Artículo completo
sobre Hontanas
Ocultar artículo Leer artículo completo
En el corazón de la provincia de Burgos, el pequeño pueblo de Hontanas aparece de golpe, casi escondido en una hondonada de la meseta castellana. Si vienes caminando por el Camino de Santiago lo notas bien: llevas kilómetros viendo solo páramo y, de pronto, el terreno se abre y el pueblo se deja ver abajo, recogido y tranquilo.
Hontanas es mucho más que un punto de paso para los peregrinos que recorren el Camino Francés. Es un pueblo que conserva su esencia rural casi intacta, con una arquitectura popular que encaja de manera natural en el paisaje de páramos y campos cerealistas. Aquí el ritmo lo marcan las campanas, las furgonetas de reparto que llegan a primera hora y los grupos de caminantes que entran y salen con sus mochilas.
La posición de Hontanas en plena ruta jacobea le ha dado durante siglos un papel relevante como lugar de acogida, tradición que sigue muy viva. Sus poco más de sesenta habitantes se enorgullecen de mantener las costumbres castellanas y de recibir cada año a miles de caminantes que buscan descanso y algo de verdad en medio de la ruta.
Qué ver en Hontanas
La Iglesia de la Inmaculada Concepción preside el pueblo con su torre, visible desde los campos de los alrededores. Este templo del siglo XIV, con reformas posteriores, combina elementos góticos y renacentistas. En su interior se pueden ver retablos barrocos y tallas religiosas que hablan de la devoción de generaciones de hontaniegos. La iglesia suele estar cerrada fuera de misa, así que conviene preguntar en el pueblo si se puede visitar por dentro.
Pasear por las calles de Hontanas es ver la arquitectura popular castellana sin maquillaje. Casas de adobe, tapial y piedra, algunas restauradas y otras con ese aire algo vivido que encaja con el paisaje. Muchas conservan las antiguas bodegas excavadas en el subsuelo, muy típicas en esta zona de Burgos; no siempre son visitables, pero basta asomarse a los laterales del casco urbano para intuirlas en los taludes.
El entorno natural que rodea Hontanas es el páramo burgalés en estado puro: amplias extensiones de campos de cereal que cambian de color según la estación, desde los verdes de primavera hasta los dorados del verano. Aquí el atractivo está en la horizontalidad, en el cielo enorme y en la luz. Si te gustan los paisajes tranquilos y sin artificios, merece la pena parar un rato, sentarse en un banco y simplemente mirar.
No hay que olvidar el antiguo Mesón del Peregrino, un edificio ligado durante siglos al descanso de quienes hacen el Camino, y que forma parte del pequeño patrimonio jacobeo del pueblo.
Qué hacer
El Camino de Santiago marca la vida diaria de Hontanas. La etapa que atraviesa el pueblo permite disfrutar de paisajes especialmente abiertos en el tramo hacia Castrojeriz o hacia Hornillos del Camino. No hace falta credencial para caminar: puedes hacer solo una parte de la etapa, ir y volver con calma, y hacerte una idea de lo que es cruzar el páramo a pie. Eso sí, conviene madrugar en verano y llevar agua de sobra; las sombras se cuentan con los dedos de una mano.
Para los aficionados al senderismo, los caminos rurales que parten desde Hontanas permiten adentrarse en los páramos, observar aves esteparias y descubrir pequeños arroyos y vaguadas que, vistos en un mapa, parecen poca cosa, pero sobre el terreno dan algo de respiro al paisaje. Lo mejor es preguntar a la gente del pueblo por rutas cortas circulares que salgan y vuelvan al casco urbano; te orientan rápido y suelen clavar los tiempos.
La gastronomía castellana aquí es directa y sin florituras: lechazo asado cuando hay hornos funcionando, morcilla de Burgos, embutidos de la zona y vinos recios. Es comida de meseta, pensada para quien viene de andar, y se agradece más si has hecho unos cuantos kilómetros antes.
En cuanto cae la noche y si el cielo está despejado, la observación del cielo nocturno se convierte en un pequeño lujo. La contaminación lumínica es baja y, alejándote un poco de las farolas del centro, el cielo se llena de estrellas. Un forro polar, un rato de silencio y poco más hacen falta.
