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sobre Cidamón
Pequeño municipio agrícola con un castillo privado; destaca por su tranquilidad y campos de cereal.
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A la sombra de un olivo, con el canto de un mirlo colándose entre los campos, uno puede detenerse en medio de un camino agrícola y notar cómo el silencio pesa un poco más de lo habitual. Así aparece Cidamón, en La Rioja Alta: unas pocas casas reunidas entre parcelas de cereal, con los Montes Obarenes dibujándose al fondo cuando el día está limpio. La escasa población —hoy ronda los 18 habitantes— mantiene un ritmo tranquilo entre trigo y cebada, con viviendas de piedra y ladrillo que muestran reparaciones hechas a lo largo de décadas, sin demasiado disimulo.
El pequeño núcleo alrededor de la iglesia
En el centro del pueblo se levanta la iglesia parroquial, de ladrillo visto y proporciones contenidas. No hay grandes adornos: un campanario sencillo, muros rectos y la sensación de que todo se construyó pensando en durar más que en impresionar. Alrededor salen un puñado de calles cortas donde aparecen portones de madera algo combados por el tiempo, rejas de hierro y fachadas donde la piedra asoma bajo capas de revoco.
A ciertas horas del día apenas se oye nada más que el viento moviendo alguna chapa suelta o el paso lento de un tractor que entra o sale del término. El tamaño del pueblo se entiende enseguida: en unos minutos lo has recorrido entero.
Caminos entre cereal y horizonte abierto
La otra mitad de Cidamón está fuera del casco urbano. Desde las últimas casas parten caminos agrícolas que cruzan campos muy abiertos. En primavera el verde cubre las lomas suaves que rodean el municipio; a finales de verano la tierra se vuelve ocre y el polvo se levanta bajo las ruedas de los remolques.
Si caminas unos minutos en dirección a los campos, el pueblo desaparece detrás de una ligera ondulación del terreno. Entonces quedan solo las parcelas, alguna encina aislada y las sierras lejanas cerrando el horizonte. En las lindes se oyen perdices, lavanderas o algún cuervo que atraviesa el cielo despacio.
Son paseos sencillos, sin señalización ni itinerarios marcados. Conviene ir con atención para no meterse en fincas privadas ni estorbar el trabajo agrícola.
La luz cambia mucho el paisaje
Aquí la luz manda más que la arquitectura. Por la mañana los campos suelen tener una claridad fría que deja ver cada surco. Al atardecer, cuando el sol cae hacia el oeste, las tierras labradas toman tonos rojizos y el perfil de los Obarenes se recorta con más nitidez.
En verano el calor aprieta en las horas centrales: hay poca sombra entre los cultivos y el aire se queda quieto. Si vas a caminar, mejor hacerlo temprano o al final de la tarde. En invierno, en cambio, la niebla puede quedarse enganchada en la llanura durante horas y el pueblo aparece y desaparece dentro de una capa húmeda.
Un lugar pequeño, sin servicios
Cuanto más tiempo pasas en Cidamón, más claro queda su tamaño real. No hay tiendas ni bares abiertos a diario, y la vida del pueblo gira sobre todo alrededor del campo. Si planeas pasear por los caminos, lo más sensato es llevar agua y algo de comida.
También conviene aparcar con cuidado y dejar siempre paso libre a maquinaria agrícola o accesos a parcelas. Los caminos se utilizan a diario para trabajar.
Una parada breve en la Rioja Alta
Cidamón suele encajar mejor como una pequeña parada mientras se recorren otros pueblos de la zona de Haro o Casalarreina. Aquí lo interesante no es acumular visitas, sino fijarse en los detalles: la tierra recién removida después de pasar el arado, el sonido seco de las espigas cuando sopla el viento, o la luz de última hora pegándose a los tejados.
Si coincide que hay algún vecino fuera, quizá salga una conversación corta apoyados en la puerta de casa. En pueblos de este tamaño, esas charlas forman parte del lugar tanto como los campos que lo rodean.
Datos prácticos para la visita
Desde Logroño el trayecto suele llevar algo menos de una hora en coche en dirección a la zona de Haro, tomando después carreteras locales que atraviesan campos de cultivo. El acceso final es estrecho pero transitable.
En el propio Cidamón no hay servicios turísticos ni comercios habituales, así que conviene llegar con lo necesario para la visita. Si se quiere pasar más tiempo por la zona, los pueblos cercanos de la comarca cuentan con más opciones para comer o alojarse. Lo importante, como siempre en estos núcleos pequeños, es moverse con respeto por los caminos y las fincas que siguen en uso.