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sobre Soutomaior
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Hay un momento, justo cuando cruzas Ponte Sampaio en coche, en el que levantas la vista hacia las colinas y aparece el castillo. Desde lejos parece el típico castillo de cuento. Pero cuando llegas entiendes mejor cómo funciona el lugar: más que una fortaleza con jardines, es casi un jardín enorme con un castillo en medio.
Eso resume bastante bien el turismo en Soutomaior.
El castillo que es un jardín (o al revés)
El Castillo de Soutomaior es como ese amigo que se apunta al gimnasio pero luego resulta que lo que de verdad le gusta es la jardinería. La fortaleza está bien y tiene historia, pero lo que te deja con la boca abierta son los jardines.
Detrás del castillo hay varias hectáreas llenas de camelias. Muchísimas. Si vienes cuando están en flor —normalmente entre finales de invierno y principios de primavera— el paseo parece un catálogo de variedades distintas: blancas, rosas, rojas, algunas enormes, otras más discretas.
El origen del castillo se remonta a la Edad Media y durante siglos estuvo ligado a la figura de Pedro Madruga, uno de esos personajes históricos gallegos que generan más historias que certezas. Hay incluso teorías que lo relacionan con Cristóbal Colón. Sí, esa vieja discusión de si Colón podía ser gallego sigue apareciendo de vez en cuando.
Dentro también aparece otra figura interesante: María Vinyals, que vivió aquí a principios del siglo XX. Fue escritora, adelantada a su tiempo en muchas cosas, y convirtió el castillo durante una etapa en un lugar bastante peculiar para la época, con iniciativas sociales e incluso un sanatorio. No es la típica historia de castillo medieval y ya está.
Arcade y la tradición de las ostras
Arcade, una de las parroquias del municipio, vive muy ligada a la ría y a las ostras. Aquí llevan siglos criándolas y comiéndolas, y todavía hoy son parte importante de la identidad local.
Las ostras de esta zona tienen esa mezcla curiosa de agua salada y agua dulce que viene de la desembocadura de varios ríos. El resultado es un sabor más suave que el de otras zonas de costa, algo que muchos aficionados a las ostras comentan cuando las prueban aquí.
Cada primavera suele celebrarse la conocida fiesta dedicada a este molusco. Durante esos días Arcade se llena bastante y el ambiente cambia por completo: puestos, gente probando ostras y mucho movimiento en las calles. Si buscas el pueblo tranquilo de diario, mejor evita ese fin de semana. Si te gusta el ambiente de feria, entonces sí tiene gracia verlo así.
Un detalle práctico: el lunes después de la fiesta el ritmo baja muchísimo. Es el típico día en que el pueblo parece estar recuperándose.
El río Verdugo y el paseo que usa medio pueblo
El Verdugo —sí, el nombre sorprende la primera vez— atraviesa el municipio y en verano se convierte en uno de los puntos más utilizados por la gente de la zona.
Hay una playa fluvial bastante frecuentada cuando aprieta el calor. Familias con neveras, chavales tirándose al agua, gente paseando al perro… ese tipo de escena que se repite en muchos pueblos gallegos cuando llega julio.
Desde allí sale un paseo sencillo que sigue el curso del río. No tiene dificultad y suele hacerse con calma, más para estirar las piernas que para hacer deporte en serio. A lo largo del recorrido aparecen varios puentes históricos y zonas de sombra donde parar un rato.
Es el típico plan de tarde tranquila: paseo, un rato junto al agua y vuelta.
Cuándo venir (y cuándo no)
Una vez me pillaron aquí las fiestas del Divino Salvador en agosto y el cambio es radical. El municipio se llena, hay música por la noche y bastante ambiente. Si te gustan las fiestas populares, tienen su gracia. Si vienes buscando silencio y paseo tranquilo, agosto no es el mejor momento.
En primavera el lugar cambia bastante. Las camelias del castillo están en flor y todavía no ha llegado la avalancha de fines de semana. Entre marzo y abril el ambiente es mucho más relajado.
También por esas fechas suele celebrarse el Corpus Christi con alfombras florales en algunas calles. Son composiciones hechas con pétalos y otros materiales naturales que duran poco, pero mientras están montadas llaman bastante la atención.
El truco está en no esperar demasiado
Soutomaior no compite con ciudades monumentales ni con grandes destinos de costa. Y casi mejor así.
Aquí vienes por tres o cuatro cosas muy concretas: el castillo con sus jardines, el entorno del río, la tradición de las ostras en Arcade y ese ritmo de pueblo que todavía se mantiene bastante intacto.
Yo lo suelo ver como una excursión de medio día largo. Visitas el castillo con calma, bajas hacia Arcade, das un paseo junto al río y listo.
Como esos capítulos buenos de una serie que duran lo justo: cuando termina te quedas con buen recuerdo y no se hace pesado. Y Soutomaior funciona bastante así.