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sobre Martiago
Pueblo fronterizo con Cáceres rodeado de robledales; zona de interés micológico y cinegético
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En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, a unos 800 metros de altitud, Martiago es uno de esos pueblos pequeños donde todo se hace a otro ritmo. Con unos 250 habitantes, esta aldea salmantina mantiene una vida tranquila, de campo, sin artificios. Aquí se oye más el tractor que el tráfico, y por la tarde se sigue saliendo al fresco a la puerta de casa.
Rodeado de un paisaje de dehesas y campos de cultivo, Martiago tiene sentido para quienes quieren parar un poco y ver cómo se vive en el campo charro sin grandes monumentos ni reclamos turísticos. Sus casas de piedra y adobe, sus calles estrechas y su arquitectura tradicional se recorren en poco tiempo, pero ayudan a entender el día a día de un pueblo que no vive del turismo.
La ubicación de Martiago, en las estribaciones de la Sierra de Gata, lo convierte más en buen punto de base o de parada que en destino de varios días: desde aquí se sale fácil hacia Ciudad Rodrigo, hacia la frontera con Portugal o hacia rutas por la sierra.
¿Qué ver en Martiago?
El principal patrimonio de Martiago es su iglesia parroquial, que preside la plaza del pueblo con su arquitectura sencilla y rural. Como en muchos pueblos de la comarca, el templo es sobre todo lugar de reunión: ahí se cruza la gente, se comentan las noticias y se ve quién ha venido al pueblo el fin de semana.
Pasear por las calles de Martiago es ver la arquitectura popular salmantina sin maquillajes: casas de mampostería de granito, portones de madera grandes para meter el carro o el tractor, corrales y huertos pegados a la vivienda. Los antiguos lagares y bodegas excavadas en la roca recuerdan épocas en las que el vino tenía más peso en la economía local; hoy muchos se usan de almacén o han quedado en desuso, pero siguen ahí como huella de otro tiempo.
El entorno natural es, en la práctica, lo más interesante si te gusta andar. Los campos de encinas y robles forman un paisaje de dehesa típico de Salamanca, con vacas, ovejas y fincas ganaderas. Con algo de paciencia se pueden ver cigüeñas, milanos y otras rapaces; lo del águila imperial es más lotería que otra cosa [VERIFICAR]. Al atardecer, saliendo por los caminos que rodean el pueblo, se tienen buenas vistas hacia las sierras de la frontera.
Qué hacer
Martiago funciona bien para senderismo tranquilo y cicloturismo rural. Los caminos que salen del casco urbano son pistas anchas, usadas por el ganado y los agricultores, sin grandes desniveles, pensadas más para pasear que para hacer grandes hazañas. La cercanía a la Sierra de Gata abre la puerta a rutas más serias, pero ahí ya hay que coger coche y acercarse a los puntos de inicio.
La gastronomía local es la de la comarca de Ciudad Rodrigo: hornazo, farinato, patatas meneás y embutidos ibéricos. Si te organizas bien, puedes combinar la visita al pueblo con una comida en algún sitio de los alrededores o comprar producto en la zona. En otoño suelen aparecer níscalos y setas de cardo, aunque la disponibilidad cambia mucho según el año y la lluvia.
Para el turismo cultural, Martiago sirve como base tranquila para visitar Ciudad Rodrigo, a menos de 30 kilómetros, con su catedral y recinto amurallado. También puede ser excusa para acercarse a las antiguas fortificaciones fronterizas y a otros pueblos con más patrimonio construido.
La proximidad a Portugal permite escapadas rápidas a aldeas de Beira Alta, con sus casas de pizarra y granito y otra forma de entender la frontera: aquí se pasa de un país a otro en un rato de coche, casi como quien cambia de comarca.
Fiestas y tradiciones
Como en toda la comarca, el calendario festivo de Martiago gira en torno a las celebraciones religiosas tradicionales. Las fiestas patronales se celebran en verano, normalmente en agosto, con verbenas, misa, procesión y actividades que sirven de reencuentro para la gente del pueblo y los que vuelven esos días.
