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sobre Valdeavellano de Tera
Iglesia de la Asunción;Ermita de las Espinillas
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A primera hora, cuando el sol empieza a tocar las laderas de la sierra de Urbión, las calles de Valdeavellano de Tera todavía están medio en sombra. Se oye algún coche que arranca, el golpe de una puerta, y poco más. El aire suele bajar fresco incluso en verano, con ese olor seco de los pinares cercanos mezclado con humo de leña cuando llega el frío.
Valdeavellano de Tera es un pueblo pequeño del norte de Soria, algo por encima de los mil metros de altura, en el valle alto del río Tera. Viven aquí poco más de doscientas personas y eso se nota en el ritmo: calles tranquilas, pocas prisas y muchas casas cerradas durante el invierno.
Las viviendas siguen el patrón de esta zona: piedra oscura, muros gruesos, tejados de teja inclinada y ventanas más bien pequeñas. No es un capricho estético. Aquí el invierno aprieta y durante meses el viento baja de la sierra con ganas, así que las casas se pensaron para aguantar frío y nieve.
El río Tera queda cerca, aunque no pasa exactamente por el centro del pueblo. Aun así, marca el paisaje de todo el valle: praderas húmedas, choperas en las zonas bajas y, más arriba, manchas de pinar que se van cerrando según te acercas a la sierra.
Pasear por el casco del pueblo
El trazado de Valdeavellano es sencillo. Calles cortas, algunas con ligera cuesta, que acaban siempre volviendo a la zona de la iglesia. No hay grandes monumentos, pero sí detalles que hablan del lugar: portones de madera oscurecida, pilas de leña bien ordenadas contra las fachadas, algún banco donde al caer la tarde se juntan los vecinos.
La iglesia parroquial ocupa uno de los puntos centrales del núcleo. Es sobria, de piedra, sin demasiados adornos. Desde la pequeña explanada que la rodea se entiende bien la escala del pueblo: tejados bajos, chimeneas y, al fondo, la línea azulada de la sierra cuando el día está despejado.
Si te gusta caminar con calma, lo mejor es recorrer el pueblo sin rumbo fijo y fijarte en esos pequeños gestos cotidianos: un huerto detrás de un muro, un gallinero, herramientas apoyadas junto a una puerta.
Caminos hacia el valle del Tera
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los caminos de tierra que usan los vecinos para ir a huertos, prados o montes cercanos. Son caminos anchos, sin grandes desniveles al principio, que se abren hacia campos y zonas de pasto.
El valle del Tera forma aquí un paisaje tranquilo: parcelas delimitadas por muros bajos o alambradas, choperas que suenan cuando sopla el viento y manchas de matorral donde en primavera aparecen flores pequeñas y bastante olor a tomillo.
Quien quiera caminar más puede enlazar varios de estos caminos rurales. Conviene llevar mapa o mirar la ruta antes, porque no todos están señalizados y algunos se bifurcan entre campos.
En días despejados es fácil ver rapaces planeando sobre el valle. Los vecinos suelen comentar la presencia de milanos y otras aves que aprovechan las corrientes de aire que bajan de la sierra.
El paisaje según la estación
La sensación del lugar cambia mucho a lo largo del año. En primavera el valle se vuelve más verde y el agua del Tera suele bajar con más fuerza. El sonido del río aparece en cuanto te acercas a sus orillas.
El verano tiene días luminosos, pero a mediodía el sol cae fuerte. Si vas a caminar, mejor hacerlo temprano por la mañana o al final de la tarde, cuando el aire vuelve a refrescar.
En otoño los pinares cercanos mantienen su verde oscuro mientras las choperas amarillean. Los caminos se llenan de hojas y el olor a tierra húmeda se nota más.
El invierno aquí es serio. Heladas frecuentes, algunas nevadas y calles bastante silenciosas. Si coincide con nieve reciente, el pueblo queda cubierto por una capa blanca que amortigua todos los sonidos.
Fiestas y vida del pueblo
Las celebraciones suelen concentrarse en los meses de verano, cuando regresan familiares que viven fuera y el pueblo se llena más de lo habitual. Hay actos religiosos, comidas compartidas y música en la plaza, con ese ambiente de pueblo pequeño donde casi todo el mundo se conoce.
Durante el resto del año la vida es mucho más tranquila. La actividad gira alrededor de las tareas del campo, el cuidado de huertos y la rutina diaria de los vecinos que permanecen aquí todo el año.
Cuándo acercarse
Primavera y principios de otoño suelen ser los momentos más agradables para caminar por los alrededores de Valdeavellano de Tera. El paisaje está activo y las temperaturas permiten recorrer caminos sin demasiada exigencia.
En verano conviene evitar las horas centrales del día si vas a andar por el campo. Y en invierno merece la pena consultar el tiempo antes de venir: las carreteras de la zona pueden amanecer con hielo en los días más fríos.
Valdeavellano no es un lugar de grandes atracciones. Es más bien un pueblo para bajar el ritmo, escuchar el viento entre los pinos y entender cómo funciona la vida en esta parte alta del valle del Tera.