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sobre Zamarra
Municipio disperso con restos arqueológicos y entorno de dehesa; muy despoblado y tranquilo
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En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, donde las tierras salmantinas se aproximan a la frontera portuguesa, Zamarra se asienta discreta sobre una colina a unos 776 metros de altitud. Con unos 70 habitantes, este pequeño núcleo rural es uno de esos pueblos donde todavía se sabe quién es cada cual y las cosas se siguen haciendo al ritmo del campo.
El paisaje que rodea Zamarra es el típico de la penillanura salmantina: dehesas de encinas y robles, campos de cultivo que cambian de color según la estación y ese cielo enorme que manda sobre todo. La piedra dorada de sus construcciones tradicionales se integra bien en este entorno, sin estridencias ni elementos “de postal” añadidos a última hora.
Visitar Zamarra es ir a la España rural más tranquila, donde el silencio solo se rompe con el canto de los pájaros, algún tractor y el saludo de los vecinos. Es un sitio para estar un rato, pasear sin prisa y entender cómo se vive en estos pueblos pequeños que aguantan como pueden el paso del tiempo.
¿Qué ver en Zamarra?
El patrimonio arquitectónico de Zamarra, aunque modesto en tamaño, refleja la historia de estas tierras de frontera. La iglesia parroquial preside el núcleo urbano con su robusta fábrica de piedra, típica de las construcciones religiosas de la comarca de Ciudad Rodrigo. Su torre campanario se ve desde los caminos de alrededor y funciona casi como faro del pueblo, marcando también la vida diaria con las campanadas.
Recorrer las calles de Zamarra es fijarse en la arquitectura popular salmantina: casas de piedra con portones de madera, algún balcón de forja y muchos detalles que recuerdan que aquí se ha vivido del ganado y del campo durante generaciones. Los muros de mampostería y las cubiertas de teja árabe forman un conjunto sencillo, sin grandes restauraciones, que mantiene su carácter original. No hay muchas concesiones a lo “bonito para la foto”; lo que se ve es lo que hay.
En los alrededores del pueblo, las dehesas ofrecen paisajes amplios, sobre todo en primavera, cuando los pastos se ponen verdes y las encinas dan sombra al ganado. No es un paisaje espectacular en el sentido turístico, pero sí muy honesto: es exactamente lo que se ve desde la carretera cuando se cruza esta zona de Salamanca.
Qué hacer
Zamarra puede servir como punto de partida para realizar rutas de senderismo suaves por la comarca de Ciudad Rodrigo. Los caminos rurales que salen del pueblo permiten adentrarse en la dehesa, ver ganado, alguna fauna autóctona y disfrutar de panorámicas abiertas sobre las tierras cercanas a la frontera. No hay grandes desniveles ni cumbres; son paseos llanos o con ligera ondulación, más para caminar y mirar que para hacer “hazañas” deportivas. Conviene llevar mapa o aplicación de senderos, porque la señalización es escasa o inexistente.
La gastronomía local es la propia de la zona de Ciudad Rodrigo: farinato, hornazo, potajes, asados y muy buenas carnes. En Zamarra no hay una oferta hostelera propia, así que lo habitual es comer o alojarse en los pueblos mayores, especialmente en Ciudad Rodrigo, y acercarse al pueblo a pasar unas horas.
Para quienes disfrutan con el turismo ornitológico, los alrededores de Zamarra permiten avistar especies típicas de la dehesa como cigüeñas, milanos, buitres y distintas aves esteparias, sobre todo si se camina un poco por las pistas rurales. El cielo limpio y la poca contaminación lumínica hacen que, en noches despejadas, sea también un buen lugar para mirar estrellas sin más equipo que una chaqueta y paciencia.
