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sobre San Asensio
Cuna del clarete con una famosa batalla del clarete; rodeado de viñedos y monasterios.
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San Asensio se asienta sobre una de las lomas de la Rioja Alta, entre Haro y el valle del Najerilla. Su perfil, visto desde la carretera, es el de un caserío compacto rodeado por un mar ordenado de viñedos. El vino no es aquí una atracción, sino la estructura económica que durante siglos ha dado forma al paisaje y al propio trazado de las calles.
El pueblo mantiene la disposición característica de los núcleos vitícolas de la zona. Las casas se agrupan en torno a la iglesia, con calles que descienden suavemente hacia las parcelas de viña. Bajo muchas de estas viviendas se extiende una red de bodegas subterráneas, los calados, que hablan de una producción antigua y doméstica.
La iglesia de San Millán y el casco histórico
La iglesia de San Millán, del siglo XVI con reformas posteriores, preside el conjunto desde lo alto. Su arquitectura mezcla rasgos góticos tardíos con intervenciones barrocas, un proceso común en templos que han ido adaptándose al paso del tiempo. Más que por su valor artístico, su posición es significativa: desde aquí se comprende cómo el pueblo creció por la ladera, orientándose hacia los campos de cultivo que lo sustentaban.
Alrededor se articulan las calles más antiguas y la plaza principal, un espacio funcional más que monumental. Es habitual ver a vecinos en los bancos o cruzando con cajas de herramientas, en un ir y venir vinculado al trabajo en el campo.
Los calados, bodegas bajo el pueblo
El subsuelo de San Asensio está horadado por calados, bodegas familiares excavadas directamente en la roca. Estas galerías, con sus pequeñas cámaras y respiraderos que asoman entre el empedrado, mantenían una temperatura estable para la elaboración y guarda del vino.
No son museos. La mayoría tienen aún un uso privado y no están abiertos al paso casual. Acceder a uno requiere gestionarlo con antelación, pero si se logra, se entiende la escala doméstica y el conocimiento práctico que durante generaciones rigió aquí la viticultura.
Paisaje de viñedos
Basta caminar cinco minutos en cualquier dirección para quedar entre viñas. Los caminos agrícolas que parten del casco urbano permiten adentrarse en un paisaje trabajado, de parcelas delimitadas y cepas alineadas.
El color del campo varía radicalmente con las estaciones: el gris pardo del invierno, el verde intenso de la primavera, los ocres y rojos del otoño previo a la vendimia. Pasear por estos senderos da una medida real del territorio, mostrando la proximidad entre el lugar donde se vive y el lugar donde se trabaja.
Recorrer el pueblo
San Asensio se ve bien en un par de horas. Un paseo puede comenzar en la iglesia, bajar por las calles aledañas a la plaza y buscar las entradas a los calados visibles en algunos muros o soleras. Desde los límites del casco urbano, las vistas abarcan las lomas cubiertas de viñedos que definen esta parte de La Rioja.
Algunas consideraciones prácticas
Las calles del centro son angostas. Es preferible aparcar en las entradas del pueblo y continuar a pie, sobre todo en época de vendimia, cuando aumenta el movimiento de maquinaria agrícola.
Para visitar una bodega o un calado es necesario planificarlo con tiempo. Muchas son instalaciones en uso, sin horarios establecidos para visitas.
San Asensio está a menos de una hora de Logroño y a pocos minutos de Haro. Su interés reside en observar la continuidad de una vida organizada en torno al viñedo, sin folclorismos añadidos.