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sobre Taroda
Aldea situada en un altozano con vistas a la comarca
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En el corazón de la comarca de Almazán, a más de mil metros de altitud, Taroda es uno de esos pueblos diminutos donde todavía se oye el silencio. Con apenas 43 habitantes, este municipio soriano encarna bien lo que se suele llamar España vaciada, pero aquí no hay decorado: lo que ves es un pueblo agrícola, duro en invierno y muy tranquilo el resto del año.
Recorrer sus calles no es "como viajar al pasado", es ver cómo ha quedado ese pasado: casas de piedra y adobe, corrales, pajares medio en uso, medio en ruina, y mucha calma. Si vienes buscando animación, te equivocas de sitio. Si te atrae la Castilla seca, amplia y algo áspera, aquí te vas a sentir bastante a gusto.
La altitud y el aislamiento han marcado el carácter de Taroda. No hay tiendas, ni bares, ni rutas señalizadas de colores. Hay un puñado de vecinos, campos de cereal por todos lados y un ritmo lento que en las ciudades ya ni recordamos.
¿Qué ver en Taroda?
El patrimonio de Taroda es el de un pequeño núcleo rural soriano. La iglesia parroquial es el edificio más reconocible, con su espadaña recortándose contra el cielo castellano. No es una catedral escondida, ni falta que le hace: es el templo de un pueblo pequeño, con elementos sencillos de la arquitectura religiosa de la zona.
El verdadero interés de Taroda está en su conjunto urbano tradicional. Pasear por sus calles estrechas permite ver la arquitectura popular serrana tal cual: muros de mampostería, portones de madera castigados por el tiempo, corrales que en algunos casos siguen teniendo ganado. Solo con fijarse en cómo están construidas las casas se intuyen los inviernos largos y los veranos de siega.
Los alrededores del pueblo son paisaje meseteño en estado puro: campos de cultivo hasta el horizonte, caminos de tierra y pocos árboles. Según la época del año, todo cambia de color: verdes en primavera, dorados en verano, pardos en otoño. Desde algunos puntos algo elevados se abren buenas panorámicas sobre la comarca de Almazán, con esa sensación de horizonte interminable que o te engancha o te ahoga.
Qué hacer
Taroda se presta a un paseo tranquilo más que a grandes rutas. Los caminos rurales que salen del pueblo permiten caminar entre los campos, sin grandes desniveles pero con viento frecuente y poco resguardo. Es territorio de perdices, liebres y aves rapaces, y de una vegetación bien adaptada al clima continental: escasa sombra y mucho sol en verano.
La fotografía de paisaje funciona bien aquí, sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando la luz baja saca textura al cereal, a los rastrojos y a los muros de piedra. Buen sitio para practicar encuadres amplios y jugar con cielos y nubes, si las hay.
Si lo que buscas es desconectar de verdad, aquí es sencillo: no hay ruido, la cobertura del móvil puede fallar según la zona y la contaminación lumínica es mínima. En noches despejadas el cielo se ve muy bien, siempre que vengas abrigado: a poco que corra el aire, refresca bastante incluso en verano.
La gastronomía de la zona, aunque sin establecimientos en el propio pueblo, se encuentra en las localidades cercanas de la comarca. Allí podrás probar platos tradicionales sorianos como el tostón, las migas del pastor o las setas de temporada, una cocina contundente y pensada para este clima.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos sorianos, Taroda celebra sus fiestas patronales en verano, generalmente en agosto, cuando vuelven los que viven fuera. Son celebraciones pequeñas, muy de casa: actos religiosos, comidas en grupo, algo de música y muchas conversaciones al fresco.
El resto del año, el calendario litúrgico y las festividades vinculadas a la parroquia marcan los momentos de reunión. No hay grandes eventos, pero sí ese goteo de celebraciones que mantiene vivo el sentimiento de pertenencia entre quienes siguen vinculados al pueblo.
Lo que no te cuentan
Taroda se ve rápido. El casco urbano se recorre en menos de una hora con calma. Lo interesante, más que "hacer cosas", es asumir el ritmo del sitio: pasear, asomarte a los alrededores, charlar si surge con algún vecino y poco más.
Las fotos de campos infinitos y atardeceres pueden generar expectativas algo románticas. La realidad es más sobria: según el día, puedes encontrar cielos plomizos, viento y un paisaje muy seco. Conviene venir con la idea de que es una parada tranquila dentro de una ruta por Soria, no un destino para pasar varios días.
Cuándo visitar Taroda
La primavera y el principio del otoño son los momentos más agradables para caminar: temperaturas suaves y el campo con algo más de vida, ya sea verde o con los tonos cambiantes del final del verano.
En verano, los días pueden ser calurosos y el sol pega fuerte, pero las noches refrescan bastante, lo que se agradece si te quedas por la zona. El paisaje, eso sí, es más seco y amarillento.
El invierno aquí es serio: heladas frecuentes, posibles nevadas y sensación térmica baja. Tiene su atractivo para quien quiera ver la Castilla más dura, pero hay que venir muy bien abrigado y con el coche preparado.
Si llueve, el pueblo se puede recorrer igual, pero los caminos de tierra de los alrededores se embarran con facilidad, así que mejor limitarse al casco urbano o a la carretera.
Errores típicos al visitar Taroda
- Esperar "mucho que ver": Taroda es pequeño. No vengas pensando en monumentos, museos o rutas señalizadas. Es un paseo corto y una mirada al paisaje rural soriano actual.
- Calor y sol en verano: no hay apenas sombra. Olvidar gorra, agua y protector solar es mala idea si piensas caminar por los caminos.
- Subestimar el frío: incluso en mayo o septiembre, por la tarde-noche refresca más de lo que parece mirando solo la previsión. Lleva siempre una capa extra de abrigo.
Si solo tienes…
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo sin prisa por el casco urbano, acercándote a la iglesia.
- Asomarte a los caminos que salen del pueblo para ver el paisaje de la meseta.
- Parar a hacer unas cuantas fotos al horizonte y a los detalles de la arquitectura rural.
Si tienes el día entero
Taroda no da por sí solo para un día completo, pero encaja bien en una ruta por la comarca de Almazán. Puedes combinarlo con otros pueblos cercanos, parar a comer en una localidad mayor y dedicar a Taroda un rato de paseo tranquilo y algo de observación del paisaje al atardecer.