La proximidad a Ciudad Rodrigo (aproximadamente 15 kilómetros) permite combinar la calma absoluta de Zamarra con la visita a una de las ciudades históricas de la provincia, con su conjunto amurallado y su casco antiguo bien conservado.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en verano, cuando muchos vecinos que viven fuera vuelven al pueblo. El ambiente es el de tantas localidades pequeñas de la zona: verbenas, juegos, comidas compartidas y mucha vida en la plaza durante unos días que rompen la rutina anual. El programa cambia según el año, pero lo habitual es que todo gire en torno a la iglesia y la plaza.
Como en toda la comarca, las festividades del ciclo pascual tienen importancia, con celebraciones que mantienen rituales heredados de generaciones anteriores. La Semana Santa se vive de forma más íntima que en las ciudades, con menos aparato pero con la implicación de quienes siguen residiendo en el pueblo.
En invierno, la matanza tradicional continúa siendo en muchas casas un acontecimiento social y familiar. De ahí salen los embutidos y conservas que alimentan el resto del año. No está pensada para visitantes ni se programa como actividad, es un trabajo duro que se comparte entre familia y amigos.
Lo que no te cuentan
Zamarra es pequeño y se ve rápido. Un paseo pausado por el pueblo y algo de tiempo para caminar por los alrededores puede ocupar una mañana o una tarde, pero no es un destino para quedarse varios días salvo que busques precisamente aislamiento y rutina de campo.
Las fotos de la dehesa pueden dar sensación de paisaje “épico”; en realidad, la clave aquí está en los detalles y en la calma. Si lo que buscas son grandes monumentos o muchos servicios, te interesará más usar Zamarra como excursión breve desde Ciudad Rodrigo que como base principal del viaje.
Aquí no hay tiendas, ni bares con horarios amplios, ni apenas servicios. Conviene llegar ya con todo lo que vayas a necesitar y con la idea de que vienes a pasear y poco más.
Cuándo visitar Zamarra
La primavera (abril-mayo) y el comienzo del otoño (septiembre-octubre) son buenos momentos para venir: temperaturas suaves, campo más verde y días suficientemente largos para caminar a gusto. En verano el calor aprieta a mediodía, pero las noches refrescan y el cielo estrellado se disfruta mejor.
El invierno es frío y, algunos días, algo desapacible. A cambio, es cuando más se aprecia el silencio y el ritmo de los pueblos que viven de puertas adentro. Si llueve, el plan se reduce a pasear poco y mirar mucho, o combinar la visita con Ciudad Rodrigo, donde hay más refugios bajo techo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Salamanca capital, se accede a Zamarra por la autovía A‑62 en dirección a Ciudad Rodrigo y, desde allí, por carreteras comarcales. El trayecto ronda los 90 kilómetros. Desde Ciudad Rodrigo, la distancia es de aproximadamente 15 kilómetros por carretera local.
Consejos:
- Zamarra no cuenta con servicios turísticos en el propio pueblo, así que conviene resolver alojamiento y comidas en Ciudad Rodrigo u otros núcleos cercanos de mayor tamaño.
- Mejor venir con coche propio o de alquiler; el transporte público es muy limitado [VERIFICAR].
- Lleva calzado cómodo para andar por caminos de tierra y algo de abrigo incluso en verano por la noche: la altitud se nota cuando cae el sol.
Si solo tienes unas horas
Con una mañana o una tarde basta para:
- Dar una vuelta tranquila por el pueblo y su iglesia.
- Bajar por algún camino ganadero cercano para ver la dehesa de cerca.
- Acercarte después a Ciudad Rodrigo para completar el día con una visita más monumental.
Errores típicos
- Esperar demasiada “oferta turística”: Zamarra es un pueblo vivo, no un parque temático. No hay oficinas de turismo, ni visitas guiadas, ni tiendas de recuerdos.
- Llegar a última hora del día en invierno: anochece pronto y, sin iluminación ornamental ni mucho movimiento en la calle, la visita se queda en poco.
- Confiar en encontrar servicios básicos: si necesitas combustible, cajero o un supermercado grande, resuélvelo antes en Ciudad Rodrigo u otra localidad de paso.