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sobre Barbadás
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Barbadás está pegado a la ciudad de Ourense. En coche se llega en minutos. El problema no es entrar, es dónde dejarlo. En A Valenzá, que hace de centro, el tráfico se junta en un par de avenidas y las plazas vuelan entre semana. Si vienes con calma, deja el coche en una calle lateral y muévete andando.
Esto no es un pueblo compacto. Barbadás reparte algo más de 11.000 vecinos en varias parroquias y urbanizaciones que han crecido a la sombra de Ourense. Mucha gente vive aquí y trabaja en la ciudad.
El pueblo que nadie busca
Barbadás suele aparecer cuando ya has pasado Ourense o cuando sales de ella. No es un sitio al que la gente venga con una lista de cosas que ver.
A Valenzá funciona como núcleo. Hay bloques, rotondas y comercio de diario. Nada raro. El resto del municipio se dispersa en parroquias como Piñor, Barexas, Selo o Moureán. Casas bajas, huertas y carreteras estrechas entre ellas.
La primera vez que vine fue en entroido. Error de cálculo. El carnaval aquí se alarga semanas y ocupa varias parroquias. Máscaras de papel maché, música y bastante ruido. Si te gusta el ambiente, bien. Si no, mejor esperar a que pase.
Iglesias, pazos y el museo pequeño
La iglesia de San Martiño de Loiro ronda los nueve siglos. Románica, sencilla. El arco principal aguanta bien. El campanario actual es más reciente y se nota.
La iglesia de Barbadás es posterior, del siglo XVI. Dentro guarda un retablo barroco que los propios vecinos suelen mantener. No es una catedral, pero está cuidada.
Hay varios pazos. El de Bentraces y la llamada casa da Mitra siguen siendo propiedades privadas. Se ven desde fuera y poco más.
En Piñor está el Museo da Gaita. Es pequeño. La colección reúne gaitas de varios lugares y épocas. Se recorre rápido. Si hay alguien atendiendo, suele explicar las diferencias entre la gaita gallega y otras parecidas.
Caminar sin prisa
La ruta de Cova do Lobo sale por la zona de Piñor y recorre pistas de tierra y monte bajo. Es circular y larga para quien no camine mucho. Pasa por la ermita de San Bieito y por la Pedra do Tangaraño, donde a veces brota agua cuando llueve bastante.
También está la ruta dos Castros. Más kilómetros todavía. Tiene un regato, restos de castro y algunos puntos desde los que se ve el Miño. No esperes servicios ni bares por el camino.
Otra senda conecta el museo de la gaita con Piñor y recuerda que el padre de Carmen Martín Gaite era de aquí. La escritora habló alguna vez del lugar en sus textos.
Comer y fiestas del año
En Piñor se celebra la panceta a comienzos de octubre. Mesas largas en la plaza, pan de Cea, embutido y panceta asada. Ambiente de fiesta de pueblo, sin más pretensión.
Los pementos de Barbadás también tienen su día, normalmente a principios de verano. Son pequeños y tiran más a dulces que a picantes. Salen de huertas cercanas al Miño.
En entroido aparece la bica de carnaval, un pan dulce con huevo que muchas familias siguen haciendo en casa. Si no conoces a nadie en el pueblo, se encuentra en las panaderías de A Valenzá.
Durante el año también hay romerías y verbenas en distintas parroquias. San Bernabé o la subida a San Bieito suelen mover bastante gente, sobre todo vecinos de la zona.
Cuándo venir
Verano trae calor y mosquitos del Miño. Invierno es niebla y barro. No hay mucha sorpresa ahí.
Si vienes, hazlo sin plan complicado. Aparca en A Valenzá, cruza hacia alguna de las parroquias cercanas y camina un rato. En una mañana te haces una idea bastante clara de lo que es Barbadás: periferia de ciudad mezclada con aldeas que siguen a su ritmo. No hay mucho más, y tampoco lo pretende.