Artículo completo
sobre Hornos de Moncalvillo
Pueblo en la ladera de Moncalvillo; conocido por sus minas antiguas y entorno forestal.
Ocultar artículo Leer artículo completo
Hornos de Moncalvillo es de esos sitios que te recuerdan a cuando paras el coche en una carretera secundaria “solo un momento” y acabas quedándote más rato del que pensabas. Sales, miras alrededor y lo primero que notas es el silencio. Campos abiertos, unas cuantas casas agrupadas en la loma y muy poco movimiento. Aquí viven menos de cien personas, así que el ritmo es el que es.
Está a pocos kilómetros de Logroño, pero el ambiente cambia bastante rápido cuando te acercas. El pueblo creció alrededor de antiguos hornos donde se cocían cales y ladrillos, de ahí el nombre. Hoy de aquello quedan sobre todo referencias y memoria local, más que grandes restos visibles.
La iglesia y las calles que cuentan historias
La iglesia parroquial de San Miguel Arcángel es lo primero que llama la atención cuando entras al casco urbano. No es un edificio espectacular, pero sí sólido, de esos que llevan siglos viendo pasar generaciones. Si consigues verla abierta, dentro conserva un retablo barroco bastante interesante. No siempre está accesible, así que lo normal es encontrarla cerrada fuera de los oficios.
El resto del pueblo se recorre en nada. Calles cortas, casas de piedra mezcladas con adobe y algunos balcones de hierro. Al caminar te vas fijando en detalles: portones grandes que antes daban acceso a corrales, aleros de madera, o pequeñas entradas a bodegas excavadas en la roca. Muchas siguen ahí aunque ya no se usen para vino; algunas funcionan más bien como trastero o lugar donde reunirse con amigos cuando hace frío.
También hay casas reformadas con más acierto que otras. Es lo que suele pasar en pueblos tan pequeños: conviven muros muy antiguos con arreglos más recientes que no siempre respetan el estilo original.
Si sales por alguno de los caminos que rodean el pueblo, en días despejados se alcanza a ver parte del valle del Ebro y, a lo lejos, la zona de Logroño. No hay miradores preparados ni paneles explicativos. Solo caminos de tierra y campo alrededor.
Caminos rurales sin demasiadas señales
Alrededor de Hornos de Moncalvillo salen varios caminos agrícolas que conectan con pueblos cercanos. Son rutas que llevan décadas usándose para moverse entre parcelas, así que no esperes marcas de senderismo ni postes indicativos en cada cruce.
Aun así, caminar por aquí es bastante sencillo: terreno abierto, pistas de tierra y paisaje de cultivo. Con calzado cómodo y algo de agua tienes más que suficiente para dar un paseo tranquilo.
En cuanto a comida, lo habitual en la zona gira en torno a platos muy riojanos: patatas a la riojana, chuletillas al sarmiento cuando toca, y comidas contundentes de las de siempre. En el propio pueblo las opciones son limitadas, así que mucha gente combina la visita con comer en algún lugar de la comarca o directamente en Logroño.
Celebraciones sencillas pero sentidas
Las fiestas principales están dedicadas a San Miguel Arcángel, hacia finales de septiembre. No esperes un programa enorme: son celebraciones pequeñas, muy centradas en los vecinos y en la gente que vuelve esos días al pueblo.
También se recuerda San Blas, el 3 de febrero. En muchos pueblos riojanos ese día se bendicen panes o dulces, y aquí suele mantenerse esa costumbre de manera bastante cercana, casi familiar.
En dos horas: qué hacer sin prisa
Hornos de Moncalvillo se ve rápido. Si vas con un par de horas, te da tiempo de sobra.
Empieza por la zona de la iglesia, da una vuelta por las calles del casco antiguo y luego sal caminando hacia alguno de los caminos que rodean el pueblo. En cuanto te alejas un poco de las casas ya estás entre campos, con esa sensación de espacio abierto tan típica de esta parte de La Rioja.
Es el tipo de paseo corto que te despeja la cabeza más que un itinerario largo con mil paradas.
Errores habituales
El fallo más común es venir esperando encontrar un pueblo lleno de actividad turística. No es el caso. Aquí no hay tiendas, ni terrazas animadas, ni calles pensadas para hacer fotos a cada paso.
Funciona mejor si lo tomas como una parada tranquila en una ruta por la zona. Aparcas a la entrada, das una vuelta andando y listo. El núcleo es pequeño: en cinco minutos lo cruzas de lado a lado.
Si vienes con prisas o con la idea de “ver muchas cosas”, probablemente te sabrá a poco.
Cuándo visitar Hornos
Primavera y otoño suelen ser los momentos más agradables. El campo cambia bastante de color y las temperaturas acompañan para caminar.
En verano conviene madrugar o venir al atardecer. Hay pocas sombras y el sol cae fuerte. Y si el día sale frío o ventoso, el paseo se acorta rápido porque no hay muchos lugares donde resguardarse.
Cómo llegar desde Logroño
Desde Logroño se tarda alrededor de media hora en coche, dependiendo del tráfico y de la ruta que elijas. Los últimos kilómetros son por carreteras locales tranquilas, de las que atraviesan campos y pequeñas localidades.
Por eso mucha gente lo visita como una escapada corta desde la ciudad: una vuelta por el pueblo, un paseo por los caminos y después seguir ruta por la zona.
Al final Hornos de Moncalvillo funciona así: pequeño, callado y sin demasiadas distracciones. A veces eso es justo lo que apetece.