Artículo completo
sobre Cambre
Ocultar artículo Leer artículo completo
A media mañana, cuando el sol ya ha pasado por encima de las casas bajas del centro, la piedra de Santa María de Cambre cambia de color. Primero gris húmedo, luego un tono más claro, casi dorado en los bordes de las columnas. En la plaza cercana alguien sacude una escoba contra el suelo y el ruido se queda flotando un momento en el aire. Cambre está a pocos kilómetros de A Coruña, pero a esa hora aún se mueve con ritmo de pueblo: persianas que se levantan despacio, algún coche que busca sitio, gente cruzando la plaza sin prisa.
La iglesia románica en medio del pueblo
Santa María de Cambre es el edificio que ordena todo lo demás. Desde fuera parece más grande de lo que uno espera en una parroquia, con un ábside amplio y varias capillas que le dan un aire poco habitual en el románico gallego. Dentro, la luz entra filtrada y cae sobre los capiteles con figuras gastadas por los siglos: animales, hojas, rostros que apenas se distinguen si no te acercas.
Las columnas no son perfectamente rectas y el suelo de piedra tiene ese desgaste suave que dejan muchas generaciones pasando por el mismo sitio. Conviene entrar a media mañana o al final de la tarde, cuando la iglesia está tranquila y la luz entra de lado por las ventanas altas. En las horas centrales, sobre todo en fines de semana, suele haber más movimiento en la plaza.
Cambre también queda cerca del trazado del Camino Inglés hacia Santiago. Algunos peregrinos pasan por parroquias del municipio antes de continuar hacia A Coruña o hacia el interior, dependiendo de la variante que sigan. No es un punto masivo del Camino, pero a veces se ven mochilas y conchas colgando en los cruces.
La fraga de Cecebre y el agua del Mero
A pocos minutos en coche del centro aparece otro paisaje. La fraga de Cecebre cambia el ruido de las calles por hojas húmedas y agua corriendo despacio. El embalse y el curso del río Mero dibujan un mosaico de senderos entre robles, alisos y zonas de matorral donde el suelo permanece oscuro incluso en días claros.
Este lugar suele mencionarse cuando se habla de El bosque animado, la novela de Wenceslao Fernández Flórez. El ambiente que describe —ese bosque donde parece que siempre está a punto de pasar algo— encaja bien con estos caminos: troncos cubiertos de musgo, ramas que crujen cuando sopla el viento y pájaros que apenas se dejan ver.
Hay tramos acondicionados para caminar junto al agua y otros que son simplemente senderos de tierra. Después de varios días de lluvia pueden estar resbaladizos, así que conviene llevar calzado con buena suela. Entre semana se camina casi en silencio; los fines de semana aparecen más bicicletas y familias.
Domingo alrededor del mercado
El domingo por la mañana el centro de Cambre cambia de ritmo. Varias calles alrededor de la plaza se llenan de puestos y de gente que llega con bolsas grandes de tela o de rafia. Se mezclan alimentos, ropa, plantas y pequeños utensilios domésticos. El olor va cambiando según avanzas: pan reciente, fruta madura, pescado que aún huele a ría.
Las conversaciones saltan de un puesto a otro en gallego, con ese tono alto que tienen los mercados cuando nadie tiene prisa. Si empieza a llover —algo bastante habitual en cualquier época del año— muchos se refugian bajo los soportales o en los espacios cubiertos cercanos, donde el sonido de la lluvia contra la chapa acompaña las charlas.
No es un mercado pensado para visitantes, y quizá por eso resulta interesante pasearlo un rato: es más bien el lugar donde la gente del municipio hace la compra y se encuentra con vecinos.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
La primavera suele ser buena época para caminar por la zona de Cecebre: los caminos están verdes y el agua baja con fuerza. El otoño también tiene su momento, con nieblas suaves sobre el embalse al amanecer.
Si vienes en fin de semana, lo más práctico es dejar el coche en zonas algo más abiertas del municipio —cerca de instalaciones deportivas o avenidas amplias— y acercarte al centro a pie. Las calles antiguas son estrechas y el aparcamiento escasea cuando hay mercado o celebraciones.
Y si entras en la iglesia, hazlo sin prisa. A veces basta con sentarse un momento en uno de los bancos y esperar a que la luz cambie sobre la piedra. Aquí ese tipo de detalles marcan el paso del día.