Artículo completo
sobre Alamedilla (La)
Pueblo fronterizo con Portugal conocido por su folclore y canciones tradicionales
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, donde las dehesas salmantinas dibujan un paisaje de encinas y muros de piedra seca, se encuentra La Alamedilla. Esta pequeña aldea de apenas 94 habitantes se alza a 756 metros de altitud y es un ejemplo bastante fiel de lo que sigue siendo la España rural de frontera con Portugal: pocas prisas, vida ligada al campo y un calendario marcado por el ganado y las estaciones.
La Alamedilla forma parte de ese territorio fronterizo que durante siglos miró tanto hacia Ciudad Rodrigo como hacia el otro lado de la raya. Sus calles, sencillas y funcionales, responden a una lógica agraria: casas de piedra, corrales, antiguas cuadras y pajares pegados al núcleo. No es un pueblo “de postal”, sino un lugar donde se ve con claridad cómo se ha vivido aquí durante generaciones.
¿Qué ver en Alamedilla (La)?
El patrimonio de La Alamedilla, aunque modesto, refleja bien su historia rural. La iglesia parroquial es el edificio más reconocible del pueblo, con su campanario visible desde los alrededores. La construcción no es monumental, pero sí representa la arquitectura religiosa tradicional de estos pueblos salmantinos, con sucesivas reformas que se aprecian en materiales y volúmenes.
Un paseo por el casco urbano permite entender la arquitectura popular salmantina sin maquillaje: viviendas de mampostería, sillares de granito en esquinas y vanos, portones de madera maciza y patios interiores donde aún se conservan útiles agrícolas, pilas de piedra o antiguos pesebres. Las bodegas excavadas, pajares y cuadras, algunas ya reconvertidas, cuentan mejor que ningún panel informativo de qué ha vivido este pueblo.
El entorno natural es, en realidad, el principal valor del lugar. Las dehesas que rodean La Alamedilla forman un mosaico de encinas, pastos y parcelas cerradas por paredes de piedra que resumen bien el paisaje del oeste salmantino. Desde los caminos que salen del pueblo se puede observar fauna común de la zona, sobre todo aves como cigüeñas, milanos y otras rapaces que patrullan el cielo.
Los caminos rurales conducen a pequeños altos y lomos que actúan como miradores naturales, desde los que se aprecia la amplitud del terreno, los cambios de color según la época del año y la estructura de fincas y cercados.
Qué hacer
La Alamedilla funciona mejor como punto de paseos tranquilos que como base de grandes rutas. Los viejos caminos que enlazan con aldeas cercanas permiten caminar sin complicaciones, cruzando arroyos estacionales, adentrándose en la dehesa y siguiendo los muros de piedra que marcan antiguas propiedades. No hay senderos señalizados “de catálogo”, pero sí una red de caminos tradicionales que sigue usando la gente del pueblo.
Para quien tenga paciencia y prismáticos, la observación de aves puede resultar entretenida, especialmente en cambios de estación. La cigüeña blanca y el milano real son fáciles de ver, y según la época se suman otras pequeñas especies ligadas a cultivos y pastizales.
En cuanto a gastronomía tradicional, aquí manda la cocina de matanza y de producto: embutidos de las dehesas de la zona, carnes, guisos sencillos y quesos de elaboración artesanal en la comarca. En temporada, en los alrededores pueden aparecer setas como níscalos o criadillas, siempre con la precaución de ir acompañado de alguien que conozca bien la zona y las especies [VERIFICAR normativa local de recolección].
La fotografía de paisajes tiene más sentido a primera y última hora del día, cuando la luz baja resalta las encinas, los muros de granito y las ondulaciones suaves del terreno. No hay grandes panorámicas espectaculares, pero sí escenas rurales limpias y silenciosas: una tenada, un rebaño al fondo, humo de alguna chimenea en invierno.
Fiestas y tradiciones
Como en muchos pueblos de la comarca, La Alamedilla celebra sus fiestas patronales en verano, generalmente en agosto, coincidiendo con el regreso de quienes emigraron. Son días de procesión, misa y reuniones informales en la plaza, pensados sobre todo para el reencuentro entre vecinos y familia.
Las celebraciones religiosas del año, como la Semana Santa, se viven en un ámbito reducido y familiar. No hay grandes pasos ni bandas, pero sí un tipo de religiosidad sobria, muy propia del campo charro.
En otoño, ligados a las labores agrícolas y al final del ciclo, se organizan encuentros y romerías sencillas, más centradas en reforzar los lazos del pueblo que en atraer forasteros. Si coincides, lo notarás por el movimiento en la plaza y junto a la iglesia; si llegas fuera de fechas, el ambiente será mucho más tranquilo.
¿Cuándo visitar La Alamedilla?
La primavera (abril-mayo) es cuando la dehesa está más verde, los pastos llenos y el paisaje resulta más agradecido para caminar. El otoño (septiembre-octubre) trae tonos dorados y temperaturas suaves, buenas para hacer rutas sin calor.
En verano, el atractivo principal son las fiestas y el ambiente de regreso de vecinos, pero las temperaturas pueden ser altas y el campo aparece más seco. El invierno es más frío y, si sale el día ventoso o lluvioso, el paseo se reduce prácticamente al casco urbano.
Si llueve, la visita se limita a callejear un rato por el pueblo y poco más: los caminos se embarran y el paisaje se disfruta menos, sobre todo si no conoces bien por dónde pisar.
Lo que no te cuentan
La Alamedilla es un pueblo muy pequeño que se recorre con calma en menos de una hora. Lo más interesante suele estar en los alrededores: la dehesa y los caminos. Conviene plantearlo más como parada dentro de una ruta por la comarca de Ciudad Rodrigo que como destino único para varios días.
Las fotos del entorno pueden dar sensación de grandes panorámicas o miradores espectaculares; la realidad es un paisaje suave, de proximidad, que se disfruta caminando y parando, no buscando un “gran punto de vista”.
No hay tiendas ni apenas servicios, así que es importante llegar con todo lo necesario ya comprado en Ciudad Rodrigo o en otra localidad cercana. Este tipo de pueblos están pensados para vivir, no para hacer turismo organizado.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, La Alamedilla está a unos 90 km dirección Ciudad Rodrigo, combinando tramos de carretera principal con vías secundarias. El trayecto ronda la hora y cuarto, según tráfico y paradas. Desde Ciudad Rodrigo, la distancia es de alrededor de 20 km, por carreteras locales en buen estado pero con poco tráfico y algunas curvas.
Consejos:
- Lleva calzado cómodo para caminar por caminos de tierra y alguna calle con firme irregular.
- Llega con el depósito de gasolina lleno y la compra hecha; no esperes servicios continuos.
- Si caminas por la dehesa, respeta siempre propiedades privadas, cancelas y portones cerrados, y mantén distancia con el ganado.
- En verano, protégete bien del sol: hay tramos de camino con poca sombra en las horas centrales del día.
Si solo tienes 1–2 horas
- Paseo tranquilo por el casco urbano, acercándote a la iglesia y a la plaza.
- Salir por uno de los caminos cercanos al pueblo para asomarte a la dehesa y tener una primera impresión del paisaje charro.
Errores típicos
- Llegar pensando en un destino turístico al uso, con bares abiertos todo el día y oferta de actividades.
- Confiar en pagar con tarjeta o sacar dinero en el pueblo: lleva efectivo y todo lo básico resuelto desde antes.
- Meterse por caminos entre fincas sin preguntar, cruzando cancelas o molestando al ganado.
- Ir en pleno verano a mediodía sin agua ni protección solar, pensando que “solo es un paseíto por el campo”.