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sobre Los Villares de Soria
Iglesia de la Asunción
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A poco más de veinte kilómetros de la capital soriana, Los Villares de Soria es uno de esos pueblos pequeños donde la vida va despacio porque, sencillamente, no hay prisa. Con apenas 82 habitantes censados y situado a 1.060 metros de altitud, este enclave tranquilo sirve más como respiro que como “destino” en mayúsculas: un rato de calma entre paisajes cerealistas y cielo abierto, muy de esta parte de la provincia.
El término "Los Villares" remite a antiguos asentamientos, y esa es más o menos la sensación que transmite el pueblo: un lugar donde el tiempo se ha ido modernizando lo justo. Sus calles, las construcciones de piedra y adobe y la forma de relacionarse entre vecinos recuerdan a otros muchos rincones de la Soria rural, pero aquí todo se concentra en muy poco espacio. Se ve rápido, y eso también conviene decirlo: en una vuelta corta lo has visto casi todo, otra cosa es el rato que quieras echar por los alrededores.
La localidad forma parte de ese mosaico de aldeas que configuran la comarca de Soria, una zona de transición entre las tierras de cultivo y las estribaciones montañosas de la provincia. Si buscas autenticidad, la vas a encontrar; otra cosa es que esperes grandes monumentos o rutas de montaña: aquí el protagonismo lo tienen los campos, el silencio y las casas de siempre.
Qué ver en Los Villares de Soria
El principal interés de Los Villares está en el conjunto de arquitectura popular, muy pegado a la tierra que lo rodea. Un paseo corto por sus calles basta para ver las construcciones tradicionales sorianas, con muros de mampostería, portones de madera y antiguos corrales que recuerdan que aquí la vida ha girado durante décadas en torno a la agricultura y la ganadería. No hay grandes restauraciones ni escenografía para la foto: es un pueblo que se usa y se vive, con sus remiendos y sus casas arregladas “a lo que se puede”.
La iglesia parroquial es el edificio más relevante del pueblo, como pasa en casi todas las aldeas castellanas. Su torre se ve desde los alrededores y marca el centro del núcleo urbano, donde se concentra lo poco de vida social que hay a diario. No es un templo de estos de guía en mano, pero sí el punto que te orienta y desde donde tiene sentido empezar el paseo.
El entorno natural tiene menos de “postal verde” y más de realidad agrícola. Los campos de cultivo que rodean Los Villares crean un paisaje de horizontes amplios, muy fotogénico en época de cosecha, cuando los tonos dorados mandan. En invierno y a finales de verano el paisaje se vuelve más áspero, más de barbecho y tierra, pero también es parte de la gracia de esta meseta. Los caminos rurales que salen del pueblo permiten caminar sin complicaciones entre parcelas, con esa mezcla de silencio, viento y olor a tierra seca tan típica de la zona.
Qué hacer
Los Villares encaja bien con quien disfruta del senderismo tranquilo y de los paseos sin cuestas ni pretensiones deportivas. Los caminos agrícolas que conectan la localidad con otros núcleos cercanos permiten rutas sencillas a pie o en bicicleta, siguiendo pistas anchas y sin pérdida. En el camino es fácil ver perdices, liebres y rapaces que sobrevuelan los campos buscando comida; a poco que te salgas del ruido, se oye más el viento que otra cosa.
La proximidad a Soria capital (unos 25 minutos en coche) hace que tenga más sentido usar Los Villares como parada tranquila dentro de una escapada más amplia por la zona. Puedes dedicarle una mañana corta o una tarde, y el resto del tiempo combinarlo con las visitas culturales a la ciudad: el Museo Numantino, la concatedral de San Pedro, los claustros de San Juan de Duero o el Monte de las Ánimas, escenario de la leyenda de Bécquer.
La gastronomía local bebe de la despensa soriana de siempre: carne de oveja, legumbres, caza y setas en temporada. En un pueblo tan pequeño no hay restaurantes, así que tocará comer en los pueblos vecinos o en la capital. Si te alojas en una casa rural de la zona, lo habitual es tirar de compra en Soria y cocinar allí, como hacen muchos fines de semana la gente del propio entorno.
En otoño, cuando el tiempo acompaña, mucha gente de la zona aprovecha para buscar setas en los montes cercanos. Boletus y níscalos son los más apreciados cuando se dan las condiciones adecuadas, aunque conviene ir con alguien que conozca la zona o, al menos, ser prudente y respetar normas y permisos. No es “salir al campo y llenar la cesta”: hay regulación, zonas acotadas y años mejores y peores.
