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sobre Manzanares de Rioja
Localidad dispersa con varios barrios; situada en un entorno boscoso ideal para la micología.
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Hay pueblos que parecen funcionar con otro reloj. Llegas, aparcas el coche, y en cinco minutos te das cuenta de que aquí las cosas van a otro ritmo. Turismo en Manzanares de Rioja va un poco de eso: un pueblo diminuto, en la zona de Santo Domingo de la Calzada, donde viven apenas unas decenas de personas y donde el paisaje manda más que cualquier monumento.
El pueblo se levanta en una zona alta de La Rioja, cerca de los montes que suben hacia la Sierra de la Demanda. Prados, manchas de robledal y hayedo, y ese silencio que aparece cuando te bajas del coche y no pasa nadie durante un buen rato. En otoño el entorno se llena de tonos marrones y rojizos; en invierno, si el día sale frío, el ambiente recuerda más a Burgos que a la Rioja del vino.
El pueblo, visto sin prisa
Manzanares de Rioja se recorre rápido. No es una forma de hablar: en media hora lo has cruzado varias veces.
La referencia clara es la iglesia de San Martín. Se ve enseguida y actúa como punto de orientación, como pasa en muchos pueblos pequeños de esta parte de la región. A su alrededor están las casas tradicionales: muros gruesos de piedra, ventanas pequeñas y tejados pensados más para aguantar el invierno que para lucirse en las fotos.
Pasear por las calles tiene algo curioso. No hay grandes monumentos ni plazas amplias; más bien es ese tipo de sitio donde te fijas en detalles: una puerta antigua, un pajar reconvertido en vivienda, un banco al sol pegado a una pared. Cosas muy cotidianas, pero que cuentan bastante de cómo se ha vivido aquí.
Lo que hay alrededor: campo y monte cercano
Si algo merece la pena en Manzanares de Rioja es lo que lo rodea. En cuanto sales del núcleo urbano aparecen pistas agrícolas y senderos que se meten poco a poco en terreno más de monte, camino de la Sierra de la Demanda.
No son rutas técnicas ni nada por el estilo, pero conviene llevar calzado decente. El terreno cambia rápido: tramos de hierba, piedra suelta, barro cuando ha llovido… lo típico en caminos de uso ganadero o forestal.
A veces se ven corzos entre los arbustos al atardecer —si tienes suerte y vas en silencio— y no es raro cruzarse con ganado en los prados cercanos. Es un paisaje tranquilo, más de caminar sin prisa que de buscar grandes miradores.
Una parada breve en la ruta
Seamos claros: Manzanares de Rioja no es un lugar para pasar el día entero haciendo cosas.
Funciona mejor como parada corta si estás recorriendo los pueblos de esta zona de La Rioja Alta o moviéndote entre Santo Domingo de la Calzada y las sierras cercanas. Das una vuelta por el pueblo, te acercas a la iglesia, caminas un poco por los alrededores y en un rato ya tienes la foto mental del lugar.
Es de esos pueblos que se entienden rápido.
Un par de consejos prácticos
Los accesos son estrechos, así que conviene dejar el coche en alguna entrada amplia o en los laterales del pueblo sin estorbar a los vehículos agrícolas. Aquí los tractores siguen siendo más importantes que los turistas.
Y otro detalle: aunque el día parezca suave, el tiempo cambia rápido en esta zona. Si vas a caminar un poco por el monte, lleva algo de abrigo en la mochila. A cierta hora de la tarde el aire baja de la sierra y se nota.
Ajustar expectativas ayuda
Manzanares de Rioja tiene muy pocos vecinos y eso se nota. No hay museos, ni miradores acondicionados, ni una lista larga de cosas que tachar.
Pero si te gustan los pueblos pequeños de verdad —de los que todavía suenan a vida rural— tiene su gracia. Un paseo corto, silencio, campo alrededor y la sensación de estar en un sitio que sigue funcionando a escala muy humana.
A veces eso es todo lo que necesitas en una parada de carretera. Y aquí lo tienes.