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sobre Villarroya
Famoso por ser el pueblo que vota más rápido de España; localidad minúscula y tranquila.
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Villarroya se encuentra en la Rioja Baja, en la comarca de Arnedo, pero su carácter lo define la sierra. A 900 metros, en un repliegue de las estribaciones del Sistema Ibérico, el pueblo es un ejemplo de cómo la despoblación ha ido modelando un territorio. El censo oficial habla de nueve habitantes, una cifra que no es un dato anecdótico, sino la clave para entender su silencio y su arquitectura contenida.
El caserío es un puñado de casas de mampostería y sillarejo, con tejados a dos aguas de teja árabe. La disposición no sigue un plano urbano, sino la lógica de la ladera y la necesidad de resguardarse del cierzo. No hay ornamentos superfluos; la construcción es la propia de la zona entre los siglos XVIII y XIX, cuando estos pueblos de montaña vivían de la ganadería extensiva y el carboneo.
La iglesia parroquial de San Juan Bautista domina visualmente el conjunto. Es un edificio de origen medieval, reformado en época barroca, con una espadaña de campanas en lugar de torre. Su interior es sobrio. Su importancia radica más en ser el único edificio que rompe la horizontalidad del pueblo y en marcar un hito en el paisaje para quien viene por la carretera.
Un paseo por el caserío y el monte
Recorrer las calles de Villarroya lleva poco más de media hora. El interés no está en monumentos, sino en leer las huellas del pasado en los muros: portadas con dovelas, pequeños escudos borrosos en algunas fachadas y los corrales adosados a las viviendas, que hablan de una economía agroganadera.
Lo que da verdadera dimensión al lugar son los caminos que salen del pueblo. Una pista forestal que asciende hacia el monte permite, en diez minutos de subida, obtener una vista completa del núcleo. Desde allí se aprecia su escala real: un grupo compacto y diminuto, casi engullido por un mar de robles y pinos.
La vida en un municipio mínimo
Villarroya no es un pueblo con servicios turísticos. No hay comercios, bares ni alojamientos. Su visita tiene sentido dentro de un recorrido por la sierra riojana oriental, o como una parada para entender el proceso de vaciamiento que ha afectado a estas comarcas altas. La sensación de aislamiento es parte inherente de su carácter.
Muchos visitantes llegan de paso hacia otras rutas de senderismo o tras visitar Arnedo, a media hora en coche. Villarroya funciona como un contrapunto de quietud.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
Se accede por carreteras comarcales desde Arnedo o Préjano. Son vías estrechas y serpenteantes, bien asfaltadas pero que requieren atención, especialmente con niebla o hielo invernal.
Dada la ausencia de servicios, es recomendable llevar agua y algo de comida si se planea caminar por los alrededores. Para el coche, hay espacio sin señalizar a la entrada del pueblo; es mejor aparcar allí y continuar a pie. El tamaño del lugar hace que todo esté a unos pasos.