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sobre Taboada
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A eso de las ocho, cuando la niebla empieza a levantarse de los prados, el turismo en Taboada todavía no existe como tal: solo se oye algún coche que pasa despacio y el golpe seco de una persiana que se abre. Huele a pan reciente y a tierra húmeda. Las casas del núcleo, muchas de granito oscuro y tejados de pizarra, guardan todavía el frío de la noche. Desde algunas ventanas altas se ve el valle del Miño aclararse poco a poco, como si alguien retirara una tela gris del paisaje.
Taboada queda en la comarca de Chantada, en el interior de Lugo, y funciona más como un lugar donde se vive que como un destino preparado para visitantes. Eso se nota enseguida: la plaza se llena y se vacía siguiendo el ritmo de la mañana, y a media tarde el silencio vuelve a caer sobre las calles.
Iglesias antiguas en medio de las aldeas
En Taboada no hace falta buscar demasiado para tropezarse con iglesias románicas. Aparecen en aldeas pequeñas, rodeadas de prados o de castaños, como si siempre hubieran estado ahí.
Una de las más conocidas es Santa María de Taboada dos Freires. La portada de piedra, de un color entre ocre y gris, tiene ese desgaste suave que dejan los siglos de lluvia. No siempre está abierta, pero cuando lo está el interior mantiene un olor a madera seca e incienso viejo que parece haberse quedado atrapado en las paredes. El suelo cruje al andar y la temperatura baja varios grados incluso en verano.
A pocos kilómetros, en la parroquia de Bembibre, hay otra iglesia románica que suele mencionarse cuando se habla del patrimonio de la zona. Dentro se conserva un sepulcro de piedra asociado a antiguos señores del lugar. La figura esculpida descansa con las manos sobre la espada. La luz entra por una ventana alta y cae directamente sobre la losa. En días calurosos, ese interior fresco se agradece; en invierno conviene llevar algo de abrigo porque la piedra guarda el frío.
Viñedos cerca del Miño
Aunque Taboada no está en la franja más conocida de la Ribeira Sacra, el paisaje alrededor ya empieza a parecerse: laderas que miran al río, viñas en bancales y caminos estrechos que bajan hacia el agua.
En algunos momentos del año el pueblo se anima con ferias relacionadas con el vino y con la cereza, productos bastante presentes en la zona. Suelen colocarse mesas largas y puestos donde se prueban vinos de la comarca y fruta de temporada. El ambiente es bastante local: familias que se conocen, grupos que se quedan charlando horas y música sonando en la plaza.
Los tintos de aquí suelen ser ligeros, con ese punto vegetal que tienen muchos mencías jóvenes. Cuando se acompañan con comida de casa —empanadas, lacón con grelos, patatas cocidas— todo encaja de forma natural. En muchas cocinas todavía se usan cocinas de leña, y ese humo suave se nota en el olor que sale por las chimeneas al caer la tarde.
Un paseo hacia el viejo pazo
Desde el centro del pueblo salen varios caminos que se meten entre robles, castaños y fincas de maíz. Uno de ellos lleva, tras un paseo corto cuesta arriba, hasta el Pazo de los Condes de Taboada.
La construcción mezcla restos más antiguos —muros gruesos, pequeñas aberturas defensivas— con añadidos posteriores más señoriales. Hoy sigue siendo una propiedad privada, así que lo habitual es verlo desde fuera. Aun así, acercarse merece la pena: desde el muro se alcanzan a ver partes del patio empedrado y el jardín, y sobre todo el valle abierto hacia el Miño.
A última hora de la tarde la piedra del edificio cambia de color, tirando a rosado. El viento mueve las hojas de los castaños y trae olor a eucalipto de los montes cercanos.
Cuándo acercarse a Taboada
La primavera suele ser el momento más agradecido para recorrer esta zona. Los prados están muy verdes, los cerezos florecen en varias aldeas y las temperaturas permiten caminar sin prisa por caminos y carreteras pequeñas.
El verano tiene otra cara: calor al mediodía y pueblos muy quietos durante la siesta. A partir de la tarde la vida vuelve a la calle y la gente se sienta en la plaza a tomar algo. Si buscas tranquilidad, mejor evitar las horas centrales del día y moverse temprano o al caer el sol.
En invierno el ambiente es mucho más silencioso. Las mañanas suelen amanecer con escarcha y las aceras de granito pueden resbalar, así que conviene llevar buen calzado. A cambio, el aire huele constantemente a leña quemada y el pueblo recupera ese ritmo lento que aquí parece lo normal.
Antes de marcharte, abre la ventanilla del coche un momento. Entre el canto de algún gallo tardío y el ruido lejano del tráfico en la carretera comarcal, a veces se oye la campana de una iglesia marcando la hora. Es un sonido breve, pero define bastante bien cómo transcurre la vida en Taboada.