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sobre Perdigon El
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El sol de la tarde filtra su luz en las paredes de adobe de la calle Mayor. La cal tiene zonas comidas por el tiempo y en algunos portones todavía se ve la veta oscura de la madera vieja. A esa hora las voces en la plaza bajan de tono y el pueblo entra en un ritmo lento. El turismo en Perdigón El no tiene que ver con monumentos ni con recorridos señalizados: aquí lo que se encuentra es un pueblo agrícola de la campiña zamorana que sigue funcionando como tal.
Perdigón El está a pocos kilómetros de la ciudad de Zamora. Se llega en coche en un momento y, aun así, la sensación al bajar es otra: calles estrechas, casas bajas, corrales y algún tractor aparcado junto a una pared de barro.
El caserío y la iglesia
La silueta que más se repite al caminar por el pueblo es la de la iglesia parroquial de San Miguel. Se levanta sobre el resto de tejados con su campanario visible desde casi cualquier esquina. El edificio actual suele situarse en torno al siglo XVI, levantado con piedra y ladrillo, aunque con reformas posteriores que se notan en los muros y en algunas ventanas.
El resto del caserío mantiene la lógica de los pueblos de labor de esta parte de Zamora: fachadas de adobe, portones anchos para carros y patios interiores donde antes se guardaban animales o aperos. En algunos corrales todavía se ven bodegas semienterradas y pajares que recuerdan hasta qué punto la vida aquí dependía del campo.
No es un pueblo pensado para fotografiar fachadas alineadas. Las paredes están remendadas, la pintura se cae a trozos y los cables cruzan de lado a lado. Precisamente por eso se entiende bien cómo se ha vivido aquí durante generaciones.
Caminos entre cereal
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los campos abiertos. La mayor parte del terreno se dedica al cereal, así que el paisaje cambia mucho según el mes: verde intenso en primavera, dorado en verano y tonos pardos después de la siega.
Hay varios caminos de tierra que conectan con pueblos cercanos como Villavendimio. No están señalizados como rutas, pero se pueden recorrer andando o en bicicleta de montaña. Son pistas anchas, de las que usan los agricultores, y atraviesan pequeñas vaguadas donde a veces aparecen fuentes antiguas o restos de cercas de piedra.
Conviene tener en cuenta dos cosas prácticas:
- En verano el sol cae fuerte y hay muy poca sombra.
- En invierno algunos tramos se embarran bastante después de varios días de lluvia.
Si se camina al final de la tarde, la luz baja marca los surcos de los campos y alarga las sombras de los postes eléctricos. Es también cuando se ven más cigüeñas en los tejados y, con suerte, algún rebaño cruzando despacio el camino.
Noches con cielo oscuro
Apenas hay iluminación fuera de las calles principales. Si te alejas unos minutos hacia los caminos del campo, el cielo se vuelve muy oscuro y las estrellas aparecen con bastante claridad cuando la noche está despejada, sobre todo en los meses cálidos.
Es un silencio distinto al de la ciudad: se oyen perros a lo lejos, algún coche en la carretera comarcal y, si el aire viene del campo, el sonido metálico de los insectos en verano.
Fiestas de septiembre
Las celebraciones principales suelen concentrarse en torno a San Miguel, a finales de septiembre. Durante esos días regresan vecinos que viven fuera y el ambiente cambia: hay procesión, música por la noche y actividades sencillas organizadas por el propio pueblo.
A veces también se organizan encuentros ligados al mundo agrícola o pequeñas muestras de productos de la zona, aunque el formato puede variar de un año a otro.
Un alto en el camino desde Zamora
Perdigón El no tiene infraestructura turística como tal. Lo habitual es visitarlo como parada breve si se está recorriendo la campiña alrededor de Zamora. Si se piensa pasar más tiempo por la zona, lo práctico es dormir en la capital o en otros pueblos con más servicios.
Aun así, merece la pena detener el coche un rato, caminar sin rumbo por las calles y salir después hacia los caminos del cereal. En un lugar pequeño como este, lo interesante no es acumular visitas sino quedarse un momento quieto y ver cómo avanza la tarde sobre los campos.