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sobre Calahorra
Capital de la Rioja Baja con pasado romano ilustre; centro comercial y agrícola famoso por sus verduras.
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El viento de la llanura se mete por las calles de Calahorra como quien visita una casa conocida. No es un viento cualquiera: es el mismo que seca los pimientos que cuelgan de los balcones en otoño y el que atraviesa la vega del Ebro antes de entrar en la ciudad. Cuando llega desde los campos trae olor a tierra húmeda y a huerta recién trabajada. En esta parte de La Rioja, las verduras mandan en la cocina y también en la economía cotidiana.
Calahorra, en La Rioja Baja, no se entiende sin ese paisaje agrícola. La ciudad se levanta en una terraza sobre el Ebro, en un punto de paso natural entre el valle y las rutas que bajan hacia el valle del Cidacos y Aragón. Esa posición explica casi toda su historia.
Una ciudad con raíces romanas
Antes de ser Calahorra, el lugar fue Calagurris, una ciudad romana bien conocida en las fuentes clásicas. Los textos latinos la mencionan durante las guerras civiles del siglo I a. C., cuando la ciudad tomó partido y resistió un largo asedio. Aquella fidelidad política la hizo famosa en Roma, aunque también dejó una imagen dura de la ciudad en las crónicas antiguas.
De esa época queda poco visible a simple vista, pero el subsuelo conserva bastantes restos. En distintas excavaciones han aparecido tramos de cloaca, mosaicos y estructuras domésticas que recuerdan que aquí hubo una ciudad romana organizada, con foro, muralla y red de saneamiento.
La figura más conocida vinculada a Calagurris es Marco Fabio Quintiliano, retórico del siglo I d. C. y autor de la Institutio Oratoria, uno de los tratados educativos más influyentes de la Antigüedad. Su nombre aparece con frecuencia en la ciudad, aunque la mayoría de visitantes pasa por alto que uno de los grandes pedagogos del mundo romano nació aquí.
El peso del obispado
Tras la caída del Imperio, Calahorra mantuvo relevancia como sede episcopal. El obispado se documenta ya en época tardoantigua y siguió activo durante la Edad Media, lo que explica la importancia religiosa de la ciudad durante siglos.
La catedral de Santa María ocupa el lugar donde tradicionalmente se sitúa el centro de la ciudad histórica. El edificio actual es el resultado de varias fases constructivas entre finales de la Edad Media y la época moderna. No es una catedral monumental si se compara con otras de la mitad norte peninsular, pero su presencia marca el perfil urbano.
Dentro se conservan capillas, retablos y piezas litúrgicas que hablan de una diócesis antigua y estable. La devoción local gira en torno a San Emeterio y San Celedonio, mártires asociados a la tradición cristiana temprana de la ciudad y patronos de Calahorra.
Restos romanos bajo la ciudad actual
La ciudad moderna se ha ido superponiendo a la romana. En algunos puntos del casco urbano se pueden ver restos de muralla o estructuras defensivas reutilizadas en épocas posteriores. También se han documentado tramos de cloaca romana que, con adaptaciones, han seguido cumpliendo funciones de drenaje durante siglos.
El Museo de la Romanización reúne parte de los hallazgos arqueológicos encontrados en la zona. Mosaicos fragmentarios, cerámica, monedas y esculturas ayudan a reconstruir cómo era Calagurris dentro de la red urbana del valle del Ebro. No era una capital provincial, pero sí una ciudad con cierta entidad dentro del territorio romano.
La huerta del Ebro
Si hay algo que mantiene viva la identidad local es la huerta. La vega del Ebro alrededor de Calahorra lleva siglos cultivándose con sistemas de riego tradicionales. Documentos medievales ya mencionan acequias y repartos de agua para los campos cercanos.
La fama de las verduras de la zona no es reciente. Alcachofas, espárragos, pimientos o borraja forman parte de una cocina muy ligada al calendario agrícola. La menestra es probablemente el plato que mejor resume esa tradición: varias verduras cocinadas juntas, cada una en su punto.
Existe incluso un Museo de la Verdura, algo poco habitual pero coherente con el papel que tiene la huerta en la economía local. Más que una curiosidad, funciona como una forma de explicar cómo se cultiva y se cocina en esta parte del valle del Ebro.
El entorno de la Rioja Baja
Aunque la ciudad se recorre caminando en poco tiempo, el territorio alrededor es amplio y bastante variado. Hacia el sur empiezan los relieves más secos del valle del Cidacos. Hacia el norte domina la llanura agrícola del Ebro.
En varios puntos de la Rioja Baja aparecen yacimientos de icnitas de dinosaurio, huellas fosilizadas que recuerdan que este paisaje fue muy distinto hace millones de años. Algunos se pueden visitar con explicaciones interpretativas.
También hay caminos que siguen el curso del Ebro entre huertas, choperas y pequeñas áreas de cultivo. Son trayectos tranquilos que ayudan a entender cómo se organiza el paisaje agrícola que rodea la ciudad.
Llegar y moverse
Calahorra se encuentra en el eje del valle del Ebro, entre Logroño y Zaragoza. Se llega fácilmente por carretera siguiendo ese corredor natural que conecta ambas ciudades.
El centro histórico se recorre andando sin dificultad. Conviene dedicar algo de tiempo a caminar sin rumbo entre las calles cercanas a la catedral y al antiguo trazado de la muralla. Ahí es donde todavía se percibe mejor la superposición de épocas que ha ido formando la ciudad.