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sobre Gimileo
Pequeño municipio en un meandro del Ebro; ofrece vistas espectaculares sobre el río y viñedos.
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A media mañana, cuando el sol ya pasa por encima de los tejados bajos, la piedra de la iglesia de San Andrés empieza a coger un tono dorado muy suave. En la plaza apenas se oye nada: alguna puerta que se cierra, el ruido breve de un coche que atraviesa el pueblo y sigue hacia los viñedos. En Gimileo el silencio no es absoluto, pero sí constante, como un murmullo bajo que acompaña todo.
Gimileo está a pocos kilómetros de Haro, en La Rioja Alta, rodeado de viñas que cambian de color según la estación. El casco urbano es pequeño y bastante compacto. No hay grandes edificios ni calles monumentales, pero sí una continuidad clara: piedra, ladrillo, portones de madera oscura, patios que quedan medio escondidos detrás de los muros. La iglesia parroquial, levantada hace varios siglos y reformada con el tiempo, marca el centro del pueblo con una torre que sobresale lo justo entre los tejados.
Caminar entre viñas a las afueras del pueblo
Basta salir por cualquiera de las calles que apuntan hacia el campo para encontrarse enseguida con caminos agrícolas. Son pistas de tierra usadas por tractores y gente que trabaja las fincas, así que conviene caminar por un lado y estar atento si aparece algún vehículo.
Desde ahí el paisaje se abre rápido. No hay miradores preparados ni carteles señalando panorámicas. Lo que hay es una sucesión de parcelas de viña, algunas muy ordenadas y otras con bordes irregulares, pequeños ribazos con hierba y, a lo lejos, el valle del Ebro extendiéndose en horizontal.
Si te gusta caminar sin complicarte demasiado, estos caminos suelen tener poca pendiente. En media hora puedes alejarte lo suficiente como para ver el pueblo reducido a un grupo de tejados claros en medio del viñedo.
La luz y los detalles del casco urbano
Por la tarde, cuando el sol baja hacia el oeste, las fachadas empiezan a cambiar de color. La piedra se vuelve más cálida y los portones viejos sacan a relucir vetas y golpes acumulados durante años. Hay rejas de hierro que ya no están del todo rectas, escudos en algunas fachadas y chimeneas que sobresalen por encima de los tejados.
No hace falta mucho tiempo para recorrer el núcleo del pueblo. En una hora se camina sin prisa por casi todas las calles, parándose en los pequeños detalles: una pila de piedra junto a una puerta, una parra trepando por una pared, macetas alineadas en el alféizar de una ventana.
Cuándo acercarse a Gimileo
En primavera el campo alrededor está especialmente verde y el aire suele oler a tierra húmeda y hierba recién cortada. A comienzos de otoño las viñas empiezan a cambiar de color y el paisaje se vuelve más rojizo.
En verano el calor aprieta bastante a partir del mediodía. Si vas a pasear por los caminos, lo más sensato es salir temprano o esperar a última hora de la tarde, cuando baja un poco la temperatura y el campo vuelve a moverse.
La vendimia suele concentrar mucha actividad entre septiembre y octubre. Es interesante ver el ir y venir de tractores y remolques, pero conviene mantenerse siempre en los caminos y no entrar en las parcelas.
Un alto en el camino cerca de Haro
Estando tan cerca de Haro, mucha gente llega a Gimileo como una pequeña desviación dentro de una ruta por la zona. El contraste es claro: Haro tiene más movimiento, bodegas históricas y calles con bastante tránsito; aquí el ritmo es otro.
Gimileo se recorre rápido. Una mañana o una tarde bastan para caminar por el pueblo y salir un rato hacia las viñas. No es un lugar que intente llamar la atención. Más bien funciona como esos pueblos que siguen con su día a día mientras el paisaje alrededor —viñas, polvo de los caminos, olor a mosto cuando toca— marca el paso del año.
Cómo llegar
Desde Logroño lo más habitual es seguir la carretera en dirección a Haro y, antes de entrar en la ciudad, desviarse hacia los pueblos del entorno. El acceso es sencillo y en pocos minutos de coche se pasa del tráfico de la carretera principal a las calles tranquilas de Gimileo. Aparcar normalmente no plantea problemas si se evita dejar el coche en las zonas más estrechas del centro.