Castilla y León · Cuna de Reinos

Haza

33 habitantes · INE 2025
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sobre Haza

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En el corazón de la Ribera del Duero burgalesa, donde los viñedos dibujan un mosaico de verdes y ocres sobre las suaves ondulaciones del terreno, se encuentra Haza, un pequeño municipio que atesora siglos de historia vitivinícola y un patrimonio que habla de su pasado medieval. Este rincón de la provincia de Burgos, apenas alterado por el paso del tiempo, permite al viajero asomarse a la esencia castellana más sobria, entre bodegas excavadas en la tierra y calles donde se nota que aquí se vive tranquilo todo el año.

Haza forma parte de esa red de pueblos que hacen de la Ribera del Duero una zona muy atractiva para quienes van saltando de bodega en bodega y de pueblo en pueblo. Aquí la vida transcurre al ritmo de las vendimias y las estaciones, en un equilibrio bastante realista entre tradición y un día a día agrícola. El paisaje que rodea el municipio es típicamente castellano: extensas llanuras cerealistas que dan paso a viñedos bien alineados, con el horizonte marcado por pequeñas elevaciones que invitan a caminar sin prisas.

La tranquilidad de sus calles, la cercanía de sus vecinos y la presencia constante del viñedo convierten a Haza en un lugar recomendable para una escapada rural breve, especialmente para quienes buscan desconectar del ritmo urbano y tirar de planes sencillos: un buen vino, un paseo al atardecer o simplemente el silencio de la meseta castellana bajo un cielo estrellado.

Qué ver en Haza

El patrimonio arquitectónico de Haza gira en torno a su iglesia parroquial, un templo de origen medieval que ha sido testigo de la historia del pueblo durante siglos. Su estructura, aunque modesta, conserva elementos de interés que merecen una visita pausada, especialmente para los aficionados al arte sacro rural castellano. La plaza y su entorno, con casas de piedra y algún resto defensivo, ayudan a imaginar el pasado más fortificado del cerro.

Pero si hay algo verdaderamente característico de Haza son sus bodegas subterráneas tradicionales. Excavadas en el subsuelo del municipio y sus alrededores, estas construcciones forman un auténtico laberinto bajo tierra, conocido localmente como "el barrio de bodegas". Algunas de estas cuevas mantienen todavía la función para la que fueron creadas hace siglos: la conservación y crianza del vino. Pasear por esta zona es asomarse a un patrimonio etnográfico muy particular, con las chimeneas de ventilación sobresaliendo del terreno y puertas de madera que cuentan, a su manera, la historia del vino en la Ribera.

El entorno natural de Haza también merece atención. Los viñedos que rodean el pueblo ofrecen paisajes cambiantes según la estación: el verde brillante de la primavera, el dorado del verano, los rojos y ocres del otoño tras la vendimia. Pequeños caminos rurales permiten recorrer estas tierras a pie o en bicicleta, con vistas que se extienden hasta las poblaciones vecinas. No es un paisaje de grandes montañas ni bosques frondosos, es la meseta tal cual, abierta y amplia.

Qué hacer

El enoturismo es, sin duda, la actividad estrella en Haza. La localidad se encuentra en plena Denominación de Origen Ribera del Duero, una de las más prestigiosas de España. Aunque el pueblo mantiene su carácter tradicional, algunos productores locales suelen ofrecer la posibilidad de conocer sus instalaciones y degustar vinos elaborados con la variedad tempranillo, la uva que manda en estas tierras. Conviene informarse y reservar antes de ir, porque no todo está orientado al turista.

Para los amantes del senderismo y el cicloturismo, existen rutas que conectan Haza con otros pueblos de la Ribera, permitiendo descubrir el paisaje de viñedos y campos de cereal a ritmo pausado. Estos recorridos son especialmente recomendables en primavera y otoño, cuando las temperaturas son más suaves y el campo está más agradecido para caminar o pedalear.

La gastronomía local es otro de los atractivos. La cocina castellana tradicional, con el lechazo asado como protagonista indiscutible, puede degustarse en los establecimientos de la zona, especialmente en municipios cercanos algo más grandes. Los productos de la tierra, desde las legumbres hasta las setas en temporada, completan una oferta gastronómica sencilla y honesta que marida bien con los vinos locales.

Fiestas y tradiciones

Las fiestas patronales de Haza se celebran en torno al mes de agosto, momento en el que el pueblo recupera la animación con el regreso de los vecinos que emigraron y de sus descendientes. Estos días festivos incluyen las tradicionales celebraciones castellanas: procesiones, bailes populares y comidas compartidas donde el vino de la tierra no falta.

La vendimia, entre finales de septiembre y octubre, marca otro momento importante en el calendario local. Aunque es una época de intenso trabajo en los viñedos, también tiene su vertiente más social, con reuniones familiares, comidas de cuadrilla y alguna actividad especial en bodegas de la zona.

Las celebraciones religiosas tradicionales, como la Semana Santa o las festividades marianas, se viven aquí con la sobriedad y el recogimiento propios de los pueblos castellanos, manteniendo rituales que se repiten generación tras generación y que están más pensados para la gente del pueblo que para el visitante.

Cuándo visitar Haza

La primavera y el otoño son buenas épocas por sus temperaturas más suaves y los colores del campo. Septiembre y octubre, durante la vendimia, tienen un atractivo extra si te interesa el mundo del vino, aunque hay más movimiento agrícola y algo más de tráfico de tractores.

El verano puede ser caluroso, típico del clima continental, pero las noches son frescas. En invierno, el ambiente puede ser muy frío y ventoso, con días cortos: si vas entonces, piensa más en paseos breves y coche que en largas rutas a pie.

Si llueve, el barro en los caminos rurales complica bastante las caminatas, así que mejor ceñirse al núcleo urbano y a visitas de interior.

Lo que no te cuentan

Haza es pequeño y se ve rápido. El casco urbano y el barrio de bodegas se recorren con calma en una o dos horas, sin forzar. No esperes un pueblo lleno de tiendas, bares y servicios turísticos; aquí el ritmo es otro y conviene llegar con todo lo básico resuelto (combustible, efectivo, comida si vas a hacer picnic).

Las fotos del pueblo pueden dar la impresión de un núcleo monumental grande. En realidad, la gracia está en el conjunto: el cerro, las vistas sobre la Ribera y el ambiente de pueblo alto rodeado de viñas. Como destino de varios días se queda corto; funciona mejor como parada dentro de una ruta por la Ribera del Duero.

Información práctica

Cómo llegar: Desde Burgos capital, Haza se encuentra a unos 90 kilómetros por la A‑1 en dirección a Madrid y posteriormente por carreteras comarcales. El trayecto suele rondar la hora larga, según tráfico. Desde Aranda de Duero, importante nudo de comunicaciones en la Ribera, la distancia es de apenas 15 kilómetros, por carreteras secundarias en buen estado pero con curvas y algún tramo estrecho.

Consejos prácticos:
Haza es un pueblo para ir sin prisas. Es recomendable combinar la visita con otros pueblos cercanos de la Ribera del Duero y planificar con antelación si se desea visitar bodegas (no todas admiten visitas improvisadas). Lleva calzado cómodo para caminar por los senderos rurales y algo de abrigo incluso en verano por la noche, que refresca. Y, si vas a hacer catas, lo sensato es tener el alojamiento ya cerrado en la zona para no tener que conducir después.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Soria
Costa
No
Montaña
No
Temporada
Todo el año

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