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sobre Oleiros
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Hay sitios que viven pegados a una ciudad grande y aun así mantienen vida propia. Oleiros es uno de esos casos. Está a un paso de A Coruña. Pero cuando te mueves por aquí, el ritmo cambia.
Oleiros tiene playas abiertas al Atlántico, urbanizaciones caras y rincones muy de pueblo. En el mismo día puedes ver chalés enormes y a un jubilado mirando el mar desde un banco. Y sí, también te cruzas con un monumento enorme del Che Guevara al lado de la carretera. La primera vez choca bastante.
El castillo que guarda la ría
El Castillo de Santa Cruz aparece cuando menos te lo esperas. Aparcas cerca del paseo y caminas unos minutos. De pronto ves una pasarela de madera que llega hasta un islote.
Allí está la fortaleza. La levantaron en el siglo XVI para proteger la ría de A Coruña. Aquella costa tenía bastantes visitas poco amistosas. Corsarios, flotas inglesas y todo ese panorama.
El castillo está bien cuidado. Pero lo que más llama la atención es el entorno. El agua rodea el islote y el paseo tiene algo muy tranquilo. Es de esos lugares donde la gente se queda charlando más tiempo del previsto.
En verano suele celebrarse la romería de las Merendiñas. Es una escena muy gallega. Familias con bolsas llenas de comida, acordeones y mesas improvisadas en el césped. Más que una fiesta para turistas, es un reencuentro del vecindario.
Caminar junto al Atlántico en la Costa de Dexo
Si te gusta caminar cerca del mar, la Costa de Dexo tiene bastante sentido. El paisaje cambia rápido. Hay tramos de acantilado, pequeñas calas y senderos entre vegetación baja.
El recorrido entre el faro de Mera y la zona de Lorbé suma varios kilómetros. No hace falta hacerlo entero. Mucha gente se queda con pequeños tramos y ya.
El faro de Mera es bastante moderno en su aspecto. Nada de torre solitaria golpeada por temporales. Aun así, el lugar tiene buenas vistas sobre la ría.
Cerca del castillo hay también una senda corta y circular. Apenas kilómetro y medio. Sirve para estirar las piernas sin complicarse mucho.
En el recorrido aparece un pino enorme. Está catalogado como árbol singular. Tiene más de un siglo y se nota. El tronco parece de otro tiempo.
Comer mirando al mar
En esta parte de Galicia el mar manda también en la cocina. En Oleiros aparecen platos que mezclan tradición marinera y recetas caseras.
El pulpo a la mugardesa se repite mucho en las cartas de la zona. Lleva pimentón, cebolla y una salsa espesa que pide pan al lado. No es precisamente ligero, pero entra fácil.
También es común la caldeirada de merluza a la oleirense. Cada casa la prepara a su manera. Siempre hay debate sobre cuál es la versión correcta.
La empanada de zamburiñas aparece en muchas celebraciones familiares. Empiezas compartiendo y terminas vigilando tu trozo. Pasa más de lo que la gente admite.
Y luego están los postres con castaña. En otoño abundan por aquí. La tarta de castañas sabe a monte húmedo y cocina de abuela.
La rotonda del Che y una biblioteca inesperada
El monumento al Che Guevara es uno de esos detalles que generan conversación. Está junto a la antigua Nacional VI y mide varios metros de altura. Desde que lo colocaron, el debate aparece cada cierto tiempo.
Mientras tanto, el monumento se ha vuelto referencia para orientarse. Mucha gente da direcciones usando esa rotonda.
A poca distancia está la Villa Ría Leda. Es una casa de principios del siglo XX. Hoy funciona como biblioteca municipal.
La historia es curiosa. El arquitecto construyó la vivienda como regalo para su mujer. Con los años terminó convertida en un espacio público con más de cien mil libros.
Cuándo venir y cómo moverse
Oleiros funciona en parte como zona residencial de A Coruña. Eso se nota en el tráfico. A primera hora de la mañana y al final de la tarde hay bastante movimiento de coches.
Si puedes elegir, evita esas horas. El resto del día se conduce con más calma.
La primavera y el inicio del otoño suelen ser buenos momentos para acercarse. El tiempo acompaña y las playas están más tranquilas.
En junio, alrededor de San Juan, las hogueras aparecen por toda la costa coruñesa. El ambiente se parece a una gran cena al aire libre.
En verano también suele celebrarse la feria de los alfareros. Artesanos de distintos lugares trabajan el barro en directo. Tiene sentido aquí. El propio nombre de Oleiros viene del oficio de alfarero.
Oleiros no es un lugar perfecto. El precio de la vivienda se ha disparado y el tráfico a veces pesa. Pero tiene una mezcla curiosa. Un poco de pueblo marinero y un poco de zona residencial acomodada.
Y al final pasa algo sencillo. Te sientas frente al mar, miras la ría y el día se te va sin darte cuenta. Ese tipo de sitio.