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sobre Rincón de Soto
Famoso por sus peras con Denominación de Origen; pueblo agrícola rico en la ribera del Ebro.
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El olor a pera madura te da la bienvenida antes de ver el cartel del pueblo. Es ese aroma dulzón que reconoces enseguida, como cuando alguien abre una caja de fruta recién llegada, pero aquí no viene de un pasillo de supermercado: viene de los parrones que se pegan a la carretera. Rincón de Soto no es de esos pueblos que te reciben con un “wow” visual. Es más como ese compañero de trabajo que al principio pasa desapercibido y luego resulta ser el más interesante de la oficina.
La iglesia que se ve desde el Ebro
La torre de San Miguel funciona como referencia en medio de este mar de huerta. Los barqueros del Ebro, cuentan aquí, la usaban para orientarse porque se ve desde bastante lejos. Hoy sigue siendo lo primero que ubicas cuando entras al pueblo.
La iglesia se levantó durante buena parte del siglo XVI; suelen decir que las obras arrancaron hacia 1510 y no se dieron por terminadas hasta alrededor de 1560. Vamos, lo que hoy sería empezar un edificio y verlo acabado cuando ya se ha jubilado media cuadrilla. El ladrillo rojizo contrasta con el verde de los campos de alrededor y tiene esa sobriedad bastante típica del Renacimiento riojano.
Dentro guardan una escultura gótica de la Virgen que aquí llaman “la Morenica”. El nombre suena casi a apodo de vecina. No hay grandes ceremonias alrededor del término: la gente del pueblo lo dice con naturalidad, como quien habla de algo que siempre ha estado ahí.
El pueblo que se comió la pera
Hablar de Rincón de Soto sin mencionar sus peras es como ir a Logroño y no cruzarte con alguien hablando de pinchos. La Denominación de Origen Protegida Peras de Rincón de Soto existe desde 2007, aunque el cultivo viene de bastante antes. La variedad conferencia manda: alargada, dulce y con ese punto ligeramente ácido que hace que no resulte empalagosa.
En temporada —normalmente a partir de septiembre— se nota en seguida. Hay fincas cargadas de fruta, pequeñas ventas directas y vecinos que colocan unas cajas junto al coche para vender lo que han recogido ese día. Es una escena muy de la zona.
La industria conservera tiene mucho peso, pero todavía hay agricultores que venden directamente. Si ves a alguien con cajas de fruta recién cogida, suele ser buena señal. Aquí la cadena corta sigue funcionando.
Cuando el Ebro era la A‑68
Antes de que existieran autovías y carreteras rápidas, el río era la vía de comunicación. Por el Ebro bajaba madera, mercancía y también historias de un sitio a otro. Rincón de Soto vivía bastante pendiente de ese movimiento.
Hoy el río ya no cumple ese papel, pero sigue marcando el paisaje. Una forma sencilla de entender la relación del pueblo con la huerta es recorrer la Senda de las Huertas. Son unos cinco kilómetros entre parrones, acequias y caminos agrícolas. Verás a los regantes abrir o cerrar compuertas con la tranquilidad de quien lleva toda la vida haciéndolo.
También hay quien continúa hasta Alfaro siguiendo el trazado cercano al río. El camino es bastante recto y, aunque no tiene dificultad, conviene llevar agua si vas y vuelves andando o en bici. La recompensa es ver el Ebro con calma, lejos del ruido de carretera.
El tipo que se enfrentó a la Inquisición
En la plaza hay una estatua de un señor con peluca que, si no sabes quién es, podría pasar por un político antiguo esperando el autobús. Es Juan Antonio Llorente, nacido aquí en 1757.
Fue archivero de la Inquisición, que ya de por sí suena a trabajo delicado. Lo curioso es que acabó escribiendo una historia bastante crítica sobre el propio Santo Oficio usando muchos de los documentos que había manejado. No fue precisamente una jugada popular en su momento.
La casa donde nació está señalizada, aunque no suele estar abierta al público. Aun así, el personaje sigue muy presente en la memoria local.
Un pueblo pequeño donde se oyen muchos acentos
Una de las cosas que más llama la atención cuando pasas tiempo en Rincón de Soto es la mezcla de orígenes. En un municipio que ronda los cuatro mil habitantes convive gente llegada de bastantes países. En el ayuntamiento suelen hablar de más de treinta nacionalidades distintas.
Tiene que ver sobre todo con el trabajo en la huerta y en la industria agroalimentaria. Durante las campañas llega mucha gente de fuera y parte de ella termina quedándose. El resultado es que en un paseo corto puedes escuchar varios idiomas distintos sin salir de un pueblo pequeño.
No es algo que se anuncie en carteles ni nada parecido. Simplemente forma parte de la vida diaria.
Mi verdad sobre Rincón de Soto
¿Tiene sentido venir a Rincón de Soto? Depende de lo que busques. Si te gustan los pueblos llenos de callejones empedrados, balcones con flores y fotos de postal, aquí no va de eso.
Pero si te interesa entender cómo funciona de verdad la Rioja Baja, entonces sí tiene gracia pasar por aquí. Comer fruta de la zona, caminar un rato junto al Ebro y ver cómo gira la vida alrededor de la huerta.
Mi consejo es sencillo: tómate el pueblo con calma. Siéntate un rato en la plaza, observa el movimiento y escucha las conversaciones de alrededor. No hay grandes multitudes ni autobuses de turistas. Lo que hay es vida cotidiana.
Y cuando llegue la temporada de peras, prueba una recién cogida. Ahí es cuando entiendes por qué este sitio lleva décadas viviendo alrededor de esa fruta.