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sobre Casillas de Flores
Pequeño pueblo fronterizo rodeado de naturaleza salvaje; antiguas rutas de contrabando
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En las estribaciones de la Sierra de Gata salmantina, donde la provincia se encuentra con la frontera portuguesa, Casillas de Flores es uno de esos rincones que parece haberse quedado al margen de las prisas. Con poco más de 170 habitantes y a unos 850 metros de altitud, esta pequeña aldea de la comarca de Ciudad Rodrigo permite asomarse, sin grandes artificios, a la España rural que sigue funcionando a su ritmo.
El paisaje que rodea Casillas de Flores es de una belleza austera y serena. Dehesas de encinas centenarias, pastizales salpicados de ganado y un horizonte que se difumina entre lomas suaves forman un escenario muy abierto, de esos en los que el móvil pierde protagonismo en cuatro pasos. El silencio aquí es casi un habitante más, roto por el ganado, los pájaros y poco más.
Este municipio forma parte de ese grupo de pueblos salmantinos que conservan bastante bien su arquitectura tradicional, con casas de piedra y muros de mampostería que hablan de siglos de vida campesina. Casillas de Flores no es un “parque temático rural”, es un pueblo donde se sigue viviendo y trabajando, y eso se nota en los corrales, las huertas y las camionetas aparcadas en las puertas.
Qué ver en Casillas de Flores
El patrimonio de Casillas de Flores se manifiesta sobre todo en su arquitectura popular. Un paseo tranquilo por sus calles permite fijarse en las construcciones tradicionales de la zona, con viviendas de mampostería granítica y tejados de teja árabe que definen el carácter de la localidad. No hace falta un plano: se recorre fácil y en poco tiempo, con alguna que otra cuesta suave.
La iglesia parroquial, dedicada a la advocación local [VERIFICAR], marca el núcleo histórico del pueblo y es el edificio más reconocible. Más allá de esto, aquí no vas a encontrar grandes monumentos ni visitas guiadas: el interés está en el conjunto, en los detalles de las fachadas, las chimeneas, las portadas, los corrales y la forma en que el urbanismo se adapta al relieve.
El entorno natural es el gran atractivo de Casillas de Flores. La dehesa salmantina alcanza aquí un ejemplo muy claro, con un mosaico de encinas, alcornoques, prados y pequeñas parcelas de cultivo. Es buen terreno para observar aves: en invierno suelen verse grullas en la zona, y no es raro cruzarse con rapaces como milanos o águilas sobrevolando las fincas. La cigüeña negra y el águila imperial están presentes en la comarca, aunque verlas requiere paciencia, discreción y algo de suerte.
La proximidad a la Sierra de Gata confiere a la zona un relieve suavemente ondulado que invita a la exploración a pie. Los arroyos que atraviesan el término municipal crean pequeños valles donde la vegetación se hace más frondosa, con rincones agradables en primavera y otoño, cuando el campo está más vivo y el calor no aprieta.
Qué hacer
Casillas de Flores funciona bien como base tranquila para rutas de senderismo por la comarca. Los caminos rurales que conectan con las aldeas vecinas permiten recorridos de diversa longitud, siempre entre dehesas y con vistas abiertas de la penillanura salmantina. No esperes senderos hiperseñalizados en cada cruce: conviene llevar mapa, track en el móvil y algo de sentido común.
Estos caminos sirven tanto para caminatas sin prisa como para rutas en bicicleta de montaña. Hay cuestas, pero el relieve no es extremo; lo que más pesa es la distancia y el sol en los meses de verano.
La observación de fauna es otra de las actividades posibles. Además de las aves, la zona alberga poblaciones de ciervos, jabalíes y zorros que, con paciencia y manteniendo el silencio, pueden avistarse sobre todo a primera hora de la mañana o en el atardecer. No es un safari: algunos días verás animales y otros no, pero los atardeceres en la dehesa merecen la caminata.
En cuanto a la mesa, la gastronomía local sigue los patrones de la cocina salmantina tradicional. Productos de la matanza, embutidos ibéricos de la zona, legumbres de toda la vida y quesos artesanos son la base de una cocina sencilla, contudente y muy ligada al clima. En otoño, las setas completan los guisos y revueltos, siempre según cómo venga la temporada.
