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Merindad De Valdeporres

412 habitantes · INE 2025
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sobre Merindad De Valdeporres

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En el extremo noreste de la provincia de Burgos, donde las últimas estribaciones de la Cordillera Cantábrica comienzan a dibujar el horizonte, se extiende la Merindad de Valdeporres. Este municipio, nacido de la unión de varios núcleos rurales tradicionales, mantiene todavía ese ritmo lento de los pueblos donde se saluda a cualquiera por su nombre. Sus caseríos de piedra, sus caminos entre prados y su arquitectura popular conforman un paisaje muy vivido, más de vecinos que de turistas, donde se nota que la vida diaria manda más que la postal.

El territorio de la Merindad se articula en torno a pequeños pueblos que conservan bastante bien su fisonomía tradicional: Quintanilla de Rucandio, Rucandio, Soto de Rucandio y otros núcleos menores componen este conjunto donde cada rincón cuenta una historia centenaria. Estamos en tierra de pastores y agricultores, de canteros y trajineros, en un paisaje ondulado de prados verdes y bosques de robles que anima a caminar sin prisa y a escuchar el silencio, roto de vez en cuando por una motosierra o una vaca que llama desde el prado.

Visitar la Merindad de Valdeporres es entrar en una Burgos alejada de las rutas turísticas masificadas, un lugar donde el viajero todavía puede sentirse un poco extraño —en el buen sentido— y donde la hospitalidad rural se manifiesta en un saludo, una indicación o una conversación corta apoyados en una barandilla.

Qué ver en Merindad de Valdeporres

El patrimonio de la Merindad se reparte entre sus diferentes núcleos de población, con especial peso de la arquitectura religiosa popular. Las iglesias parroquiales de estos pueblos, aunque modestas en tamaño, conservan elementos de interés histórico-artístico que reflejan siglos de devoción rural. La iglesia de Quintanilla de Rucandio, con su torre robusta y sus retablos barrocos, pide una visita tranquila y, si se puede, con alguien del pueblo que conozca la historia de cada imagen.

La arquitectura popular es uno de los puntos fuertes del municipio. Las casonas de piedra con sus amplios portones, los corredores de madera, las cuadras anexas a las viviendas y los pajares tradicionales configuran un conjunto etnográfico que tiene sentido cuando uno lo recorre a pie, fijándose en las fechas grabadas en los dinteles, en los escudos y en las soluciones prácticas para aguantar el invierno. Pasear por las calles de estos pueblos es como recorrer un museo al aire libre de la vida rural castellana de los siglos XVIII y XIX, con añadidos y remiendos del XX y XXI que también cuentan su propia historia.

El entorno natural ofrece paisajes de media montaña caracterizados por la transición entre la meseta castellana y las montañas del norte. Los prados de siega, salpicados con robles que ya han visto muchas primaveras, los arroyos que bajan cantarines hacia el valle y los bosquetes autóctonos crean un mosaico de verdes distinto según la época del año. En primavera y otoño la luz es más agradecida para quien va con cámara.

Los pequeños barrios y aldeas dispersos por el territorio municipal conservan elementos tradicionales como fuentes centenarias, lavaderos de piedra y cruceros que hablan de la vida cotidiana de generaciones pasadas. No son monumentos “de foto”, pero ayudan a entender cómo se vivía cuando todo se hacía andando.

Qué hacer

El senderismo es la actividad más natural en la Merindad de Valdeporres. Los caminos rurales que conectan los diferentes núcleos de población ofrecen rutas sencillas pero gratificantes, pensadas más para caminar tranquilo que para coleccionar desniveles. Estos senderos permiten ir enlazando pueblos y barrios mientras se disfruta del paisaje y del silencio, apenas interrumpido por el canto de los pájaros o el sonido de algún tractor lejano. Conviene llevar mapa o track descargado: las pistas se cruzan y no siempre están bien señalizadas.

La observación de la arquitectura tradicional puede convertirse en un recorrido temático. Dedicar tiempo a contemplar los detalles constructivos de las casas, los escudos heráldicos en algunas fachadas, las soluciones ingeniosas para aprovechar el terreno y las diferentes tipologías de construcciones auxiliares resulta muy entretenido para quienes se fijan en estas cosas. No esperes conjuntos restaurados al milímetro; aquí hay casas arregladas y otras a medio caer, y precisamente esa mezcla explica bastante bien el momento actual del mundo rural.

