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sobre Sada
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El tranvía eléctrico que unía A Coruña con Sada dejó de funcionar a mediados del siglo XX, pero todavía hay vecinos que recuerdan su recorrido pegado a la ría. Aquella línea explica bastante bien la relación entre ambos lugares: Sada terminó funcionando como prolongación veraniega de la ciudad. De ahí que, entre casas marineras y edificios portuarios, aparezcan también chalés de principios del siglo XX y algún detalle modernista poco habitual en un pueblo que durante siglos vivió sobre todo de la pesca.
La ría como argumento
Sada se abre a la ría de Betanzos, no al océano directo. Esa diferencia marca el paisaje y también el ritmo del puerto. La ría actúa como un abrigo natural: el agua suele estar más tranquila que en la costa abierta y las playas, de arena clara, se extienden en pequeñas ensenadas que miran hacia el interior.
No es una ocupación reciente. En los montes que rodean el núcleo urbano hubo castros que controlaban la navegación por la ría. Uno de ellos, conocido como O Castro, se levanta sobre el propio pueblo. Mucho después llegaron los barrios ligados a la pesca de sardina y a las pequeñas embarcaciones de cabotaje.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX empezó otro capítulo: familias acomodadas de A Coruña levantaron residencias de verano cerca de la costa. En el entorno de Santa Cruz todavía quedan ejemplos de esa arquitectura doméstica, con galerías amplias y jardines que miran al agua.
El Pazo de Meirás y su contexto
El Pazo de Meirás está en la parroquia del mismo nombre, a pocos kilómetros del centro de Sada. El conjunto actual se debe en gran parte a la reconstrucción que impulsó Emilia Pardo Bazán a finales del siglo XIX, utilizando restos de edificaciones anteriores. La escritora lo convirtió en residencia de verano y en lugar de reunión intelectual. Por allí pasaron autores y profesores que frecuentaban sus tertulias literarias.
Más allá del edificio, el lugar ayuda a entender la geografía de la zona: desde los jardines se domina buena parte de la ría y de los valles que bajan hacia ella. El paisaje explica por qué este tramo de costa fue apreciado tanto para vigilar la entrada de barcos como para retirarse de la ciudad durante el verano.
En el camino entre Meirás y el núcleo urbano aparece un pequeño cementerio junto al mar. No es monumental, pero sí muy representativo de estos pueblos de ría: nichos blancos, flores de plástico movidas por el viento y la línea del agua siempre al fondo.
Cocina doméstica de ría
En las casas de la zona todavía se prepara la llamada caldeirada de pulpo “á sadense”, una versión más casera que el conocido pulpo a feira. Suele llevar patata cocida en trozos grandes y un caldo corto con pimentón y aceite donde el pulpo termina de tomar sabor.
Los productos de la ría marcan el resto de la mesa: berberechos, navajas, mejillones o pequeñas nécoras cuando es temporada. Parte de ese marisco acaba en conserva, una práctica habitual entre marineros cuando la mar o las vedas interrumpen la campaña.
En las parroquias del interior todavía aparecen dulces hechos con castaña, sobre todo en invierno. No es raro que la materia prima llegue de otras zonas del noroeste: la repostería tradicional se adapta a lo que hay disponible cada año.
Paseos tranquilos junto al agua
Uno de los recorridos más agradables de la zona sigue el curso bajo del río Lambre, que desemboca en la ría de Betanzos. A lo largo del valle quedan restos de antiguos molinos harineros que aprovecharon la fuerza del agua durante siglos. Algunos conservan muros y canales bien visibles entre la vegetación.
Más cerca del casco urbano, el paseo marítimo permite recorrer el borde de la ría sin apenas desnivel. Empieza en la zona de la playa de San Pedro y continúa hacia el puerto deportivo. Es un trayecto corto, de esos que los vecinos hacen a última hora de la tarde mientras cambia la luz sobre el agua.
Cómo acercarse y cuándo ir
Sada está a pocos kilómetros de A Coruña y se llega por carretera en poco tiempo. También hay autobuses que conectan ambos municipios con bastante frecuencia, algo lógico si se piensa en la relación diaria entre la ciudad y la ría.
En verano el pueblo se anima mucho más que el resto del año. A mediados de agosto se celebran las fiestas de San Roque, con actos religiosos y ambiente en el puerto. En esas semanas también suelen organizarse jornadas gastronómicas dedicadas al marisco de la zona.
El resto del año Sada funciona con un ritmo más cotidiano. La ventaja es que se puede caminar por el puerto, la playa o los caminos de la ría sin demasiada gente, que es como mejor se entiende este tramo de costa.