La cercanía a Ciudad Rodrigo (a unos 30 kilómetros) permite combinar la calma de Casillas de Flores con la visita a uno de los conjuntos monumentales importantes de Castilla y León, con su catedral, murallas y casco histórico amurallado. La idea sensata suele ser dormir tranquilo y dedicar unas horas a la ciudad.
Si solo tienes unas horas
Casillas de Flores se ve rápido. En una mañana o una tarde te da tiempo a:
- Pasear por el núcleo del pueblo, sin prisas, fijándote en casas, portones y corrales.
- Acercarte a la zona de dehesa más próxima al casco urbano por alguno de los caminos rurales.
- Sentarte un rato a simplemente escuchar el silencio, que aquí es bastante literal.
Si tu plan es más ambicioso, lo habitual es encajar Casillas de Flores dentro de una ruta más amplia por la Sierra de Gata salmantina y portuguesa.
Fiestas y tradiciones
Como en la mayoría de los pueblos de la comarca, las fiestas patronales se celebran durante el periodo estival, generalmente en agosto, cuando muchos emigrantes regresan al pueblo. Son días de verbenas, procesiones y comidas comunales, con un ambiente muy de reencuentro familiar y de amigos de siempre.
En los pueblos cercanos se conservan tradiciones como la matanza del cerdo en invierno, aunque en Casillas de Flores esta práctica se mantiene sobre todo en el ámbito privado, en casas concretas. Las festividades religiosas del calendario marcan el ritmo del año: Semana Santa, romerías de primavera y celebraciones menores que quizá no salgan en folletos, pero que siguen siendo importantes para la gente del pueblo.
Información práctica
Para llegar a Casillas de Flores desde Salamanca capital hay que recorrer aproximadamente 90 kilómetros por la carretera N-620 (o la autovía equivalente [VERIFICAR]) en dirección a Ciudad Rodrigo, y desde allí tomar carreteras secundarias hacia el oeste. El acceso suele estar bien señalizado, aunque se trata de carreteras comarcales donde conviene conducir sin prisas y con atención al ganado y a la fauna, sobre todo de noche. Desde Ciudad Rodrigo, la distancia ronda los 30 kilómetros.
Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo en invierno (el frío y las heladas aquí se notan) y algo de protección solar en primavera y verano: hay sombra de encinas, pero los trayectos entre fincas son muy expuestos. Los prismáticos tienen bastante sentido si te interesa la observación de aves. Y, dado el tamaño de la localidad, no está de más llevar algo de comida y agua extra, sobre todo si vas a enlazar rutas.
Cuándo visitar Casillas de Flores
La mejor época suele ser primavera (abril-mayo) y otoño (septiembre-octubre), cuando las temperaturas son suaves y el campo se ve más agradecido: verde, agua en los arroyos y días largos. El verano puede ser caluroso, con sol fuerte a mediodía, pero la altitud ayuda a que las noches refresquen. El invierno es frío, con posibles heladas y nieblas, pero tiene su punto si lo que buscas es calma total y paseos cortos por la dehesa.
Si llueve, los caminos pueden embarrarse bastante y los charcos aguantan días, así que mejor calzado que no te importe manchar y algo de ropa para cambiarte al volver.
Lo que no te cuentan
Casillas de Flores es pequeño y se recorre rápido. En una vuelta corta has visto el pueblo entero, así que, si vienes pensando en un casco histórico monumental o en un menú de actividades organizado, te vas a quedar un poco descolocado.
Las fotos de la zona pueden dar a entender un ambiente de turismo rural muy desarrollado; la realidad es distinta: aquí hay más vida cotidiana que “oferta turística”. Eso tiene su parte buena (paz, autenticidad y poco ruido) y su parte práctica: menos servicios, menos horarios amplios y más necesidad de venir con las cosas un poco pensadas.
Funciona mejor como parada en una ruta por la comarca o como base tranquila para moverte por los alrededores que como destino para estar varios días sin salir del pueblo. Si vienes con esa idea clara, Casillas de Flores se disfruta mucho más.