La romería es otro momento importante, cuando vecinos y gente vinculada al pueblo salen al campo a pasar el día, comer y mantener vivas costumbres que ya solo se ven en pueblos pequeños. En estas fechas se pueden ver bailes y escuchar música tradicional, pero no esperes un gran programa turístico organizado.
En invierno, sobre todo en Navidad, se mantienen costumbres como el canto de aguinaldos y las reuniones en torno a la lumbre. Es la época más tranquila y quizá la más auténtica, pero también la más fría y con menos vida en la calle.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, se llega a Martiago por la N-620 en dirección a Ciudad Rodrigo y luego por carreteras locales. El trayecto ronda los 90 kilómetros y se hace en alrededor de una hora y cuarto, según tráfico y estado de la vía. Desde Ciudad Rodrigo, la distancia es de unos 25 kilómetros por carreteras comarcales, con curvas pero sin complicación especial.
Consejos prácticos: Martiago es un pueblo pequeño, con servicios muy básicos y sin infraestructuras pensadas para el turismo. Lo más sensato es dormir en Ciudad Rodrigo o en otro pueblo cercano con más oferta, y venir aquí a pasar unas horas. Para moverte por los caminos, trae calzado cómodo y algo de agua, porque no hay bares ni fuentes por el campo. En invierno abriga bien: la altitud y el viento hacen que el frío se note. En verano, gorra y protección solar si vas a caminar fuera del casco urbano.
Cuándo visitar Martiago
La primavera (abril-mayo) es cuando la dehesa está más verde y hay más vida en el campo. El otoño (septiembre-octubre) tiene buenos colores, temperaturas más suaves y es buena época si te interesan las setas.
En verano hay más ambiente porque coinciden fiestas y vacaciones, pero hace calor y las horas centrales del día se hacen largas al sol. El invierno es para quien busca calma total y no le importa el frío ni los días cortos; es buen momento para combinarlo con una visita más urbana a Ciudad Rodrigo.
Lo que no te cuentan
Martiago se ve rápido: el casco urbano se recorre en una hora larga con calma. El interés está más en el entorno y en usarlo como excusa para conocer mejor la comarca que en venir expresamente varios días solo aquí.
Si vienes con la idea de encontrar muchas tiendas, bares y actividades organizadas, te vas a frustrar. Es un pueblo de vida real, con pocos servicios y costumbres de siempre. Para algunos, eso es precisamente lo que buscan; para otros, mejor plantearlo como parada dentro de una ruta más amplia por Ciudad Rodrigo, Sierra de Gata y la frontera con Portugal.
Si solo tienes…
- Si solo tienes 1–2 horas: paseo por el casco urbano, parada en la plaza y vuelta corta por alguno de los caminos que salen del pueblo para asomarte a la dehesa.
- Si tienes el día entero: combina Martiago con Ciudad Rodrigo o con una ruta por la Sierra de Gata. El pueblo te llevará poco tiempo; el resto del día cunde más en los alrededores.
- Si vas con niños: mejor centrar la visita en los caminos anchos alrededor del pueblo, donde pueden andar o ir en bici sin tráfico, y en la plaza. No hay grandes atracciones, pero sí espacio para correr y campo abierto.
Errores típicos
- Sobrevalorar el tiempo de visita: se necesita poco tiempo para ver el pueblo. Reserva más horas para los alrededores, rutas o la visita a Ciudad Rodrigo.
- Contar con servicios que no existen: no des por hecho que vas a encontrar cajero, gasolinera o restaurantes en el propio Martiago. Planifica antes en Ciudad Rodrigo u otro núcleo grande.
- Ir en pleno verano a las horas centrales: el sol cae fuerte y hay pocos espacios de sombra fuera del casco urbano. Mejor madrugar o aprovechar las últimas horas de la tarde para caminar.