Artículo completo
sobre Cuzcurrita de Río Tirón
Villa señorial con un castillo bien conservado junto al río; destino turístico de calidad.
Ocultar artículo Leer artículo completo
A mediodía, cuando el sol cae recto sobre la plaza, la piedra clara de las casas devuelve una luz casi dorada. Bajo los soportales hay sombra y un poco de fresco. En Cuzcurrita de Río Tirón el ruido llega amortiguado: alguna conversación que rebota entre las columnas, el golpe de una persiana que se abre, pasos sobre el empedrado. No es un pueblo que se recorra con prisa.
El centro se camina en pocos minutos, pero conviene hacerlo despacio. En una esquina aparece una portada con escudo labrado; más allá, un patio que deja ver azulejos gastados y macetas apoyadas contra la pared. Hay también alguna fuente de piedra que lleva años casi en silencio. Sobre todo eso se levanta la iglesia de San Miguel Arcángel, cuya torre asoma por encima de los tejados desde casi cualquier calle. El templo comenzó a levantarse a finales del siglo XV y después se fue ampliando. Desde fuera la fachada es sobria; dentro suele sentirse un cambio inmediato de temperatura, ese fresco de piedra gruesa donde la luz entra filtrada por las vidrieras.
El paseo junto al río Tirón
Si bajas caminando hacia el río, el ambiente cambia. Aparecen chopos y álamos que mueven las hojas con un sonido seco cuando sopla algo de aire. El Tirón aquí no es ancho, pero corre constante entre piedras redondeadas. Hay algunos bancos y tramos donde la gente se sienta simplemente a mirar el agua.
En primavera los campos alrededor suelen estar muy verdes; a finales de verano el paisaje se vuelve más ocre y polvoriento. Aun así, el paseo mantiene sombra suficiente durante buena parte del día.
Caminos entre viñas y viejas bodegas
Al salir del casco urbano empiezan los caminos de tierra que atraviesan viñedos y parcelas de cereal. No siempre están señalizados con detalle, pero muchos conectan entre sí y permiten caminar un rato sin perder de vista el pueblo.
En los alrededores todavía se conservan calados y bodegas subterráneas ligados a la tradición del vino. Muchos son privados o permanecen cerrados, aunque forman parte clara del paisaje local. Si piensas caminar por esta zona, mejor llevar calzado cómodo: cuando llueve la tierra se vuelve pegajosa y el barro se acumula rápido en las suelas.
El vino en la vida del pueblo
El vino está muy presente en Cuzcurrita. En el término municipal trabajan varias bodegas familiares y algunas organizan visitas o catas. Lo habitual es concertarlas con antelación, sobre todo en época de vendimia o en fines de semana largos, cuando el movimiento en la zona aumenta bastante.
Bajo algunas casas del casco antiguo todavía quedan calados donde antiguamente se guardaban las barricas o el mosto. No siempre son visibles desde la calle, pero forman parte de la historia vinícola del pueblo.
Fiestas a lo largo del año
El calendario festivo aquí es sencillo y bastante ligado a las tradiciones del campo. En invierno suele celebrarse San Antón con hoguera y bendición de animales en la plaza. En mayo llega San Isidro, muy relacionado con los agricultores. Y hacia el final del verano se celebran las fiestas dedicadas a San Miguel Arcángel, cuando coinciden música, cuadrillas y el ambiente propio de la vendimia.
Si vas con poco tiempo
Con un par de horas basta para recorrer el casco antiguo y bajar hasta el río. La iglesia a veces se encuentra abierta durante el día, aunque no siempre; si está cerrada, merece la pena rodearla y fijarse en los contrafuertes y en la altura de la torre.
Para aparcar, lo más cómodo suele ser dejar el coche en alguna calle amplia en la parte exterior del centro y entrar caminando. Las calles interiores son estrechas y en varios tramos apenas cabe un vehículo.
Si te interesa visitar alguna bodega, conviene organizarlo antes de llegar. Presentarse sin avisar puede significar encontrar la puerta cerrada o depender de que alguien tenga un rato libre.
Al final, Cuzcurrita funciona mejor cuando se baja el ritmo: un paseo corto, un rato junto al río y la luz de la tarde cayendo sobre la piedra clara de las fachadas. Con eso suele bastar para entender el lugar.