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sobre Albelda de Iregua
Importante núcleo poblacional en el valle del Iregua; conocido históricamente por su antiguo monasterio y batalla medieval.
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El chorizo que desayunas en Londres probablemente empezó su camino en un lugar como este. En los años ochenta, una empresa familiar riojana decidió que el embutido de matanza podía producirse a gran escala sin salir del valle del Iregua. Aquella industria sigue en el polígono de Albelda, rodeada de invernaderos de fresas y parcelas de espárrago. Ese paisaje agrícola explica bastante bien el carácter de este municipio de la vega del Iregua, a pocos kilómetros de Logroño, donde el campo y la industria alimentaria han ido creciendo juntos.
El monasterio que escribió la historia
A unos dos kilómetros del casco urbano, las ruinas del monasterio de San Martín se apoyan directamente sobre la roca caliza del cerro. El cenobio se fundó en el siglo X, durante el reinado de Sancho Garcés I, y durante siglos funcionó como uno de los centros culturales más activos de la Rioja medieval. Aquí se elaboró el llamado Códice Vigilano, un manuscrito conocido porque contiene una de las primeras representaciones de los números indo‑arábigos en Europa occidental.
El lugar conserva todavía un aire de retiro. En la ladera se abren varias cuevas excavadas en la roca que sirvieron como eremitorio para algunos monjes. Hoy se llega a ellas por un sendero circular que rodea el cerro y pasa bajo los restos de la iglesia. Desde arriba se entiende bien por qué el monasterio se instaló aquí: el valle del Iregua queda completamente a la vista, con las huertas extendiéndose hacia Logroño.
La capilla visigótica de Las Tapias, en la dirección opuesta y a algo menos de un kilómetro, es aún más antigua. Se identificó a comienzos del siglo XX y corresponde a un pequeño edificio del siglo VII. Se han conservado fragmentos de pintura mural que ayudan a situar la importancia que tuvo este corredor natural entre el valle del Ebro y la sierra. Algunas tradiciones locales sostienen que por aquí partió uno de los primeros peregrinos documentados hacia Compostela, aunque no siempre aparece citado en las guías habituales del Camino.
La judería que dejó su apellido
Entre el monasterio y la villa medieval se extendió durante siglos la judería. Está documentada al menos desde el siglo X y permaneció activa hasta finales del XV. Se calcula que vivían aquí varias decenas de familias, concentradas en una calle cuyo trazado todavía se reconoce, aunque las casas actuales son posteriores.
El apellido Albelda aparece en textos hebreos del Mediterráneo de época moderna. Uno de los autores más citados es Moisés Albelda, comentarista bíblico del siglo XVI. Su obra circuló en manuscritos que hoy se conservan en bibliotecas especializadas. Es uno de esos casos en los que el nombre de un pueblo pequeño termina viajando mucho más lejos de lo que cabría imaginar.
La vega del Iregua, un paisaje agrícola muy activo
La vega del Iregua es una de las zonas de cultivo intensivo más reconocibles de La Rioja. A lo largo del año el paisaje cambia de aspecto según lo que esté en temporada. En primavera aparecen los caballones de espárrago blanco; poco después llegan las fresas bajo plástico y, ya entrado el verano, los frutales ocupan buena parte del valle.
Buena parte de la producción se canaliza a través de cooperativas y empresas de transformación repartidas por la comarca. Las conserveras cercanas llevan décadas trabajando con estas huertas, así que el movimiento de camiones y cajas de producto fresco forma parte del día a día.
La Senda del Iregua pasa por las afueras del municipio. Desde aquí hay un tramo sencillo que conecta con Nalda siguiendo el curso del río. Es un paseo llano, muy utilizado por vecinos que salen a caminar o a ir en bici. En primavera y otoño resulta especialmente agradable porque el valle está en plena actividad agrícola.
Cuando el pueblo sale a la calle
El calendario festivo sigue bastante ligado al campo. A finales de abril suele celebrarse la romería de San Prudencio, patrón de La Rioja. Ese día muchos vecinos suben hacia el santuario con comida y vino para pasar la jornada en el entorno.
En octubre se mantiene la llamada Fiesta de la Acción de Gracias, vinculada tradicionalmente al final de la campaña agrícola. Suele incluir actos religiosos y una muestra de maquinaria y productos del campo.
La parroquia de San Julián preside el casco urbano. El edificio actual corresponde en gran parte al siglo XVI, aunque ha tenido reformas posteriores. En el interior se conserva un retablo gótico de madera tallada. La iglesia no es monumental, pero ayuda a entender la escala histórica del pueblo: un núcleo agrícola que durante siglos dependió directamente de lo que daban las huertas del valle.
Cómo llegar y moverse por el pueblo
Albelda de Iregua está a unos diez minutos en coche de Logroño por la autovía del Camino. También pasa por aquí una línea de autobús interurbano que conecta varios pueblos del valle.
El casco urbano se recorre rápido. Para entender mejor el entorno merece la pena acercarse hasta el cerro del antiguo monasterio y caminar un tramo de la senda del río. En primavera la vega está en plena actividad y es frecuente ver puestos improvisados de agricultores vendiendo producto recién recogido en las propias fincas.