Fiestas y tradiciones
Las fiestas patronales se celebran en honor a la Inmaculada Concepción en torno al 8 de diciembre, aunque el clima invernal suele desplazar la celebración más animada al verano, habitualmente a mediados de agosto [VERIFICAR]. Procesiones, música, bailes, actividades para mayores y pequeños y comidas populares donde, más que programa de fiestas, lo que hay es reencuentro de vecinos y gente del pueblo que vuelve esos días.
La Semana Santa tiene un peso especial, con celebraciones religiosas sencillas pero muy ligadas al paso constante de peregrinos. Es una mezcla curiosa entre la liturgia local y el flujo internacional de gente que atraviesa el pueblo.
Durante el año, Hontanas participa de la vida del Camino de Santiago, especialmente en Año Santo Jacobeo, cuando la afluencia de peregrinos se multiplica y el ambiente cambia del recogimiento del invierno al bullicio de muchas lenguas diferentes en una misma calle.
Lo que no te cuentan
Hontanas es pequeño y se ve rápido. El casco urbano se recorre sin prisas en menos de una hora; lo que alarga la visita es el ritmo que tú le pongas y, si vas caminando, el cansancio acumulado. Es más un alto en el camino que un lugar para quedarse muchos días, salvo que busques precisamente eso: quietud, rutina y poco más.
Las fotos suelen enseñar la llegada al pueblo desde el Camino, con el caserío encajado en la hondonada. Esa imagen es real, pero el resto es sencillo: no esperes un casco monumental ni una lista interminable de recursos turísticos. Lo que hay es autenticidad rural, alguna casa arreglada, otras no tanto, y la vida diaria de un pueblo pequeño castellano.
Cuándo visitar Hontanas
La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) son buenos momentos por las temperaturas más suaves y los paisajes más vivos. En verano el páramo aprieta: hace calor y hay poco árbol, pero las noches refrescan y la actividad se concentra a primera y última hora del día. El invierno es frío, ventoso y solitario; si te apetece ver el Camino en su versión más desnuda, es cuando más se nota.
Si llueve, el pueblo aguanta bien, pero algunos caminos de tierra se embarran y las etapas se hacen más pesadas. En días de mucho viento, la sensación térmica en los altos del páramo baja bastante, así que conviene llevar siempre una capa de abrigo en la mochila, incluso en días que parecen amables al salir.
Errores típicos
- Subestimar el páramo: Desde el mapa parece un paseo llano y sencillo. En realidad, la falta de sombras, el viento y la repetición del paisaje pueden cansar más de lo previsto. Lleva agua, gorra y protección solar, sobre todo en verano.
- Ajustar demasiado los tiempos: Si vas en coche, se llega rápido desde Burgos, pero si vas caminando dentro de una etapa larga del Camino, conviene calcular bien el horario para no entrar en Hontanas al mediodía en pleno julio.
- Venir buscando “mucha oferta”: Hontanas tiene lo que tiene: pocos servicios, concentrados sobre todo en temporada de Camino. Conviene traer cosas básicas (algo de comida, algo de farmacia) y no dar por hecho que encontrarás de todo.
Información práctica
Cómo llegar: Desde Burgos capital, Hontanas se encuentra a unos 50 kilómetros por la N-120 en dirección a Sahagún. El trayecto suele rondar los 50 minutos en coche, según tráfico y paradas. También es posible llegar enlazando carreteras locales que siguen, más o menos, la traza del Camino de Santiago desde distintos puntos de la provincia.
Consejos prácticos: Hontanas es un pueblo pequeño, con recursos limitados. Si piensas dormir o comer allí en los meses fuertes del Camino, conviene reservar o, al menos, llamar antes [VERIFICAR]. Lleva calzado cómodo para las calles empedradas y los caminos de tierra, y ropa por capas: en la meseta las temperaturas cambian rápido entre la mañana, el mediodía y la tarde, incluso en un mismo día. Si tu visita es corta, con una mañana o una tarde tranquila es suficiente para pasear, charlar un poco con la gente y hacerte una idea del lugar.