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sobre Arnedo
Ciudad del Calzado con importante industria y patrimonio rupestre; puerta de entrada al valle del Cidacos.
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El olor a cuero nuevo aparece antes de cruzar el puente sobre el Cidacos. No es una metáfora: durante décadas el trabajo del calzado ha marcado el ritmo de Arnedo. La ciudad no empezó cuando alguien la llamó “Capital del Calzado”. Su historia es bastante más larga. Ya en época celtíbera había asentamientos en esta zona de yesos blandos, fáciles de excavar y cerca de un río que garantizaba agua y huerta.
La ciudad que se subió a la peña
La parte vieja de Arnedo se entiende mirando la peña donde se apoya. No responde a un capricho urbanístico. Es pura defensa. Cuando el territorio quedó en la frontera entre Al-Ándalus y los reinos cristianos, la altura ofrecía control sobre el valle.
Queda poco de la antigua fortificación. La Puerta del Cinto, levantada en época medieval, recuerda que allí hubo muralla. Desde ese punto las calles suben con pendiente clara. Las casas se adaptan como pueden al terreno. En algunos interiores la roca forma parte del propio muro, algo bastante común en esta zona yesífera.
Las iglesias principales aparecen cuando Arnedo ya era una villa consolidada en la Edad Moderna. Santo Tomás, San Cosme y San Damián o Santa Eulalia pertenecen al siglo XVI, con reformas posteriores. No son templos monumentales, pero guardan retablos barrocos y piezas devocionales ligadas a los gremios locales. Durante siglos muchos artesanos alternaban oficios: trabajar la madera para un retablo o para hormas de zapato no estaba tan lejos.
Cuevas excavadas en la roca
Las llamadas Cuevas de los Cien Pilares forman uno de los conjuntos rupestres más conocidos de La Rioja. El número exacto de pilares excavados suele discutirse, pero el nombre se ha quedado. Se excavaron entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media en la ladera que domina el valle.
Su uso cambió con el tiempo. Primero se relacionan con eremitas y pequeñas comunidades religiosas. Más tarde sirvieron como bodegas, almacenes o palomares. La temperatura estable de la roca ayudaba a conservar vino y alimentos.
En la parte alta se localizan restos del monasterio rupestre de San Miguel. Desde esa cornisa se ve bien el curso del Cidacos y la expansión moderna de Arnedo hacia la vega.
A pocos kilómetros aparece el monasterio de Vico. Su origen se sitúa en torno al siglo X, aunque el edificio actual mezcla etapas posteriores. Hoy lo ocupa una comunidad de agustinas recoletas. El lugar estuvo vinculado a una antigua vía que comunicaba el valle con tierras castellanas, lo que explica su presencia en un punto algo apartado del casco urbano.
Un calendario muy ligado al pueblo
Las fiestas de Arnedo mezclan tradición religiosa y costumbres relativamente recientes. En torno a San José se celebra una feria vinculada al calzado que llena el centro de puestos y actividad comercial. Tiene lógica en una ciudad donde buena parte de la economía ha dependido de ese sector.
En Semana Santa se mantiene el reparto popular de ajo asado con huevo. La costumbre suele situarse en los años de posguerra, cuando parroquias y asociaciones repartían comida entre las familias con menos recursos. Con el tiempo se convirtió en un acto colectivo que reúne a vecinos y curiosos.
Las fiestas de San Cosme y San Damián, en septiembre, son las patronales. Durante varios días hay actos religiosos, música en la calle y desfiles organizados por peñas. El mundo del calzado suele aparecer de alguna manera en las carrozas o en la decoración de las calles.
Caminar por el valle del Cidacos
El antiguo ferrocarril que transportaba yeso por el valle dejó de funcionar en la segunda mitad del siglo XX. Parte de su trazado se acondicionó después como vía verde. Hoy conecta varios pueblos del Cidacos y permite recorrer el valle a pie o en bicicleta.
El tramo cercano a Arnedo atraviesa túneles y sigue de cerca el curso del río. El paisaje alterna huertas, laderas erosionadas de yeso y pequeñas zonas de bosque de ribera.
Otra caminata habitual es la senda que recorre la parte alta de la ciudad, cerca de las cuevas. Desde allí se ven tanto el casco antiguo como los polígonos industriales donde se concentra la producción de calzado. Esa vista resume bastante bien el carácter de Arnedo: una ciudad histórica que nunca dejó de ser un lugar de trabajo.
Cómo llegar y orientarse
Arnedo se encuentra en el valle del Cidacos, en el sureste de La Rioja, a menos de una hora por carretera de Logroño. La conexión habitual es por la red de carreteras autonómicas que atraviesa el valle.
El casco antiguo se recorre andando sin dificultad, aunque las calles tienen pendiente. Conviene dejar el coche en las zonas bajas y subir a pie. Así se entiende mejor cómo creció la ciudad alrededor de la peña.
Las cuevas, el castillo y el centro histórico pueden verse en una tarde tranquila. Si se añade la vía verde o el monasterio de Vico, lo normal es dedicar al menos un día completo a Arnedo y su entorno.