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sobre Cellorigo
Conocido como el Púlpito de La Rioja; pequeña aldea encaramada en los Montes Obarenes con vistas espectaculares.
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El turismo en Cellorigo empieza por entender dónde está. El pueblo se levanta en una de las cotas altas de la comarca de Haro, rondando los 780 metros, en un terreno que ya anuncia la transición entre la Rioja vitivinícola y las sierras que cierran el valle del Ebro. Hoy viven aquí apenas una quincena de personas, y el caserío —muy reducido— conserva la lógica de los pequeños núcleos agrícolas de la Rioja Alta.
Las pocas casas que forman el pueblo mantienen materiales habituales en la zona: muros de piedra, algo de adobe en las construcciones más antiguas y tejados de teja curva. No hay apenas crecimiento moderno; lo que se ve responde a un modo de habitar bastante antiguo, ligado al trabajo del campo y al cuidado de ganado en pequeña escala.
El paisaje que rodea Cellorigo resulta más áspero de lo que uno asocia normalmente con La Rioja. Las viñas quedan lejos. Aquí dominan las lomas cubiertas de encinas y robles, con algunos campos de cereal en las zonas más abiertas. Desde los puntos altos del caserío se entiende bien por qué el asentamiento está donde está: las laderas protegen del viento y al mismo tiempo permiten vigilar el territorio inmediato.
La iglesia y el pequeño núcleo
La iglesia de San Andrés ocupa el centro del caserío. Su origen se sitúa en el siglo XVI, aunque el edificio ha tenido reformas posteriores. No es un templo monumental, pero guarda un retablo barroco modesto que merece una mirada tranquila.
Alrededor de la iglesia se organizan las viviendas y antiguos corrales. La distribución es bastante clara: casas compactas, dependencias para animales y espacios de almacenamiento. No hay elementos pensados para el visitante; lo interesante está en cómo se ordena todo en torno a la vida cotidiana de un pueblo muy pequeño.
Caminos y paisaje cercano
Los caminos que salen de Cellorigo enlazan con otros pueblos de la zona y atraviesan lomas cubiertas de monte bajo y pequeños bosques. Son pistas y senderos usados tradicionalmente para moverse entre términos o acceder a tierras de cultivo.
Caminar por ellos ayuda a entender el aislamiento relativo del lugar. No está lejos de Haro en kilómetros, pero la sensación es otra: relieve irregular, silencio y muy poca presencia humana.
Una visita breve
Cellorigo se recorre rápido. En una hora se puede caminar por todo el núcleo, acercarse a la iglesia y observar con calma las casas y los corrales que rodean el pueblo.
Si se sigue alguno de los caminos que suben por las lomas cercanas, en poco tiempo se gana perspectiva sobre el caserío y el paisaje que lo rodea. Desde arriba se aprecia bien lo pequeño que es el asentamiento y lo expuesto que queda en mitad del monte.
Lo que conviene saber antes de ir
En el pueblo no hay tiendas ni servicios. Lo habitual es acercarse desde Haro u otras localidades cercanas y volver el mismo día.
El acceso se hace por carreteras secundarias y el último tramo tiene curvas y calzada estrecha, algo normal en esta parte de la sierra. Conviene llegar con lo necesario —agua, combustible— y aparcar sin bloquear los pasos del pueblo.
Cellorigo no requiere mucho tiempo, pero sí cierta calma para entenderlo. Más que un destino en sí mismo, suele funcionar bien como parada dentro de una ruta por los pueblos menos transitados de la Rioja Alta.