Ruta por los Pueblos Negros de Guadalajara

Pueblos que parecen sacados de un cuento oscuro

En el norte de Guadalajara, donde la sierra de Ayllón se levanta sobre la meseta, hay pueblos que no son blancos ni ocres ni rojos. Son negros. La pizarra lo cubre todo: tejados, muros, calles, incluso algunas cercas. Cuando llueve (y aquí llueve), la piedra brilla como si tuviera vida propia.

Los llaman Pueblos Negros y son uno de los secretos mejor guardados de Castilla-La Mancha. Pequeños, olvidados, apenas habitados en invierno. Pero vivos. Porque cada otoño y cada primavera, las casas que parecían abandonadas se abren y las chimeneas empiezan a humear.

Por qué la pizarra

La explicación es geológica: esta zona de la sierra de Ayllón es rica en pizarra negra. Durante siglos, los habitantes construyeron con lo que tenían a mano. Las casas se mimetizaron con el paisaje, los tejados aguantaron la nieve, y el resultado fue esta arquitectura única que no se parece a nada del resto de España.

La pizarra tiene ventajas prácticas: es impermeable, duradera, aísla bien. Pero también tiene una estética poderosa. Estos pueblos parecen salidos de un cuento de los Grimm, sobre todo cuando la niebla baja de la sierra y las casas se difuminan en grises.

Valverde de los Arroyos: el más fotografiado

Valverde de los Arroyos es la puerta de entrada habitual a los Pueblos Negros. Tiene lo básico: una arquitectura espectacular, un bar donde comer y una cascada (la Chorrera de Despeñalagua) a la que se llega andando.

El pueblo en sí se recorre en veinte minutos, pero la gracia está en sentarse en la plaza, mirar las casas de pizarra con sus balconadas de madera, y entender por qué esto sigue aquí. No es museo: hay gente viviendo, hay tractores pasando, hay perros echados al sol.

La cascada: Es una caminata de unos 45 minutos (ida) por un sendero bien marcado. En primavera, con el deshielo, impresiona.

Majaelrayo: donde el tiempo se detuvo

Majaelrayo es más pequeño, más recogido, más íntimo aún. Aquí la pizarra domina absolutamente: calles, muros, tejados, todo. Es el pueblo donde las fotos salen solas, donde cada esquina parece preparada para un cuadro.

La iglesia de San Juan Bautista tiene un pórtico de madera que merece un rato de contemplación. Y el ambiente general es de sosiego extremo: gatos al sol, silencio absoluto, la sensación de que podrías quedarte horas sin que pase nada.

Consejo: Majaelrayo tiene menos servicios que Valverde. Lleva agua y algo de comer si vas en temporada baja.

Campillo de Ranas: la capital del conjunto

Campillo de Ranas es el pueblo más grande de la zona (que tampoco es decir mucho). Tiene ayuntamiento, un par de casas rurales, un restaurante que abre los fines de semana. Es buen punto de partida para explorar el resto.

La arquitectura aquí es igualmente negra, pero el pueblo tiene más vida. Hay niños jugando, coches aparcados, señales de que esto no es solo postal. La iglesia de Santa María Magdalena, con su torre de pizarra, preside la plaza principal.

Para familias: Campillo tiene zona de merendero y fuente. Buen sitio para hacer base y explorar desde aquí.

Roblelacasa y El Espinar: los más olvidados

Si quieres profundizar, hay pueblos aún más pequeños. Roblelacasa tiene menos de 20 habitantes censados. El Espinar ni siquiera eso. Son pueblos que existen apenas, que funcionan solo en verano, que el resto del año son silencio y piedra.

Visitarlos tiene algo de exploración: no hay indicaciones claras, las carreteras son estrechas, y al llegar no hay nadie a quien preguntar nada. Pero eso es precisamente la gracia: encontrarte solo frente a un pueblo que parece abandonado pero no lo está del todo.

Nota: Respeta las propiedades privadas. Que parezcan vacías no significa que puedas entrar.

La ruta completa

Si tienes un día, este sería el recorrido:

  1. Valverde de los Arroyos: Empieza aquí. Pasea el pueblo, tómate un café.
  2. Chorrera de Despeñalagua: Caminata a la cascada si el tiempo y las ganas acompañan.
  3. Majaelrayo: A 10 minutos en coche. El pueblo más fotogénico.
  4. Campillo de Ranas: Comida (si hay restaurante abierto).
  5. Roblelacasa o El Espinar: Si quieres completar la inmersión.

Total: unos 40-50 km de carreteras de montaña. No es mucho, pero conduce despacio: las curvas son cerradas y el paisaje merece mirarse.

Cuándo ir

  • Otoño (octubre-noviembre): Los mejores colores. El hayedo de Tejera Negra está cerca y explota de rojos y amarillos.
  • Primavera (abril-mayo): Verde intenso y cascadas con agua.
  • Invierno: Puede haber nieve. Bonito pero difícil acceso.
  • Verano: Más gente, menos silencio, pero los pueblos cobran vida.

Dónde dormir y comer

La oferta es limitada. Hay casas rurales en Campillo de Ranas y Majaelrayo, pero hay que reservar con tiempo. Los restaurantes abren sobre todo fines de semana y festivos. En temporada alta, el único bar de Valverde puede estar a tope.

Alternativa: dormir en Cogolludo, Tamajón o incluso Sigüenza y subir por la mañana. Pierdes la experiencia de amanecer en el pueblo, pero ganas opciones.

Lo que no te cuentan

  • Cobertura móvil: Escasa o nula en muchos puntos.
  • Carreteras: Algunas sin asfaltar. Un coche bajo puede sufrir.
  • Servicios: No hay gasolineras, cajeros ni farmacias. Ven preparado.
  • Gente: Poca. Si buscas animación, busca en otro sitio.

Por qué venir

Los Pueblos Negros no son para todos. Son para quien disfruta del silencio, de la arquitectura popular, de perderse por carreteras secundarias. Son para quien entiende que un pueblo de 30 habitantes tiene más interés que un centro comercial.

Venir aquí es un acto de resistencia turística. No hay parque temático, no hay museo interactivo, no hay nada que consumir excepto el paisaje. Y eso, hoy, vale más de lo que parece.