Fiestas y tradiciones
Como en muchas aldeas sorianas, las fiestas patronales concentran casi toda la vida festiva del año, normalmente en verano, cuando los hijos del pueblo vuelven unos días. Suelen incluir misa, procesión, comida popular y baile en la plaza. No esperes grandes despliegues, pero sí ese ambiente de pueblo pequeño donde casi todos se conocen y los forasteros acaban siendo “el del coche rojo” o “los de la casa de arriba” a los dos días.
La trashumancia, hoy ya más recuerdo que realidad, marcó durante siglos el calendario de estas tierras. Algunos pueblos de la comarca todavía organizan actividades relacionadas con esta tradición ganadera que unía los pastos de verano de estas tierras altas con las dehesas del sur. Si te interesa el tema, conviene informarse antes de ir, porque no siempre coinciden con fechas fáciles para el viajero [VERIFICAR].
Información práctica
Cómo llegar: Desde Soria capital, se accede a Los Villares de Soria por la carretera provincial SO-P-2011, en un trayecto de unos 22 kilómetros que se recorre en menos de media hora. La carretera cruza paisajes cerealistas, con tráfico muy tranquilo, pero conviene prestar atención en invierno por posibles heladas y placas de hielo traicioneras a primera hora.
Mejor época: La primavera y el otoño suelen ser los momentos más agradables para pasear por la zona. En primavera los campos se cubren de verde y flores, y las temperaturas son suaves. El otoño tiene una luz muy bonita y coincide con la temporada micológica. En verano puede hacer calor durante el día, pero las noches, por la altitud, refrescan bastante y se agradece sacar la chaqueta fina. En invierno el ambiente es duro y frío; si te gusta esa meseta más áspera, también tiene su punto, pero hay que ir abrigado de verdad.
Consejos:
- Los Villares no cuenta con establecimientos turísticos ni servicios más allá de lo básico, así que planifica alojamiento y comidas en localidades cercanas o en Soria capital.
- Lleva calzado cómodo para caminar por pistas de tierra y alguna capa de abrigo, incluso en verano, por las noches frescas.
- Si vas en pleno invierno, revisa el parte meteorológico y el estado de las carreteras; no es zona de grandes nevadas constantes, pero cuando cae, se nota.
Si solo tienes unas horas
Los Villares de Soria se recorre rápido. Para hacerte una idea del pueblo y su entorno, con 1–2 horas vas servido:
- Paseo por el casco urbano, rodeando la iglesia y las calles principales para ver la arquitectura tradicional.
- Salir por alguno de los caminos agrícolas que parten del pueblo y andar media hora entre campos, para captar esa sensación de amplitud y silencio tan soriana.
- Parar un momento a la salida del pueblo (cualquier pequeño alto te vale) para mirar el horizonte: aquí el paisaje es más de cielo que de piedra.
Lo que no te cuentan
- El pueblo es pequeño de verdad: si vas buscando “mucho que ver”, te vas a quedar corto. Tiene más sentido como parada dentro de una ruta en coche por la zona que como destino principal de varios días.
- Las fotos de campos dorados y cielos limpios se corresponden con un momento muy concreto del año. Fuera de primavera y verano, los paisajes pueden resultar más sobrios, incluso duros, sobre todo si llegas con la imagen bucólica en la cabeza.
- Entre semana, fuera de verano, te puedes encontrar el pueblo casi en silencio. A algunas personas les encanta esa sensación; a otras les resulta demasiado vacío. Mejor saberlo antes de ir.
Errores típicos
- Esperar un pueblo monumental: aquí no hay castillo, ni colegiata, ni casco histórico extenso. Hay un pueblo agrícola pequeño, cuidado, pero sencillo.
- No calcular servicios: llegar pensando en comer o en tomar algo “ya veremos dónde” no es buena idea. Mejor salir de Soria o del pueblo vecino ya comido o con la compra hecha.
- Subestimar el frío: incluso en verano refresca por la noche; en invierno el aire corta. Un jersey de más en la mochila no estorba.
- Pasar de largo demasiado rápido: como se ve pronto, da tentación de no parar. Si ya estás por la zona, compensa bajarse del coche media hora y, al menos, caminar un poco entre los caminos agrícolas. Solo así entiendes de verdad qué es Los Villares.