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sobre Redal (El)
Pueblo del Valle de Ocón con molinos harineros restaurados; paisaje de transición valle-sierra.
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A primera hora de la mañana, cuando el aire todavía guarda algo de frescor, El Redal se ve rodeado de campos abiertos y de un silencio que solo rompe algún tractor lejano. A unos 30 kilómetros de Logroño, este pequeño pueblo riojano aparece entre viñedos y cereal, con calles tranquilas donde el tiempo parece ir más despacio que en la capital.
Aquí no hay prisa. Las fachadas claras devuelven la luz del sol y, en otoño, el viento mueve las hojas secas por las esquinas como si el pueblo todavía estuviera despertando.
La iglesia y el centro del pueblo
En cuanto entras en El Redal, la iglesia parroquial marca el centro del casco urbano. Su torre sobresale por encima de las casas, sin adornos exagerados, hecha más para durar que para llamar la atención. Alrededor se agrupan viviendas de piedra, adobe y ladrillo, muchas con aleros de madera oscurecida por los años.
Si caminas despacio aparecen detalles pequeños: portales con dinteles de piedra, rejas de hierro algo torcidas, paredes encaladas que cambian de tono según la hora del día. A media tarde la luz cae de lado por las calles estrechas y las sombras se alargan contra las fachadas.
Dentro de la iglesia —cuando está abierta— el ambiente suele ser sencillo, con esa sensación de lugar usado durante generaciones más que pensado para ser visitado.
Caminos alrededor del pueblo
El paisaje que rodea El Redal es amplio y despejado. Desde las últimas casas salen caminos agrícolas que atraviesan los campos y permiten caminar sin demasiada dificultad. No son rutas preparadas como tal, sino caminos de trabajo que utilizan los agricultores.
En primavera el verde es muy suave y el aire trae olor a tierra húmeda. En verano, en cambio, el terreno se vuelve dorado y el calor aprieta pronto. Si te gusta fijarte en los sonidos, al amanecer se escuchan alondras y otras aves pequeñas que sobrevuelan los cultivos; a veces también algún cernícalo suspendido en el aire.
Cerca del pueblo hay una pequeña ermita sencilla, de esas que parecen parte del paisaje más que un monumento.
Un paseo corto para entender El Redal
El tamaño de El Redal permite recorrerlo sin mapa. En una o dos horas se puede caminar por las calles principales, rodear la iglesia y salir un poco hacia los caminos que bordean el casco urbano.
Desde esos caminos el pueblo se ve entero: un puñado de tejados entre campos abiertos. Al atardecer, cuando baja la luz y el viento mueve las viñas, el paisaje adquiere tonos ocres y rojizos muy propios de esta parte de La Rioja.
No hace falta mucho más. Aquí la visita consiste sobre todo en caminar despacio y mirar alrededor.
Cosas a tener en cuenta antes de venir
El verano al mediodía puede resultar duro. Los campos que rodean El Redal apenas tienen sombra y el sol cae directo, así que suele ser mejor pasear temprano o esperar a la última hora de la tarde.
Conviene traer agua si vas a caminar por los caminos agrícolas y calzado cómodo: algunos tramos son de tierra suelta o grava. Y, al tratarse de un pueblo pequeño, no siempre encontrarás servicios abiertos a cualquier hora. Si planeas pasar más tiempo por la zona, lo más práctico suele ser combinar la visita con otros pueblos cercanos.
Cómo llegar
Desde Logroño, El Redal queda aproximadamente a media hora en coche. El acceso se hace por carreteras secundarias que atraviesan zonas de cultivo y pequeños núcleos rurales. Conducir por aquí es sencillo, aunque en época de vendimia o de trabajos agrícolas es normal cruzarse con maquinaria en la carretera.