1858. La Encina. Arco del ferrocarril por Isabel II.jpg
Charles Clifford · Public domain
Castilla y León · Cuna de Reinos

La Encina

Municipio caracterizado por su paisaje de dehesa densa y encinas centenarias

95 habitantes · INE 2025
797m altitud

Por qué visitarlo

Iglesia de San Juan Rutas botánicas

Mejor época

primavera

San Juan (junio) junio

Qué ver y hacer
en La Encina

Patrimonio

  • Iglesia de San Juan
  • Encinas monumentales

Actividades

  • Rutas botánicas
  • Fotografía

Fiestas y tradiciones

Fecha junio

San Juan (junio)

Las fiestas locales son el momento perfecto para vivir la autenticidad de La Encina.

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sobre La Encina

Municipio caracterizado por su paisaje de dehesa densa y encinas centenarias

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En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, donde los campos salmantinos se extienden en suaves ondulaciones hasta perderse en el horizonte, se encuentra La Encina, una pequeña aldea que parece detenida en el tiempo. Con apenas un centenar de habitantes y situada a 797 metros de altitud, este diminuto núcleo rural representa bien la esencia de la España interior, donde el silencio solo se rompe con el canto de los pájaros, algún tractor y el murmullo del viento entre las piedras centenarias.

Lejos de las rutas turísticas masificadas, La Encina mantiene algo que en otros sitios ya se ha perdido: vida diaria sin artificios. Sus calles, muchas de tierra o empedradas a tramos, sus casas de piedra con portones de madera gastada y su arquitectura tradicional salmantina componen un escenario sobrio, sin adornos, que ayuda a bajar revoluciones y a entender mejor cómo se vive en estos pueblos. Aquí todavía se ve a la gente en la puerta de casa al atardecer y se sabe quién pasa por la carretera solo por el ruido del coche.

La comarca de Ciudad Rodrigo, fronteriza con Portugal y cargada de historia, encuentra en lugares como La Encina su cara más rural y tranquila, lejos de murallas, monumentos y visitas guiadas.

Qué ver en La Encina

El patrimonio de La Encina es discreto pero genuino, como corresponde a una aldea de estas dimensiones. Su iglesia parroquial, de factura tradicional, es el epicentro arquitectónico del pueblo y un buen ejemplo de la arquitectura religiosa rural salmantina. Aunque modesta en comparación con las grandes construcciones de la comarca, conserva esa atmósfera recogida de los templos rurales que han servido durante siglos como punto de encuentro de la comunidad. Conviene comprobar in situ si está abierta, porque en pueblos tan pequeños muchas veces se mantiene cerrada fuera de los oficios.

Recorrer las calles de La Encina es más un ejercicio de observación que de “hacer cosas”: construcciones tradicionales de piedra y adobe, corrales que todavía mantienen su uso agrícola y ganadero, pajares medio abiertos, y pequeños rincones donde el tiempo parece haberse detenido conforman un conjunto etnográfico sencillo pero coherente. Las antiguas fuentes y abrevaderos recuerdan la importancia que el agua ha tenido siempre en estas tierras de secano; muchas veces están algo deteriorados, pero forman parte real del paisaje del pueblo, no de una postal.

El entorno natural de La Encina es típicamente castellano: extensas dehesas de encinas (que seguramente dieron nombre al pueblo), campos de cultivo que cambian de color según la estación y un paisaje abierto que invita a caminar sin prisas bajo el amplio cielo de Salamanca. La fauna incluye especies propias de la zona, como perdices, liebres y diversas rapaces que pueden observarse sobrevolando los campos si se está un rato en silencio y sin prisas.

Qué hacer

La Encina es un destino para el turismo contemplativo y el senderismo tranquilo. Los alrededores del pueblo permiten salir a caminar por caminos rurales que conectan con otras aldeas de la comarca, sin grandes desniveles pero con bastante exposición al sol, así que conviene planear bien las horas en verano y llevar agua de sobra, porque no hay fuentes en cada cruce de caminos.

A pie o en bicicleta se puede ir enlazando pistas y pequeñas carreteras, siempre con la dehesa como telón de fondo. No hay senderos señalizados al estilo de las zonas más turísticas, así que es buena idea llevar un mapa o un track en el móvil para no acabar dando más vuelta de la cuenta.

La observación de aves encaja muy bien aquí, especialmente durante las migraciones. El cielo despejado y la ausencia de contaminación lumínica hacen de La Encina un buen lugar para mirar el firmamento nocturno si te quedas a dormir por la zona; con una simple manta y algo de abrigo en las noches frescas, el cielo da juego. En noches frías, la sensación térmica baja rápido, así que mejor no fiarse de la temperatura del mediodía.