La gastronomía local, aunque modesta, se basa en productos de la tierra. La carne de cordero, las alubias de la zona, las patatas y las setas de temporada forman parte de una cocina sencilla y contundente que suele lucirse en comidas familiares y en las festividades locales. Fuera de temporada o entre semana, no conviene confiarse: mejor llevar algo en el coche por si acaso no encuentras dónde comer.

La fotografía rural encuentra aquí escenarios muy agradecidos: amaneceres entre la niebla, detalles de arquitectura popular, paisajes de prados con las montañas al fondo y escenas de vida rural sin maquillaje. El ritmo es tan tranquilo que puedes permitirte esperar la luz que te guste.

Fiestas y tradiciones

Las fiestas patronales de cada núcleo de población se celebran tradicionalmente durante los meses de verano, entre julio y septiembre, cuando el buen tiempo permite el desarrollo de actividades al aire libre y regresan los hijos del pueblo que viven en otras localidades. Estas celebraciones mantienen el formato clásico con misa, procesión, comida popular y baile, y suelen ser el momento del año en que los pueblos se llenan y hay más ambiente del habitual.

En algunos pueblos de la Merindad aún se conservan tradiciones vinculadas al ciclo agrícola y ganadero, aunque su práctica se ha ido diluyendo con el paso de las décadas. Las romerías a ermitas cercanas y las bendiciones de campos constituyen manifestaciones de una religiosidad popular que sigue ahí, aunque más discreta que antes.

Información práctica

Para llegar a Merindad de Valdeporres desde Burgos capital hay que tomar la N-623 en dirección a Santander. Tras aproximadamente 60 kilómetros, se accede a la zona de las Merindades por carreteras comarcales que conectan con los diferentes núcleos del municipio. El trayecto supone alrededor de una hora de conducción por carreteras que atraviesan paisajes agradables, pero con curvas: si te mareas, mejor ir prevenido.

La mejor época para visitar la Merindad es de mayo a octubre, cuando el clima suele ser más templado y los días son más largos. La primavera regala prados verdes y flores silvestres, mientras que el otoño tiñe los bosques de tonos ocres y dorados especialmente fotogénicos. En invierno, el ambiente es mucho más cerrado y puedes encontrar nieve o hielo en las carreteras [VERIFICAR].

Es recomendable llevar calzado cómodo para caminar, ropa de abrigo incluso en verano (las noches pueden ser frescas) y provisiones básicas, ya que la oferta de servicios es limitada y repartida. Aquí los desplazamientos entre pueblos llevan su tiempo, y no siempre hay tienda o bar abierto cuando uno lo espera.

Lo que no te cuentan

La Merindad de Valdeporres no es un destino de “ver mil cosas” en un día. Los pueblos son pequeños y se recorren en poco rato; lo que compensa el viaje es el conjunto: enlazar varios núcleos, pasear sin prisa y mirar con calma. Es más un territorio para ir parando que un sitio para plantarse una semana entera.

Las fotos de prados verdes y montes al fondo son reales, pero engañan un poco en cuanto al ambiente: fuera del verano hay pocos visitantes y a veces da la sensación de que no hay nadie en la calle. Si te gusta esa sensación de soledad tranquila, encajarás bien; si buscas animación constante, es fácil que te sepa a poco.

Si solo tienes…

Si solo tienes 1–2 horas
Lo más razonable es elegir uno de los pueblos principales, aparcar en la entrada y recorrerlo a pie con calma: iglesia, casonas, lavadero si lo hay y un paseo corto hacia las afueras para ver los prados. A ese ritmo, en una hora y media te haces una idea bastante clara del carácter de la Merindad.

Si tienes el día entero
Puedes combinar varios núcleos: llegar por la mañana, hacer una ruta sencilla enlazando dos o tres pueblos, comer de picnic o donde encuentres y dedicar la tarde a recorrer en coche otras aldeas, parando en fuentes, cruceros y miradores improvisados. Calcula que los trayectos por carreteras locales y pistas se hacen despacio: el día cunde, pero no es para ir con prisas.

Datos de interés

Comunidad
Castilla y León
Comarca
Soria
Costa
No
Montaña
No
Temporada
Todo el año

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