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sobre Fuentecantos
Iglesia de San Miguel;Laguna de Fuentecantos
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¿Sabes cuando paras el coche en un pueblo y en diez segundos ya tienes claro de qué va el sitio? Con Fuentecantos me pasó algo así. Venía por la carretera con niebla baja sobre los campos y, al entrar, apenas vi unas cuantas calles y la torre de la iglesia. Turismo en Fuentecantos no significa monumentos grandes ni una lista larga de cosas que tachar: es más bien asomarse a un pueblo pequeño de verdad, de los que todavía funcionan al ritmo del campo.
Viven aquí alrededor de 65 personas y el pueblo está a más de mil metros de altitud, en la provincia de Soria. Eso se nota sobre todo en invierno, cuando el frío aprieta y las casas parecen construidas pensando más en resistir que en lucirse.
Un paseo corto por el pueblo
Fuentecantos se recorre en muy poco tiempo. No es el tipo de sitio donde vas saltando de monumento en monumento. Aquí lo que hay son calles tranquilas, casas de piedra bastante sobrias y tejados pensados para aguantar nieve y heladas.
La plaza gira alrededor de la iglesia parroquial de San Juan Bautista. No es una iglesia que atraiga excursiones enteras, pero encaja muy bien con el carácter del pueblo: muros gruesos, ventanas pequeñas y un campanario que se ve desde los campos de alrededor. Todo bastante funcional, como suele pasar en esta parte de Soria.
El nombre del pueblo viene de las fuentes que hay en los alrededores. Algunas siguen ahí, sencillas, hechas en piedra. Nada monumental, pero ayudan a entender cómo se organizaban estos pueblos cuando el agua era un asunto práctico del día a día.
El paisaje alrededor: campo abierto
Si sales del casco urbano, en dos minutos estás rodeado de campos de cereal. Es el paisaje típico de esta zona soriana: parcelas amplias, caminos agrícolas y horizontes muy abiertos.
En primavera el verde lo ocupa casi todo. En verano y otoño la cosa cambia a tonos más secos, más dorados. Es un paisaje sencillo, pero tiene ese punto hipnótico que aparece cuando te quedas un rato mirando cómo se mueve el viento sobre el cereal.
También es buen lugar para fijarse en las aves más comunes del campo. No hay observatorios ni carteles explicativos; aquí simplemente miras al cielo o a los cables de la luz y ves lo que haya ese día.
Caminos que conectan con otros pueblos
Desde Fuentecantos salen varios caminos agrícolas que enlazan con pueblos cercanos como La Matilla o Villaciervos. Son rutas fáciles, de las que se pueden hacer andando sin demasiada preparación.
Eso sí, conviene llevar el móvil con un mapa o una app de senderismo. Muchos caminos se parecen entre sí y, cuando todo alrededor son campos, es fácil despistarse un poco.
Aun así, caminar por aquí tiene algo muy simple y muy agradable: silencio, aire frío y casi ningún coche pasando.
Comer en la zona
En pueblos tan pequeños la cocina sigue siendo la de siempre: platos contundentes pensados para el clima y para jornadas largas de trabajo.
Por la zona es habitual encontrar legumbres guisadas —judías o alubias—, embutidos y carnes de la tierra acompañadas de pan de hogaza. Nada sofisticado, pero es el tipo de comida que te deja claro dónde estás.
Un buen punto para moverse por la zona
Mucha gente que pasa por Fuentecantos lo hace dentro de una ruta más amplia por la provincia de Soria. En pocos kilómetros tienes varios pueblos pequeños y bastante campo para recorrer en coche o andando.
En el propio pueblo no suele haber demasiados servicios turísticos, así que si la idea es quedarse a dormir normalmente toca buscar alojamiento en localidades cercanas.
Un pueblo pequeño que sigue a lo suyo
Lo que más me llamó la atención de Fuentecantos es que no parece vivir pendiente de que alguien venga a verlo. El pueblo sigue con su rutina: campo, ganado, silencio y estaciones muy marcadas.
Si vienes, tómatelo con esa misma calma. Aparca, da una vuelta corta y sal luego a caminar por los caminos de alrededor. A veces los sitios más pequeños funcionan así: no necesitan mucho más para dejar buen recuerdo.