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Hontangas

92 habitantes · INE 2025
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sobre Hontangas

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En el corazón de la provincia de Burgos, donde las llanuras cerealistas comienzan a ondularse anunciando la cercanía de las primeras estribaciones montañosas, se encuentra Hontangas, un pueblo pequeño y silencioso. Sus construcciones de piedra caliza, testigos de siglos de vida rural, se agrupan en torno a una iglesia que domina el paisaje con esa sobriedad tan castellana.

Este núcleo forma parte de esa España interior que conserva bastante bien su esencia: calles empedradas por las que aún se adivina el paso de carros, fachadas donde el dorado de la piedra contrasta con el cielo limpio, y un silencio que no es de postal, sino del día a día de un pueblo con poca gente. Hontangas no es un destino de grandes multitudes, sino un lugar tranquilo, más para pasear sin prisas que para ir tachando cosas de una lista.

La “belleza” aquí es discreta. No hay monumentos espectaculares ni una agenda de actividades constante; lo que hay es vida rural, campos trabajados, arquitectura popular bastante bien integrada en el entorno y un ritmo pausado que se agradece si vienes con la cabeza acelerada de la ciudad. En una visita normal, el pueblo se recorre con calma en una o dos horas, y el resto del tiempo manda el paisaje.

Qué ver en Hontangas

El elemento más reconocible del patrimonio de Hontangas es su iglesia parroquial, exponente de la arquitectura religiosa que marca el skyline de tantos pueblos burgaleses. Su torre, visible desde kilómetros a la redonda, ha servido durante siglos como referencia para quienes cruzaban estas tierras. El templo conserva detalles interesantes, así que merece la pena entrar si lo encuentras abierto y tomarse unos minutos para observar sin prisas.

Pasear por el casco antiguo es asomarse a la arquitectura popular castellana. Las casas tradicionales, construidas con piedra caliza de la zona, muestran esa tonalidad miel que cambia con la luz del día. Algunos dinteles conservan escudos y fechas grabadas que recuerdan cuando estas tierras se cruzaban más por necesidad que por turismo.

En los alrededores aparecen los palomares tradicionales, esas construcciones cilíndricas que salpican el paisaje. Son restos de una actividad que tuvo mucha importancia económica y alimentaria y que hoy está casi en desuso. Algunos están medio caídos, otros aguantan mejor el paso del tiempo; el conjunto ayuda a entender cómo se aprovechaba todo en el campo.

El entorno natural se resume en horizontes abiertos y campos de cereal. Según la época del año, el paisaje cambia por completo: verde en primavera, dorado en verano, más duro y terroso en invierno. Los caminos rurales que salen del pueblo permiten caminar sin complicaciones, casi siempre por terreno llano o con suaves ondulaciones, con el cielo ocupando medio encuadre.

Qué hacer

Hontangas puede funcionar como punto de partida para rutas de senderismo suave por los caminos tradicionales que conectan con otros pueblos de la comarca. No son grandes travesías de montaña, sino pistas y senderos amplios, antiguos caminos de carro, por los que se puede caminar a buen ritmo y sin complicaciones técnicas. Conviene llevar mapa o track descargado: las pistas se parecen mucho entre sí y es fácil desorientarse si no conoces la zona.

Para quien disfrute de la fotografía rural, el pueblo y sus alrededores dan bastante juego: primeros planos de piedra y madera en las casas, siluetas de la torre de la iglesia al atardecer, palomares aislados en medio del campo y cielos muy abiertos. A primera hora del día y al caer la tarde la luz suele ser más agradecida y los contrastes de color en los campos se notan más.

La gastronomía local sigue la línea clásica castellana. En el propio pueblo la oferta es limitada y conviene venir comido o contar con los pueblos vecinos, pero la zona es tierra de cordero lechal, asados, legumbres, morcilla y pan contundente. Es más lugar para encargar una comida tranquila en un radio más amplio que para improvisar sobre la marcha en Hontangas mismo.

Quien tenga más días puede combinar la visita con otros pueblos cercanos de interés patrimonial. Hontangas encaja bien como parada dentro de una ruta más amplia por esta zona de Burgos, para un paseo, alguna foto y un vistazo a la iglesia y al caserío antes de seguir camino.

Fiestas y tradiciones

El calendario festivo de Hontangas mantiene vivas las fiestas patronales de verano, cuando el pueblo recupera parte de la vida que tenía cuando estaba más habitado. Es cuando regresan muchas personas que emigraron y se nota en las calles y en la plaza.

Como en buena parte de Castilla, las celebraciones religiosas marcan el ritmo del año: Semana Santa sobria y romerías a ermitas cercanas, donde se mezcla la devoción con las meriendas, las conversaciones largas y los reencuentros.

En otoño, ligado al final de las labores agrícolas, sobreviven algunas tradiciones rurales vinculadas al ciclo del campo, aunque ya no se viven como hace unas décadas y, más que espectáculo, forman parte de la normalidad del pueblo.

Información práctica

Cómo llegar: Desde Burgos capital se llega a Hontangas por carreteras secundarias que atraviesan la campiña burgalesa. Son vías tranquilas, con poco tráfico, pero conviene no ir con prisas: hay curvas suaves, tractores y algún que otro bache según tramos. La distancia ronda los 50 kilómetros, que suelen hacerse en menos de una hora a un ritmo tranquilo.

Consejos prácticos: Hontangas encaja bien como visita de medio día o escala dentro de una ruta por la comarca. El pueblo es pequeño y se recorre rápido, así que lo más interesante suele ser combinarlo con algún paseo por los caminos rurales de alrededor. Lleva calzado cómodo para las calles y pistas de tierra, agua y protección solar: aquí el sol pega y las sombras escasean. La oferta de alojamiento en el propio pueblo es muy limitada, así que lo normal es dormir en localidades cercanas.

Cuándo visitar Hontangas

La primavera (mayo-junio) y el otoño (septiembre-octubre) suelen ser los momentos más agradables por temperatura y por cómo se ven los campos. En verano, el calor aprieta a mediodía y las horas centrales invitan más a la sombra que a caminar; las tardes, en cambio, son muy agradecidas. El invierno muestra la cara más austera de la zona: días fríos, a veces ventosos, con paisajes más desnudos. Si vienes en esa época, abrigo serio y algo de margen por si las carreteras se ponen delicadas con niebla o heladas.

Errores típicos

  • Esperar muchas “cosas que ver”: Hontangas es pequeño, sin grandes monumentos ni una larga lista de puntos señalados en el mapa. El valor está en el conjunto, no en acumular visitas.
  • Calcular mal los tiempos: El pueblo se recorre rápido; lo que lleva más tiempo son los paseos por el campo. Si vas justo de horas, céntrate en el caserío y un pequeño paseo, sin meterte en rutas largas.
  • Confiarse con el calor y el sol: Aunque no sea alta montaña, los caminos van casi siempre a cielo abierto. En verano, sin gorra, agua y protección solar, el paseo se puede hacer pesado.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Soria
Costa
No
Montaña
No
Temporada
Todo el año

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