Artículo completo
sobre Salceda de Caselas
Ocultar artículo Leer artículo completo
El alcornoque tiene siete metros de contorno. Está junto a la capilla de la Ascensión, en Entenza, y alguien clavó una lámina de bronce que dice “400 años”. No hay nadie alrededor. Solo el árbol, la capilla del siglo XVII y silencio. En marzo lo rompen los primeros tractores que vuelven de las viñas.
Si buscas turismo en Salceda de Caselas, la escena es más o menos esa. Un municipio disperso, sin un centro claro y con vida bastante normal. Está a unos 25 minutos de Vigo. Aun así, las carreteras que llegan aquí parecen secundarias. Y eso explica bastante bien el ambiente.
Cómo llegar sin perderse
Si vienes por la A‑55, sal hacia O Porriño y enlaza con la PO‑340. El GPS a veces propone atajos por el interior. Sobre el mapa parecen bien. Luego descubres que la carretera se estrecha y apenas caben dos coches.
Lo más fácil es aparcar en la plaza del Concello. Suele haber sitio. Los martes y los sábados por la mañana se complica porque hay mercado.
Salceda no tiene un casco antiguo compacto. Las parroquias están separadas por viñedos, carreteras locales y urbanizaciones recientes. Si quieres moverte entre unas y otras, lo práctico es el coche.
Lo que hay que ver (rápido)
La iglesia de San Xián, en el centro de Salceda, guarda un retablo barroco hecho en un taller portugués. Nada monumental, pero está bien conservado. Al lado hay un cruceiro del siglo XVIII. La figura del Cristo está algo gastada.
En Entenza está la capilla de la Ascensión y el alcornoque viejo. Básicamente es eso: capilla pequeña, el árbol enorme y campo alrededor. No hay mucho más cerca, así que conviene llevar agua si te quedas un rato.
El castillo de Toroña ya no existe como tal. Quedan restos en un monte que el ayuntamiento identifica como yacimiento arqueológico. No hay demasiadas indicaciones. Desde el polideportivo de Entenza sale un camino de tierra que sube. En unos veinte minutos llegas arriba. Hay vistas abiertas hacia el valle del Miño y varias piedras dispersas que marcan el lugar.
Rutas para quemar las piernas
El Sendeiro dos Muiños de Picoña es el paseo más conocido por aquí. Sigue el río Caselas durante unos dos kilómetros y pasa junto a varios molinos restaurados. El recorrido es fácil y está señalizado.
Cuando llueve el barro se queda con media senda. No es peligroso, pero conviene llevar botas que no resbalen.
Otra caminata corta es la zona de molinos de San Esteban de Budiño. Puente de piedra, fuente y más molinos. Se recorre en menos de una hora si vas tranquilo. El paisaje es el típico del interior de esta parte de Pontevedra: verde, cerrado y sin grandes miradores.
Comer y beber
Aquí el lomo asado sigue siendo comida de domingo en casa, no algo de carta elaborada. Los bares del municipio funcionan como siempre han funcionado: barra, caña, tortilla y conversación.
En algunas fiestas locales montan carpas donde sirven raciones sencillas. Suelen aparecer platos contundentes, callos entre ellos. Si coincide la visita con alguna celebración, es la forma más fácil de probar cocina de la zona sin complicarse.
El vino que se bebe por aquí suele venir de viñas cercanas del sur de Pontevedra. Blanco, ligero y sin demasiada ceremonia.
Cuándo venir y consejo directo
Mayo y septiembre suelen ser los meses más tranquilos. Temperatura suave y movimiento normal en el campo. En pleno verano mucha gente trabaja en Vigo o se escapa a la costa, así que el ambiente baja.
Si pasas cerca, Salceda de Caselas funciona como parada corta. Aparca, acércate al alcornoque de Entenza, camina un rato por el sendero de los molinos y sigue ruta hacia Tui o hacia Portugal. Con eso ya te haces una idea bastante clara del sitio.