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sobre Cidones
Iglesia de San Miguel;Embalse de Cuerda del Pozo
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¿Sabes cuando pasas por un sitio en coche y piensas: “aquí no habrá mucho”… y luego paras cinco minutos y te das cuenta de que el lugar tiene más miga de lo que parecía? El turismo en Cidones va un poco por ahí. No es un pueblo que te entre por los ojos en Instagram ni uno de esos que salen en todos los listados. Pero cuando bajas del coche y das una vuelta sin prisa, empiezas a entender cómo se vive aquí.
Esto no va de monumentos enormes ni de colas para hacerse fotos. Va más bien de ritmo de pueblo, de monte alrededor y de calles donde todavía se reconoce la vida diaria.
El pueblo y sus raíces
Cidones está a algo más de mil metros de altura y rodeado de pinares que lo envuelven casi por completo. En verano el verde es muy intenso; en otoño el monte cambia de tono y el paseo se vuelve bastante agradecido.
El casco urbano sigue la lógica de muchos pueblos de la zona: casas de piedra, muros con parras en algunos patios y calles estrechas donde el coche pasa despacio o directamente se queda aparcado fuera. No es un conjunto monumental al uso, pero sí ese tipo de arquitectura rural que todavía se mantiene porque la gente sigue viviendo aquí.
La Plaza Mayor funciona como punto de reunión. La iglesia de Nuestra Señora del Carmen marca el centro del pueblo y suele ser la referencia para orientarte cuando empiezas a callejear. El edificio actual ha tenido reformas a lo largo del tiempo —algo bastante habitual en iglesias de pueblos pequeños— y su campanario se ve desde buena parte de los caminos cercanos.
Si te gusta caminar sin rumbo, lo mejor es hacer justo eso: dar una vuelta tranquila por las calles. En algunos patios aún se ven chimeneas tradicionales y balcones de madera oscura que siguen cumpliendo su función, no están ahí como decoración.
Monte alrededor, pinos y silencio
En cuanto sales del núcleo urbano empiezan los pinares. Mucho pino laricio, pistas forestales y claros donde el monte respira un poco. Es el paisaje típico de esta parte de la provincia de Soria: bosque ordenado, suelo de agujas de pino y ese olor a resina cuando el sol aprieta.
En temporada de setas mucha gente se mueve por aquí a buscar níscalos o boletus, aunque lo habitual es ir con alguien que conozca bien el terreno. No es buena idea improvisar demasiado con las setas.
Cerca del pueblo hay fuentes y antiguos lavaderos que recuerdan hasta qué punto el agua ha sido siempre parte de la vida diaria. Son lugares sencillos: piedra, un caño, a veces un pequeño pilón. Pero cuando estás caminando un rato se agradece parar un momento.
Los caminos forestales no están señalizados como en un parque natural muy preparado, pero se caminan bien. Algunos suben hacia zonas más altas del monte y otros se pierden entre pinares donde apenas se oye nada más que el viento.
Paseos sin complicarse demasiado
Aquí el senderismo es bastante simple: pistas anchas que durante décadas han servido para sacar madera, mover ganado o conectar distintos parajes del monte.
A primera hora de la mañana el paseo cambia bastante. El aire suele ser más frío y el bosque huele fuerte a pino. En otoño, con nieblas bajas algunos días, el paisaje tiene ese aspecto un poco silencioso que hace que camines más despacio sin darte cuenta.
Quien venga buscando cascadas grandes o rutas muy espectaculares quizá se quede esperando algo que no aparece. El río Buitrago pasa por la zona, pero no forma saltos de agua llamativos. Aquí el atractivo es otro: caminar un rato sin cruzarte con casi nadie.
Comer por la zona
En Cidones la oferta es pequeña, como en muchos pueblos de este tamaño. Lo que suele encontrarse gira alrededor de cocina de siempre: migas con sus acompañamientos, cordero, embutidos y platos contundentes que en invierno se agradecen bastante.
También es bastante habitual moverse a pueblos cercanos o incluso acercarse a Soria capital, que está a pocos kilómetros en coche. Allí la oferta es más amplia, aunque muchos productos siguen viniendo del mismo entorno rural.
En temporada de setas, cuando el monte acompaña, es fácil que aparezcan en muchos platos de la zona.
Fiestas de verano, ambiente de pueblo
Las celebraciones principales suelen concentrarse en verano, alrededor de la festividad de la Virgen del Carmen. Son fiestas de pueblo en el sentido más literal: procesión, música en la plaza, vecinos que vuelven esos días y bastante vida en la calle por la noche.
No hay grandes escenarios ni programas enormes. Más bien ese ambiente en el que la gente se conoce, se saludan por su nombre y los visitantes se mezclan sin demasiado protocolo.
En Navidad el ritmo cambia: reuniones familiares, algo de actividad en torno a la iglesia y días tranquilos con el frío típico de la zona.
¿Merece la pena parar en Cidones?
Cidones no juega a impresionar. Es más bien ese tipo de sitio donde paras un rato, das un paseo por el pueblo, te metes un poco en el pinar y entiendes cómo es la vida en esta parte de Soria.
Si vienes esperando monumentos o un casco histórico lleno de cosas que ver, probablemente te sabrá a poco. Si lo que te apetece es un pueblo real, con monte alrededor y sin demasiado ruido, entonces sí tiene su punto. A veces basta con eso.