En cuanto a la gastronomía, aunque La Encina no cuenta con establecimientos propios debido a su pequeño tamaño, la comarca de Ciudad Rodrigo es conocida por sus productos del cerdo ibérico, el farinato (embutido típico salmantino), el hornazo y los guisos de caza. Lo habitual es usar La Encina como parada en una ruta más amplia y comer en los pueblos cercanos o en la propia Ciudad Rodrigo, donde se pueden probar estos platos acompañados de vinos de la zona.

La cercanía con Portugal, a relativamente pocos kilómetros, permite organizar escapadas transfronterizas, combinando la visita a La Encina con la exploración de aldeas lusas de carácter muy parecido, compartiendo paisaje pero con otra forma de vivirlo.

Fiestas y tradiciones

Como en la mayoría de los pueblos castellanos, las fiestas patronales son el momento del año en que La Encina recupera su máxima vitalidad. Celebradas normalmente en verano [VERIFICAR], estas fiestas reúnen a vecinos, antiguos residentes y gente de los alrededores en torno a celebraciones religiosas, verbenas populares y comidas comunitarias que mantienen vivas las tradiciones.

Las festividades del calendario litúrgico, especialmente la Semana Santa y las celebraciones marianas, se viven con la sencillez y devoción características de los núcleos rurales pequeños. Si coincides con alguna de estas fechas, es cuando más fácil resulta ver el pueblo “en movimiento” y entender la relación que mantienen los que se fueron con su lugar de origen.

Cuándo visitar La Encina

La primavera (abril-mayo) y el otoño (septiembre-octubre) son, en general, los momentos más agradables: temperaturas suaves, días largos y el campo en tonos verdes o dorados, según la época. En verano el calor aprieta, y los paseos a media tarde se hacen pesados; lo mejor es madrugar o esperar al atardecer. A cambio, es cuando suelen celebrarse las fiestas y cuando más gente hay.

El invierno muestra la cara más austera de la meseta: días fríos, a veces viento y un paisaje más desnudo. Tiene su atractivo si te gusta esa sensación de “pueblo en silencio”, pero conviene ir abrigado y no confiarse con los horarios de luz, que son cortos.

Con lluvia, los caminos de tierra pueden embarrarse bastante, así que si quieres hacer rutas es mejor revisar la previsión y tener siempre un plan B más corto o por asfalto. En días muy húmedos, el barro de la zona se pega bastante a las botas y a las ruedas del coche.

Si solo tienes…

Si solo tienes 1–2 horas

Te da tiempo de sobra a recorrer todo el casco, acercarte a la iglesia, asomarte a las afueras para ver la dehesa y quizá sentarte un rato a escuchar el silencio. A ritmo muy tranquilo, en una hora has visto lo principal.

Si tienes el día entero

Tiene más sentido combinar La Encina con otros pueblos de la comarca o con Ciudad Rodrigo. Puedes dedicar una mañana a caminar por los alrededores, comer fuera (en otro pueblo o en Ciudad Rodrigo) y dejar la tarde para otro núcleo cercano o para cruzar la frontera hacia Portugal.

Lo que no te cuentan

La Encina es muy pequeña y se recorre entera a pie en menos de una hora, incluso parando a mirar. Si vienes expresamente desde lejos esperando un pueblo monumental o muchas visitas, es fácil salir con la sensación de que “no hay nada”. Funciona mejor como parada dentro de una ruta por la comarca de Ciudad Rodrigo que como destino único de varios días.

Las fotos pueden engañar un poco: el pueblo es fotogénico en algunos rincones, pero no está “preparado para el turismo”. Hay casas arregladas y otras en ruina, calles sin asfaltar y nula oferta de ocio más allá del paseo y la observación del entorno. Precisamente ahí está parte de su interés, pero conviene saberlo antes de ir. Si necesitas servicios (bares, tiendas, cajero…), lo práctico es venir ya previsto o asumir que tocará desplazarse a otro municipio.

Errores típicos

  • Ir sin coche pensando en moverse en transporte público: las conexiones son muy escasas o inexistentes según el día. Para llegar y moverse por los alrededores, el vehículo propio es casi obligatorio.
  • Sobreestimar el tiempo que se necesita en el pueblo: La Encina se ve rápido; si vas a dedicarle una jornada completa, lo recomendable es combinarlo con otros pueblos o con Ciudad Rodrigo.
  • Elegir mal las horas de visita en verano: el sol cae a plomo y hay poca sombra en los caminos; mejor primera hora de la mañana o últimas de la tarde para pasear.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Ciudad Rodrigo
Código INE
37119
Costa
No
Montaña
No
Temporada
primavera

Habitabilidad y Servicios

Datos clave para vivir o teletrabajar

2024
TransporteTren a 14 km
SaludHospital a 28 km
EducaciónColegio
Vivienda~5€/m² alquiler · Asequible
CostaPlaya cercana
Fuentes: INE, CNMC, Ministerio de Sanidad, AEMET

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