entremezclan. Es importante conocer bien las especies o ir acompañado de alguien que sepa. Como siempre en Soria, respeta las normas de recolección que estén vigentes y no te metas en fincas privadas sin permiso.
La gastronomía de la zona se basa en productos de la tierra: cordero asado, migas del pastor, embutidos artesanales y guisos de legumbres. En Morón de Almazán la oferta es muy limitada, así que lo normal es comer en Almazán u otros pueblos cercanos, donde se mantiene la cocina tradicional soriana. Llevar algo de agua y algo de picar en el coche no estorba.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, generalmente en agosto, cuando muchos oriundos regresan al pueblo. Son días de convivencia y reencuentro, con ambiente de pueblo pequeño: actos sencillos, comida popular y bailes en la plaza.
La fiesta de San Blas, el 3 de febrero, se celebra en muchos pueblos de la comarca con procesiones y bendición de roscas [VERIFICAR en Morón], aunque la climatología invernal puede condicionar bastante los actos.
En Semana Santa, aunque con actos modestos acordes al tamaño del pueblo, se mantienen algunas tradiciones religiosas ligadas al calendario litúrgico castellano.
¿Cuándo visitar Morón de Almazán?
La primavera (mayo-junio) es cuando la paramera está más agradecida: temperaturas suaves y campos verdes. El verano trae clima seco y cielos limpios por la noche, pero el sol pega fuerte a mediodía y la sombra escasea. El otoño suma el interés micológico y los tonos dorados del cereal ya segado.
El invierno es duro: frío, nieblas y, algunos días, carreteras con hielo. Si vienes en esa época, que sea sabiendo a lo que vienes y con ropa acorde.
Si llueve, el pueblo se recorre igual en poco tiempo, pero los caminos rurales se embarran con facilidad. No es la mejor jornada para alargar rutas por pistas de tierra.
Lo que no te cuentan
Morón de Almazán es pequeño y se ve rápido. El paseo por el casco y alrededores no da para más de una o dos horas tranquilas. Tiene sentido como parada dentro de una ruta por la comarca (Almazán, Berlanga, etc.), más que como destino al que dedicar varios días.
Las fotos del mar de campos y los cielos infinitos son reales, pero hay que decirlo claro: si buscas bares, tiendas, museos o mucho movimiento, este no es tu sitio. Aquí hay silencio, poca gente y vida rural a escala mínima. Eso, para algunos, es precisamente el atractivo.
Sin coche propio moverse es complicado. El transporte público es escaso y pensado para la gente del pueblo, no para el viajero.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo por el casco, con parada en la iglesia parroquial.
- Vuelta corta por las afueras para asomarte a la paramera y hacer alguna foto del paisaje.
- Acercarte después a Almazán para completar la jornada.
Si tienes el día entero
- Mañana de ruta a pie o en bici por los caminos rurales que enlazan pueblos cercanos.
- Comida en Almazán u otro núcleo mayor de la zona.
- Tarde tranquila de paseo por Almazán, y regreso a Morón para rematar el día con observación de estrellas si está despejado.
Errores típicos
- Venir esperando un “pueblo monumental”: Morón tiene interés, pero es sencillo. El que concentra patrimonio potente es Almazán.
- Subestimar el clima: en verano el sol castiga, en invierno el frío cala. Ropa adecuada, protección solar y agua en la mochila.
- Confiarse con los caminos: parecen todos iguales; si te sales mucho sin referencia, es fácil alargar más de la cuenta la ruta.
- Contar con servicios que no existen: cajero, tiendas variadas, restaurantes… mejor preverlo antes de llegar.