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sobre Ollauri
Pueblo de bodegas y palacios subterráneos; conocido como el cementerio de los vinos.
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Hablar de turismo en Ollauri obliga a mirar primero al viñedo. El pueblo está en la Rioja Alta, a pocos kilómetros de Haro, y su tamaño —apenas supera los trescientos habitantes— explica muchas cosas: calles cortas, pocas alturas y un paisaje dominado por las cepas. Aquí la relación con la tierra sigue marcando el ritmo cotidiano.
El núcleo se asienta en una zona suave de laderas cultivadas. No hay grandes monumentos ni plazas amplias. Lo que aparece es otra cosa: casas de piedra, portones de bodega y caminos que enseguida salen hacia las viñas.
La historia y la forma del pueblo
La iglesia de San Pelayo ocupa el punto más visible del casco urbano. Su origen parece medieval, aunque el edificio actual es el resultado de reformas posteriores. La torre se reconoce desde lejos, sobre todo cuando se llega por los caminos que atraviesan los viñedos.
El interior es sobrio. No hay grandes artificios decorativos. Esa austeridad es habitual en las iglesias rurales de esta parte de La Rioja, donde la función comunitaria pesaba más que la representación. Durante siglos, la iglesia fue también referencia para el trabajo agrícola: marcaba el centro del pueblo y el calendario religioso que acompañaba al ciclo del campo.
Alrededor se conservan algunas casas con escudos en la fachada. Son señales discretas de familias vinculadas históricamente a la propiedad de tierras o a la producción de vino.
Calados y cultura del vino
Bajo muchas viviendas y en las laderas cercanas aparecen los llamados calados. Son galerías excavadas en la tierra donde el vino se guardaba en condiciones de temperatura bastante estables. En Rioja Alta forman parte del paisaje tanto como las viñas.
En Ollauri muchos siguen en uso. No suelen funcionar como espacios abiertos al público. La mayoría pertenecen a familias o a pequeñas bodegas que continúan trabajando con métodos tradicionales. Por eso las visitas improvisadas no siempre son posibles. Cuando se organizan, normalmente requieren acuerdo previo.
Más que un atractivo turístico, estos calados son parte de la infraestructura histórica del vino en la zona.
Caminos entre viñas
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los caminos agrícolas. Algunos conectan con pueblos cercanos como Casalarreina o San Asensio. Son trayectos sencillos, sin grandes desniveles.
Desde ciertos puntos se abre la vista hacia la Sierra de Cantabria y hacia los Montes Obarenes. El paisaje cambia bastante según la época del año. En primavera el viñedo se vuelve verde y continuo; al final del verano aparecen los tonos más secos; durante la vendimia el color de las hojas vira hacia rojos y ocres.
No hace falta alejarse mucho del pueblo para entender cómo funciona el territorio. Bastan unos minutos caminando.
Comer en la zona
La cocina de la comarca sigue un patrón bastante claro: platos de cuchara, verduras de temporada, carnes asadas y vino de Rioja Alta en la mesa. En un pueblo pequeño como Ollauri las opciones son limitadas.
Mucha gente termina acercándose a Haro, que está a pocos minutos en coche y concentra más movimiento. Aun así, quedarse en el pueblo tiene otra lógica: caminar sin prisa por las calles y entender el entorno donde se produce el vino que se bebe en toda la región.
Fiestas y ritmo agrícola
Las celebraciones dedicadas a San Pelayo suelen concentrarse a finales de junio. Son fiestas locales, pensadas sobre todo para los vecinos y para quienes tienen familia en el pueblo.
El otro momento importante del año es la vendimia. En septiembre la actividad en el campo aumenta y el tráfico de tractores y remolques se vuelve habitual en los caminos cercanos. Algunas bodegas permiten ver el proceso, aunque el trabajo manda y las visitas dependen mucho del momento.
Recorrido breve y datos prácticos
El casco urbano se recorre en poco tiempo. En una hora es posible caminar por sus calles, acercarse a la iglesia y salir hacia los primeros caminos entre viñas.
Llegar desde Logroño suele implicar tomar la N‑232 en dirección a Haro y continuar después por una carretera local. En coche el acceso es sencillo. Aparcar cerca del centro no suele dar problemas si se evitan entradas de bodegas y accesos agrícolas.
Ollauri funciona mejor como parada dentro de un recorrido por Rioja Alta. Su interés está en la relación directa entre el pueblo y el viñedo que lo rodea. Aquí esa conexión todavía se percibe sin demasiados filtros.