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sobre A Fonsagrada
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El Camino Primitivo entra en Galicia por una zona de puertos altos y clima áspero. Tras dejar atrás las montañas de Asturias, uno de los primeros núcleos importantes que encuentra es A Fonsagrada. El topónimo suele relacionarse con una fuente “sagrada” ligada a una vieja tradición jacobea: se cuenta que el Apóstol, aún vivo, hizo brotar agua para socorrer a unos niños hambrientos. La historia pertenece más al terreno de la leyenda que al de la historia, pero ayuda a entender algo esencial del lugar: aquí el agua, la altura y el paso constante de gente han marcado el paisaje y la vida cotidiana durante siglos.
Un collado entre dos cuencas
Mucho antes de que existiera el pueblo tal como hoy se conoce, el paso ya se utilizaba. Por este corredor natural se comunicaban las tierras asturianas con Lucus Augusti (la actual Lugo). Los romanos aprovecharon el collado que separa las cuencas del Eo y del Navia, y en la Edad Media el tránsito continuó ligado al Camino de Santiago.
En el alto de Montouto quedan las ruinas de un antiguo hospital de peregrinos. Tradicionalmente se atribuye su fundación a la monarquía castellana en el siglo XIV. Hoy solo permanecen los muros de pizarra, muy castigados por el clima, pero la ubicación sigue siendo reveladora: desde allí se domina el paso de la sierra y se entiende por qué ese punto servía tanto de refugio como de control del camino.
En el casco urbano, la llamada Fons Sacrata se encuentra en la plaza principal. La fuente actual es una obra de época moderna, en granito, coronada por una cruz jacobea. A pocos metros está la iglesia parroquial de Santa María, reformada en el siglo XVIII sobre un edificio anterior. En su interior se conserva una talla románica de Cristo que, según se cree, procede del antiguo monasterio de San Pedro de Neiro. El valor del conjunto es sobre todo histórico: la iglesia se levantó justo en el lugar donde coincidían rutas de paso, caminos ganaderos y la vía jacobea.
La fraga de Carballido
A unos kilómetros del núcleo urbano se encuentra el bosque de Carballido, uno de los robledales mejor conservados de esta parte de Lugo. Durante siglos muchas fragas de la comarca se transformaron en pastos o plantaciones forestales; este enclave sobrevivió en parte gracias al aislamiento.
El bosque mezcla robles con tejos, acebos y castaños muy viejos. El suelo, húmedo buena parte del año, está cubierto de helechos y musgos que en invierno pueden quedar bajo la nieve. Un sendero señalizado lo atraviesa desde las aldeas cercanas y permite recorrerlo sin dificultad en poco tiempo. No hay grandes infraestructuras ni miradores: el interés está en caminar entre árboles que llevan siglos creciendo en el mismo sitio.
También en el municipio se encuentra la Seimeira de Vilagocende, una cascada bastante conocida en Galicia. El acceso se hace a pie por un sendero que baja entre brezos y carballos hasta el fondo del valle. El terreno suele estar húmedo y conviene caminar con cuidado, sobre todo después de lluvias. En otoño aparecen arándanos silvestres entre la vegetación, y el ruido del agua se escucha mucho antes de ver el salto.
Lo que se come en la montaña
La cocina local tiene mucho que ver con el clima y la altitud. Los inviernos son largos y la despensa tradicional se basa en productos que resisten bien la conservación.
El botelo es el plato más asociado a A Fonsagrada. Se trata de un embutido elaborado con costilla y otras partes del cerdo, adobado y curado al humo. Suele cocinarse acompañado de patatas y grelos. En invierno se celebra una feria gastronómica dedicada a este producto, que reúne a vecinos de toda la comarca.
Otro dulce conocido es el llamado pastel de A Fonsagrada, una elaboración de almendra y crema que se encuentra en la zona desde hace décadas. La miel de la montaña lucense —procedente sobre todo de brezo y castaño— también es habitual en las casas de la comarca y tiene un sabor oscuro y ligeramente amargo, muy distinto de las mieles más suaves.
El día de feria
A Fonsagrada ha funcionado durante mucho tiempo como lugar de intercambio para los pueblos de la sierra. El mercado semanal sigue celebrándose y mantiene en parte ese papel. Ganaderos de la zona y de los concejos asturianos cercanos acuden con animales y productos del campo, mientras en los puestos aparecen herramientas, ropa o alimentos básicos.
Las grandes ferias ganaderas, ligadas a festividades locales, todavía reúnen bastante movimiento algunos días del año. Entonces el centro del pueblo recupera una imagen que fue habitual durante siglos: remolques, animales y tratantes cerrando acuerdos entre conversaciones y cafés tempranos.
Cómo llegar y cuándo ir
A Fonsagrada está conectada por carretera con Lugo y con el occidente de Asturias a través de varios puertos de montaña. El trayecto desde Lugo ronda la hora larga de coche, con bastante curva en los últimos kilómetros. No hay estación de tren; el transporte público llega principalmente por autobús desde la capital provincial.
El clima cambia mucho según la estación. En verano las temperaturas son suaves y las noches refrescan. En invierno la nieve no es rara en los puntos más altos de la comarca y algunos días el tiempo complica la circulación.
Para quienes siguen el Camino Primitivo, A Fonsagrada suele marcar el final de una de las etapas más exigentes desde Asturias. Conviene salir temprano y prever agua y comida antes de afrontar los tramos de montaña.
A Fonsagrada no gira en torno a un gran monumento ni a una plaza monumental. Su historia tiene más que ver con el paso de gente por estas sierras: peregrinos, ganaderos, comerciantes. Todavía hoy esa sensación de cruce permanece, entre montes abiertos, fragas húmedas y carreteras que suben lentamente hacia la divisoria.